La mujer de los obituarios Capítulo 17. El cuarto funeral #3
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Capítulo 17. El cuarto funeral #3

Había pasado el sábado entero descubriendo la relación de Lidia con Elena. No necesitaba convertir también a Darío en una pieza más del recuerdo de mi madre sin disponer de una base suficiente.

—¿Cuándo volveréis a revisar la documentación? —pregunté.

—Durante los próximos días. Hay que comprobar referencias y decidir qué materiales procede aportar en relación con los hechos denunciados.

—¿Con los de Mateo?

—Con lo que corresponda a cada asunto. No quiero mezclarlos antes de saber qué relación existe entre ellos.

Recogí mi bolso.

—Entendido.

Antes de marcharme miré la carpeta que Inés había dejado sobre la mesa.

Dentro estaba el índice de Darío.

No sabía si aquellos documentos contenían una explicación del problema que llevaba varios días investigando.

Pero, a diferencia de lo que había ocurrido con las cuatro fotografías, ahora había una persona viva, identificable, dispuesta a hacerse responsable de lo que afirmaba y a permitir que otra profesional examinara sus fuentes.

Eso cambiaba la investigación.

* * *

Volví a casa caminando parte del trayecto.

El domingo había llenado las terrazas cercanas al centro. En una calle lateral se escuchaba música de un bar y varias parejas esperaban para entrar en un restaurante.

Pasé delante de una floristería cerrada.

En el escaparate había fotografías de ramos funerarios y centros para ceremonias. Me detuve unos segundos.

Durante años había trabajado preparando anuncios que acompañaban una muerte real. Conocía las fórmulas habituales, los datos que debían comprobarse y las ocasiones en que una familia prefería una despedida discreta.

Sin embargo, cuando encontré cuatro ceremonias con fotografías semejantes, había supuesto que las cuatro escondían el mismo tipo de pérdida.

Ahora sabía que no.

Aurora Serra había muerto en 2014.

Nicolás Cervera, en 2018.

Paula Ríos seguía viva.

Y acababa de hablar con Darío Soler, el hombre de la cuarta despedida.

No existía un cuarto fallecimiento que investigar.

Existía una ceremonia que alguien había podido confundir con un funeral y una persona que había elegido marcharse de su entorno.

Pensé en cuánto habría cambiado mi búsqueda si hubiera empezado preguntándome qué afirmaba realmente cada documento.

Quizá habría llegado al mismo lugar.

Quizá no.

El autobús apareció al fondo de la avenida y aceleré el paso.

* * *

El perro me recibió con su entusiasmo habitual.

Salimos a pasear antes de cenar. Después de volver, se acomodó en el suelo de la cocina mientras yo calentaba algo que había dejado preparado el día anterior.

Mateo escribió poco después de las ocho.

¿Todo bien?

Respondí que sí.

Le pregunté cómo avanzaban las gestiones para regresar a su piso.

Todavía no he decidido cuándo volver. La cerradura está cambiada. Falta revisar algunas cosas.

Era casi lo mismo que me había dicho el sábado.

Al menos seguía sin apresurarse.

El perro está bien conmigo , escribí.

Lo sé. Gracias.

Dejé el teléfono junto al plato.

No le conté lo de Darío.

Quería hacerlo.

Mi hermano había empezado a hablar conmigo sobre Elena y sobre el trabajo de nuestra madre. Era posible que conociera también a Darío.

Pero no iba a utilizar una confidencia recibida aquella tarde para averiguar cuánto sabía Mateo.

Tendría que encontrar otra manera de preguntárselo, o esperar a que Darío autorizara compartir aquella información.

Después de cenar abrí el cuaderno.

En una página estaban las cuatro ceremonias.

Debajo del nombre de Darío escribí:

Homenaje de septiembre de 2026. Despedida social, no funeral. Darío Soler está vivo. Confirmación personal en presencia de Inés. No autorizado para publicación.

En otra página anoté:

Darío trabajó con documentación contable relacionada con Fundación Alerce. Ha presentado a Inés un índice de materiales que quiere someter a comprobación. No he visto los documentos enumerados ni conozco sus resultados.

Me detuve.

Era la primera vez que una persona de aquellas fotografías había dado un paso concreto para que se examinara documentación vinculada a Alerce durante mi investigación.

Paula me había aclarado su situación.

Elena se había identificado y me había hablado de su trabajo.

Darío había llegado con papeles, los había ordenado y había decidido entregarle a Inés una relación de lo que conservaba.

Ninguna de esas acciones demostraba por sí sola que hubiera existido un fraude.

Pero ya no dependía únicamente de parecidos entre fotografías ni de recuerdos antiguos.

Había personas dispuestas a responder por una parte de lo ocurrido.

El perro se acercó a la mesa y apoyó la cabeza sobre mis piernas.

Lo acaricié.

Después cerré el cuaderno.

Aquella noche no tenía una respuesta sobre quién había preparado la esquela de Mateo ni sobre quién había entrado en su casa.

Tampoco sabía qué encontraría Inés al examinar el índice de Darío.

Lo que sí sabía era que había pasado una semana intentando descubrir por qué una mujer aparecía en cuatro ceremonias y que, al menos en dos de ellas, nadie había muerto.

Y había alguien que quería que los documentos de su antiguo trabajo fueran revisados.

Esa era la pregunta que nos quedaba por delante: qué había encontrado Darío para decidir que necesitaba marcharse.