La mujer de los obituarios Capítulo 14. Paula #2
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Capítulo 14. Paula #2

Había visto su retrato apoyado sobre una mesa, con flores a ambos lados.

Había observado las filas de sillas orientadas hacia aquella imagen y a las personas que acudieron a despedirla.

Aunque el texto no mencionaba ninguna muerte, durante días interpreté la escena como si Paula ya no pudiera explicar nada de lo ocurrido.

La mujer cuya fotografía había examinado me estaba hablando.

—¿Estás bien? —pregunté.

—Sí.

—¿Y estás…?

Me interrumpí.

No sabía cómo formular una pregunta que sonaba absurda al escucharla respirar al otro lado de la línea.

Paula la entendió.

—Estoy viva, Clara.

Bajé la vista hacia el cuaderno. Junto a su nombre había escrito despedida, abril de 2022 . No había puesto la palabra fallecida . Sin embargo, hasta el día anterior había pensado en ella junto a Aurora y Nicolás como si las tres estuvieran igualmente ausentes.

—Conozco personalmente a Paula Ríos —confirmó Inés—. He hablado con ella antes de esta llamada y ha consentido que te confirme quién es y que vive. Nada más.

Me quedé mirando la fotografía de Lidia sobre la estantería, incapaz de encontrar enseguida una pregunta que no sonara fuera de lugar.

Paula esperó.

—Perdona —dije al fin—. No esperaba escucharte.

—Lo entiendo.

—Entonces aquella despedida…

—Fue una despedida. No un funeral.

—¿Por qué la organizasteis de aquella manera?

—Porque necesitaba marcharme y había personas a las que quería decir adiós.

—¿Marcharte de Valdaria?

—No quiero hablar de adónde fui.

—No te lo estoy pidiendo.

—Lo sé. Pero necesito que entiendas ese límite.

Me acomodé en la silla.

—Había flores y un retrato tuyo. Parecía una ceremonia funeraria.

Paula guardó silencio durante unos segundos.

—Las personas que estuvieron allí sabían que era una despedida —dijo finalmente—. No les pedimos que fingieran que había muerto. Tampoco presentamos un certificado de defunción ni organizamos un entierro. La reunión fue privada.

Pensé en las imágenes.

Los asistentes sentados frente al retrato. El hombre que leía unas hojas. La mujer de la primera fila, a la que el archivo llamaba Teresa Ocampo.

—¿Por qué no explicasteis claramente el motivo de tu marcha?

—Porque no quería que lo explicaran otras personas por mí.

—Pero alguien podía interpretar que habías muerto.

—Lo sé.

Su respuesta no llevaba ninguna excusa.

—Con el tiempo comprendí que aquella ceremonia podía prestarse a confusión —continuó—.

Quizá debimos hacerla de otra manera. Yo quería despedirme sin tener que contar a todos adónde iba ni cuánto tiempo tardaría en volver.

Algunas personas lo entendieron. Otras no.

Dejé cosas sin explicar y sé que eso también tuvo consecuencias.

Fue la primera vez que su voz dejó traslucir algo parecido al cansancio.

No había hablado de documentos, amenazas ni personas escondidas. Había hablado de marcharse y de quienes se quedaban.

—¿Te arrepientes? —pregunté.

—De algunas cosas, sí. Sobre por qué me marché prefiero no hablar todavía.

No supe qué responder.

Paula continuó:

—No he aceptado esta llamada para justificar cada decisión de entonces. Inés me explicó que estabas buscando a personas que participaron en aquel encuentro. Quiero pedirte que no las contactes.

—No lo he hecho.

—Gracias.

—¿Están en peligro?

—No puedo hablar por todas ellas. Sé que algunas eligieron mantener su vida privada fuera del periódico.

Miré mi cuaderno.

Había ido para entender qué significaban las imágenes. Ahora sabía que Paula estaba viva y que su despedida no había sido un funeral. La respuesta no me daba derecho a recuperar el resto de su vida como si perteneciera a mi archivo.

* * *

—Hay algo más —dije.

—Te escucho —respondió Paula.

—En una de las fotografías aparece una mujer identificada como Teresa Ocampo.

Al otro lado no se oyó nada.

—La he visto en otras ceremonias —continué—. En cada una aparece con un nombre diferente.

Paula dejó pasar unos segundos.

—¿Tienes motivos para creer que sea la misma persona?

—Los rasgos coinciden. También una marca junto a la ceja izquierda.

—¿Quieres saber quién es?

—Sí.

—Comprendo que te interese.

Esperé.

—Pero no puedo identificar a otra persona sin hablar antes con ella.

No era una respuesta inesperada.

Aun así, sentí cierta frustración.

—¿La conoces? —pregunté.

—Sé quién es la mujer que aparecía en aquella fotografía. Eso no significa que pueda contarte lo que quieras saber sobre ella.

Hasta aquel momento no había encontrado a nadie que reconociera de manera fiable a la mujer de las cuatro ceremonias. Paula acababa de decirme que la conocía.

Por primera vez tenía la posibilidad concreta de llegar a ella a través de una persona, y no únicamente de los nombres del archivo.

—No voy a buscarla por mi cuenta —dije.

—Gracias.

Paula tardó un instante antes de continuar.

—Inés me ha contado que estás pasando por una situación difícil con tu familia. No conozco todo lo ocurrido y no voy a fingir que lo entiendo. Por eso prefería hablar contigo antes de que empezaras a preguntar a personas que quizá no sepan cómo responderte.

Pensé en Mateo.

En su portátil desaparecido.

En la puerta forzada.

No sabía si Paula tenía relación alguna con aquello. Tampoco podía deducirlo de que Inés la conociera.

—No voy a publicar que estás viva —dije.

—Te lo agradezco.

—Pero necesito entender por qué una misma mujer estuvo en tu despedida y en otros tres actos, dos de ellos funerales de personas que trabajaron en Santa Oliva.

Paula no respondió enseguida.

Después dijo:

—Entiendo que tengas preguntas. No voy a pedirte que las olvides.

Se oyó un ruido al otro lado de la llamada.