La mujer de los obituarios Capítulo 8. Los primeros muertos
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Capítulo 8. Los primeros muertos

El domingo empecé por los dos que sabía que habían muerto.

De Paula Ríos y Darío Soler solo tenía fotografías de sendas despedidas. Ninguna de las dos publicaciones afirmaba expresamente que hubieran fallecido. Había leído aquellos textos varias veces, pero seguía sin saber qué significaban exactamente las ceremonias.

Con Aurora y Nicolás era distinto. Sus muertes habían aparecido en las páginas de información local. La de ella, después de una caída. La de él, en un accidente de tráfico. Había noticias fechadas, fotografías tomadas por periodistas y referencias a sus funerales.

Aquello no explicaba por qué la misma mujer había asistido a las dos ceremonias. Pero me ofrecía algo que podía comprobar sin recurrir a las identificaciones informales de las galerías.

Encendí el ordenador de casa y abrí la hemeroteca pública de El Faro .

Había quedado en hablar con Mateo aquel domingo. No teníamos una hora acordada, así que dejé el teléfono a mi lado mientras buscaba.

Escribí el nombre de Aurora Serra.

Aparecieron ocho resultados. Los más recientes correspondían a su fallecimiento: una noticia breve sobre la caída, otra sobre el funeral y una nota de agradecimiento de su familia.

Abrí los resultados anteriores.

Uno estaba fechado en noviembre de 2013.

Trabajadores de Santa Oliva reclaman refuerzos para cubrir los turnos.

Leí el primer párrafo.

Varios empleados de una residencia de mayores habían trasladado a la dirección su preocupación por la distribución de los turnos y las ausencias que, según ellos, no siempre se cubrían. Entre las personas consultadas figuraba Aurora Serra, identificada como enfermera del centro.

Volví a leer su nombre.

Hasta entonces solo sabía que había ejercido la enfermería. Las noticias del funeral no mencionaban dónde había trabajado.

La fotografía mostraba a cuatro personas junto a la entrada de un edificio. Dos llevaban ropa de calle y otras dos un uniforme sanitario. Aurora era la segunda por la izquierda, según el pie. Tenía el pelo recogido y sostenía una carpeta contra el pecho.

Miré el resto de la imagen.

No aparecía la mujer de los cuatro funerales.

Me sorprendió sentir cierta decepción. No tenía ningún motivo para esperar que estuviera allí, meses antes de la muerte de Aurora, en una noticia sobre condiciones laborales.

Volví al texto. Aurora hablaba de los problemas que causaban las sustituciones tardías. No acusaba a nadie de haber cometido un delito. Pedía una organización que permitiera atender a los residentes sin sobrecargar al personal presente.

La dirección del centro negaba que hubiera una situación de desatención y afirmaba estar revisando los turnos.

Podía haber sido una discrepancia laboral corriente. No sabía cómo terminó ni si Aurora seguía trabajando allí cuando murió.

Anoté la referencia de la noticia.

Después busqué el nombre de la residencia.

* * *

Santa Oliva aparecía en noticias sobre actividades para familiares, visitas de asociaciones y servicios dirigidos a personas mayores. Llevaba años funcionando en una zona residencial de Valdaria, alejada del centro.

Abrí una noticia sobre la ampliación de sus instalaciones.

En el segundo párrafo encontré el nombre de la entidad gestora.

Fundación Alerce.

Lo copié en mi cuaderno.

Consulté otras publicaciones para asegurarme de que no se trataba de una colaboración ocasional. Varias notas, anteriores y posteriores a 2013, presentaban a Alerce como responsable de la gestión de Santa Oliva.

En las noticias que pude consultar aparecía como una entidad dedicada a servicios asistenciales. Había fotografías de visitas institucionales, anuncios de jornadas abiertas y referencias a convenios con organizaciones locales.

No conocía su funcionamiento interno.

La información tampoco aclaraba si Aurora había tenido otros conflictos después de aquella reclamación sobre los turnos.

En la página del cuaderno escribí:

Aurora Serra. Enfermera de Santa Oliva según noticia de noviembre de 2013.

Debajo añadí:

Santa Oliva. Gestionada por Fundación Alerce, según publicaciones del periódico.

Con Nicolás Cervera resultó más difícil.

Su nombre aparecía principalmente en artículos sobre el accidente de tráfico de 2018. Uno recogía las primeras informaciones, otro ampliaba las circunstancias conocidas al día siguiente y el tercero se refería al funeral.

Había trabajado en seguridad privada. Eso era casi todo lo que encontraba sobre su vida profesional.

Probé a buscar su nombre junto al de Santa Oliva. No apareció ninguna coincidencia.

Me quedé mirando los resultados. Quizá no había relación y estaba intentando construirla únicamente porque los dos funerales compartían una asistente.

Decidí buscar por otro camino: las noticias de la residencia que mencionaran servicios de seguridad.

Entre los resultados apareció una publicación de mayo de 2017.

Un simulacro de evacuación reúne a trabajadores y equipos de emergencia en Santa Oliva.

La noticia describía un ejercicio organizado para comprobar la salida de los residentes y la coordinación con los equipos de emergencia. Habían participado personal sanitario, de mantenimiento y de seguridad.

