La mujer de los obituarios Capítulo 25. El borrador eliminado
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Capítulo 25. El borrador eliminado

El martes, poco después de las diez, recibí por fin una respuesta que no decía que debíamos seguir esperando.

El correo procedía de administración. Lo había enviado Sonia, una de las responsables de coordinar las incidencias con el proveedor informático del periódico.

Leí el mensaje dos veces.

No mencionaba usuarios ni autorizaciones.

Tampoco explicaba qué clase de operación habían encontrado.

Respondí que podía acudir.

Después abrí el expediente de Mateo.

La solicitud seguía en la lista de incidencias, con la marca de pendiente de verificación. No había pasado a maquetación. La copia que conservaba desde el jueves ocho coincidía con el documento que había revisado tantas veces.

Cerré la ventana.

Aquel martes llevaba diecinueve días preguntando quién había preparado una esquela que anunciaba la muerte de mi hermano.

Ya no esperaba encontrar la respuesta en mi pantalla.

* * *

La mañana avanzó con más lentitud de lo habitual.

Tuve que resolver dos consultas telefónicas y aprobar una prueba de impresión.

Una familia había pedido que el agradecimiento por la atención recibida durante una enfermedad apareciera debajo de la esquela y no en un anuncio separado.

Expliqué que los dos textos correspondían a encargos distintos y que debíamos confirmar cómo querían publicarlos.

La mujer que llamó me pidió unos minutos para consultar con sus hermanos.

Acepté.

Cuando colgué, miré el reloj.

Las once y cuarto.

No sabía si debía sentir alivio por la respuesta de administración o preocuparme por el hecho de que Sonia quisiera hablar conmigo personalmente.

Lucía pasó por mi mesa con una carpeta.

—¿Has dormido algo?

—Lo suficiente.

—No parece.

Le mostré el correo.

Lo leyó sin tocar el teclado.

—Por lo menos han encontrado algo que quieren revisar —dijo.

—No sé qué.

—Lo sabrás a las doce y media.

—Eso parece.

Dejó la carpeta sobre mi escritorio.

—¿Quieres que vaya contigo?

Negué.

—Es una comprobación sobre el expediente. No sé si pueden enseñártelo.

—De acuerdo.

Lucía se quedó un momento a mi lado.

—Clara, procura no decidir qué significa antes de que te lo expliquen.

La miré.

—Ayer me dijiste prácticamente lo mismo.

—Y hoy has puesto exactamente la misma cara.

Sonreí a pesar de mí misma.

—Te avisaré cuando salga.

—Si puedes contármelo.

—Si puedo.

Se marchó.

Por primera vez desde que le hablé de la esquela, agradecí que no insistiera en saber más.

* * *

Administración ocupaba un despacho grande al final del pasillo de la primera planta.

Había trabajado allí bastantes veces durante las migraciones del sistema editorial. Conocía las mesas, la impresora que siempre parecía quedarse sin papel y el armario donde guardaban los expedientes de contratación anteriores a la digitalización.

Sonia me esperaba junto a una sala pequeña.

Tenía el pelo corto y llevaba una carpeta en la mano.

—Gracias por venir, Clara.

—¿Qué ha pasado?

—Hemos recibido parte de la información solicitada al proveedor. Prefería explicártela antes de enviarte un resumen que podía resultar confuso.

Entramos.

Había un hombre sentado frente a un ordenador portátil. Sonia lo presentó como el técnico de sistemas que estaba coordinando la comprobación.

No recordé su nombre.

Nos saludamos.

Sobre la mesa había dos hojas impresas.

Sonia esperó a que nos sentáramos.

—La revisión que abriste el sábado diez sigue en curso —dijo—. También hemos recibido la petición posterior para conservar los registros de consulta. Esa segunda parte todavía no está resuelta.

Asentí.

—Lo que hemos podido revisar ahora pertenece al circuito comercial anterior a que la solicitud llegara a tu bandeja.

Me incliné hacia la mesa.

—¿Han identificado al usuario de la excepción?

—Todavía no tenemos una respuesta que podamos trasladarte sobre ese punto —respondió—. Pero apareció otra operación vinculada con el expediente.

El técnico giró hacia nosotros una hoja.

En la parte superior figuraba la referencia comercial de la esquela de Mateo.

Debajo, una relación de eventos.

No reconocí el primero.

7 de octubre de 2026. 19:04. Creación de borrador comercial.

Levanté la vista.

—¿El miércoles siete?

—Sí —respondió Sonia.

Miré otra vez la línea.

El día anterior a la recepción de la esquela.

El mismo día en que Mateo había recibido el ultimátum.

—¿Qué borrador?

El técnico señaló el identificador provisional que acompañaba a la fecha.

—En este sistema se puede empezar una solicitud sin enviarla todavía al circuito comercial definitivo. Queda registrada como borrador. Después puede completarse, descartarse o convertirse en una solicitud formal.

—¿Y este se convirtió en la de Mateo?

—No podemos afirmarlo así.

Pasó el dedo a otra anotación.

8 de octubre. 10:53. Borrador descartado.

—El borrador dejó de figurar entre las solicitudes de trabajo —explicó—. Pero el proveedor conserva, al menos por ahora, una referencia a esas operaciones.

Miré la hora.