Debajo había tres fotografías.

La primera mostraba a varias personas reunidas en el patio. En la segunda, dos trabajadores acompañaban a una mujer mayor hacia una zona señalizada. La tercera recogía a los participantes después del ejercicio.

Abrí esta última.

El pie identificaba a algunas de las personas que aparecían en el grupo. Leí los nombres hasta llegar al tercero.

Nicolás Cervera, del equipo de seguridad.

Comprobé la fecha y el lugar.

Mayo de 2017. Residencia Santa Oliva.

Abrí la imagen a mayor tamaño y busqué el retrato de Nicolás que se había publicado tras el accidente. La semejanza era razonable, aunque no necesitaba basarme únicamente en ella: el pie de foto contenía su nombre y se había publicado antes de su muerte.

No sabía si había sido empleado directo del centro o si pertenecía a una empresa contratada. Tampoco cuánto tiempo trabajó allí.

Pero había participado en una actividad profesional en Santa Oliva.

Anoté la referencia junto a la de Aurora.

En 2013, una enfermera había hablado públicamente de los turnos de aquella residencia. En 2017, un trabajador de seguridad aparecía en una noticia sobre un simulacro celebrado en el mismo lugar.

Los dos murieron después, en años distintos y por causas que las noticias describían de manera diferente.

La mujer de las cuatro fotografías estuvo en ambos funerales.

Por primera vez tenía una relación entre Aurora y Nicolás que no dependía de reconocer un rostro.

* * *

Llamé a Lucía poco después de las doce.

Respondió con una voz que indicaba que probablemente seguía en pijama.

—Espero que tengas una buena razón.

—Creo que he encontrado algo.

—Eso dijiste el viernes.

—El viernes tenía cuatro fotografías. Ahora tengo dos noticias anteriores a los funerales.

Escuché que se movía.

—Dame un momento.

Dejé el teléfono sobre la mesa mientras esperaba. Al otro lado sonaron unos pasos y una cafetera.

—Ahora sí —dijo—. Cuéntame.

Le expliqué lo de Aurora y la reclamación sobre los turnos. Después le hablé de la fotografía del simulacro en la que aparecía Nicolás.

—¿Los dos en Santa Oliva? —preguntó.

—Sí. La gestiona Fundación Alerce.

—Me suena.

—Y la mujer estuvo en sus funerales.

—Eso ya lo sabíamos. Lo nuevo es la residencia.

—Exactamente.

Lucía se quedó callada unos segundos.

—¿Los nombres están en las noticias originales?

—Aurora aparece en el texto de 2013. Nicolás, en el pie de una fotografía de 2017.

—¿Las dos publicaciones son anteriores a sus muertes?

—Sí.

—Eso ayuda. ¿Quién las firmó?

Consulté los artículos. Los autores eran distintos.

—Entonces tenemos dos fuentes periodísticas anteriores que los relacionan con un mismo centro —dijo—. Pero no sabemos si sus muertes tuvieron algo que ver con él.

—No he dicho que lo tuvieran.

—Te lo digo antes de que empieces a pensarlo.

La escuché beber algo.

—¿Qué quieres hacer ahora?

—Averiguar quién identificó a la mujer en las fotografías. Y si hay alguna razón para que conociera a los dos.

—Esa ya es una pregunta que merece la pena hacer.

Me alegró escucharla.

—¿Puedes ayudarme?

—Hoy no puedo pasarme la mañana con el archivo. Envíame los enlaces de las noticias. Les echaré un vistazo esta tarde.

—De acuerdo.

—Y no llames a las familias todavía.

—No pensaba hacerlo.

—Lo digo en serio. No podemos preguntar a alguien por el funeral de un familiar porque dos fotografías nos parezcan extrañas.

—Lo sé.

Antes de despedirnos, me preguntó si estaba bien.

La pregunta no tenía que ver con las fotografías.

—Tengo un asunto familiar complicado —respondí.

—Eso ya me lo había imaginado.

—No quiero hablar de ello todavía.

—Vale. Pero si necesitas algo que no tenga que ver con buscar muertos en fotografías, también puedes llamarme.

Le di las gracias.

Cuando colgué, preparé un correo con los enlaces y las referencias de las noticias publicadas. No envié fichas internas ni documentos relacionados con la esquela de Mateo.

Hasta entonces había mantenido separados ambos asuntos. Seguía sin saber si tenían alguna relación.

* * *

Por la tarde consulté algunas noticias más sobre Alerce.

Encontré referencias a actividades en Santa Oliva y a la renovación de un convenio, pero no tenía información suficiente para interpretar los detalles de gestión.

Cerré el artículo antes de convertir términos administrativos que apenas conocía en indicios de algo.

Quería saber qué había ocurrido con Aurora después de sus reclamaciones laborales. También por qué la mujer de las fotografías había asistido al funeral de Nicolás, que años antes había participado en un simulacro de la residencia.

Pensé en la enfermera que había visto en la fotografía de 2013, sosteniendo una carpeta contra el pecho. Hasta aquella mañana había sido para mí un nombre en una noticia sobre una caída. Ahora sabía algo de sus preocupaciones en el trabajo y de las personas a las que atendía.