Diez y cincuenta y tres.

Dieciséis minutos antes de que se registrara la recepción comercial que yo conocía.

—¿Eliminado? —pregunté.

—Descartado desde la aplicación. No significa que se haya borrado inmediatamente toda referencia técnica.

Sonia me acercó la segunda hoja.

—Aquí está lo que permite relacionarlo con la solicitud que llegó a ti.

Encontré una explicación breve del proveedor.

El borrador descartado y la solicitud registrada a las once y nueve compartían un identificador interno asociado a la carga de una fotografía.

No aparecía la imagen.

Solo una referencia al archivo.

—¿La fotografía de Mateo? —pregunté.

—Eso es lo que debemos comprobar con más detalle —respondió el técnico—. El identificador corresponde al adjunto que se utilizó después en la solicitud que tienes retenida.

—Entonces alguien lo había incorporado al borrador del miércoles.

—El sistema registra una carga anterior vinculada a ese borrador. No nos han entregado todavía una copia íntegra de lo que contenía.

Guardé silencio.

La diferencia importaba.

Podíamos relacionar técnicamente las operaciones por el archivo utilizado. Pero no sabíamos si el primer borrador incluía ya el nombre, la edad o la fecha de defunción de Mateo.

—¿Puede tratarse de la misma fotografía subida dos veces por personas distintas? —pregunté.

El técnico negó ligeramente.

—Si fueran dos cargas independientes, normalmente tendrían referencias de almacenamiento distintas. Aquí consta que se reutilizó un adjunto ya presente en la tramitación temporal. Eso vincula las operaciones dentro del sistema.

—¿Pero no a una persona?

—No con esta información.

Me quedé mirando los dos documentos.

El miércoles siete, a las siete y cuatro de la tarde, alguien había iniciado un borrador comercial.

El jueves ocho, a las diez y cincuenta y tres, ese borrador había sido descartado.

Dieciséis minutos después aparecía una nueva solicitud que utilizaba un adjunto de aquella tramitación anterior.

A las once y catorce se autorizó manualmente la excepción por falta de datos de contacto.

Y a las once y diecisiete la esquela llegó a mi mesa.

Por primera vez podía colocar una operación antes de la secuencia que conocía.

* * *

—¿Es normal que se descarten borradores? —pregunté.

Sonia asintió.

—Bastante. Un cliente cambia una fecha, una empresa modifica una solicitud o alguien empieza un trámite por error. No todos llegan a convertirse en anuncios.

—¿Y es normal que después se utilice el mismo adjunto en una solicitud nueva?

—Puede pasar —respondió el técnico—. Depende de cómo se haya gestionado la contratación.

—¿Aunque el borrador esté descartado?

—El formulario y los archivos temporales no siempre se eliminan al mismo tiempo. La persona que tramita una solicitud puede continuar trabajando con material que ya estaba incorporado.

Me tomé unos segundos.

—Entonces, ¿qué sabemos exactamente?

Sonia acercó la hoja y señaló las fechas.

—Que hay un borrador comercial creado el miércoles siete. Que el jueves fue descartado. Y que la fotografía asociada a esa tramitación aparece después en el expediente de la esquela.

—¿Sabemos desde dónde se hizo?

El técnico negó.

—No con el extracto que nos han facilitado.

—¿Era una operación interna?

—Consta en el circuito comercial del periódico, no como una solicitud ya remitida a edición. Pero una persona de comercial también puede trabajar con información recibida por teléfono, correo o una empresa intermediaria. El registro no dice quién proporcionó originalmente los datos.

Miré a Sonia.

—¿Hay algún correo de una funeraria?

—Todavía estamos comprobando la documentación de origen. No hemos encontrado uno que explique toda la tramitación, pero eso no permite afirmar que nunca existiera.

Volví a la primera línea.

7 de octubre. 19:04.

Recordé el mensaje que Mateo me mostró durante nuestro paseo.

Queremos las copias de los cierres de Santa Oliva que estás moviendo y saber quién conserva las demás. El lunes 12 termina el plazo.

Había llegado también el miércoles siete.

No recordaba la hora exacta.

Aunque la recordara, no bastaría para demostrar que ambas acciones habían sido coordinadas.

Pero la proximidad había dejado de ser una impresión general.

Tenía una fecha y una operación concreta que podía intentar contrastar.

—¿Por qué tardaron tanto en encontrarlo? —pregunté.

Sonia aceptó la pregunta sin molestarse.

—Porque estábamos revisando primero la autorización de entrada. La respuesta inicial del proveedor se limitó a los eventos que aparecían en la solicitud definitiva. Al pedir que comprobara las referencias anteriores de la tramitación, surgió la del borrador.

—¿Y nadie lo vio cuando llegó mi primera consulta?

—No. El resumen disponible desde el periódico empezaba a las once y nueve del jueves. Este otro evento no aparecía en esa vista.

Sonia cerró su carpeta.

—No te estoy diciendo que el sistema haya funcionado correctamente. Hay cuestiones que siguen sin respuesta. Pero tampoco quiero hacerte creer que hemos recuperado un documento completo que alguien intentó destruir.

Aquella precisión no reducía la importancia del hallazgo.

La delimitaba.

* * *

—¿Puedo llevarme una copia? —pregunté.