CAPÍTULO 19
La habitación usada
La primera fotografía parecía exactamente igual que la segunda hasta que Pilar me obligó a dejar de mirar el vaso.
—Estás buscando en el sitio equivocado.
Molina acercó su silla a la mesa.
—Déjale. Lleva varios días convencido de que esos vasos van a confesar en cuanto los mire con suficiente intensidad.
Pilar amplió la imagen en la pantalla.
Estábamos en una sala de trabajo demasiado pequeña para las cuatro carpetas abiertas, los dos monitores y las muestras que Científica había ido documentando desde que procesó la 409. La persiana permanecía bajada a medias y una franja de luz cruzaba la mesa justo por encima del teclado.
—Mira aquí —dijo.
Señaló el borde del escritorio.
La primera imagen pertenecía a las fotografías tomadas nada más abrir la habitación. La segunda era una ampliación obtenida con iluminación diferente.
En una zona cercana a la bandeja de los vasos aparecían varias líneas irregulares, casi paralelas.
—¿Qué estoy viendo?
—Una superficie que fue limpiada de una forma distinta al resto.
Molina se inclinó.
—Eso suena bastante menos espectacular de lo que esperaba.
—Porque estoy intentando explicarlo sin inventarme una película. El hotel utiliza el mismo producto y un procedimiento bastante constante para preparar los escritorios. Científica tomó muestras de otras habitaciones limpiadas ese día, además de las referencias que nos dio el personal.
Pilar cambió de fotografía.
La superficie de otro escritorio mostraba una distribución uniforme bajo la misma luz.
—Aquí tenéis el patrón habitual. Producto extendido por toda la superficie, pequeñas variaciones normales y las marcas posteriores de quien coloca la carpeta, el bolígrafo o la bandeja. En la 409 ocurre algo diferente.
Volvió a la imagen anterior.
—Hay dos zonas donde ese patrón se interrumpe. Una junto al vaso desplazado y otra cerca del borde por donde alguien habría apoyado una mano o recogido algo.
—¿Interrumpe porque alguien limpió después? —pregunté.
—Es lo más compatible. Hay arrastre, desaparición parcial del residuo de limpieza del hotel y fibras que no aparecen en las muestras de referencia.
Molina miró la pantalla con más atención.
—¿Un paño?
—Algo que pasó por encima. Científica puede describir el efecto; identificar exactamente qué se utilizó ya es otra cosa.
—¿Y sabemos cuándo?
Pilar cerró una de las imágenes.
—Ahí sí podemos estrechar bastante sin convertirlo en una hora exacta.
Ana preparó la habitación antes de comer.
La supervisora la comprobó a las tres y siete.
Después de eso no consta entrada de limpieza, mantenimiento ni supervisión.
Y ahora sabemos que la primera apertura válida ocurre a las siete y cuarenta y uno.
Pensé en la nueva secuencia.
19:41.
20:02.
20:22.
—Así que la limpieza localizada tuvo que producirse después de que la habitación estuviera preparada.
—Eso podemos sostener. Vincularla a una persona concreta requerirá algo más.
Molina apoyó los brazos sobre la mesa.
—Hace dos semanas habría dicho que alguien pasó un trapo y punto. Ahora me parece una decisión bastante específica.
—Porque llevas demasiado tiempo con Sergio.
—Es contagioso.
Pilar abrió otra fotografía.
Esta vez era la silla situada frente al escritorio.
—También hay una diferencia aquí.
La parte superior del respaldo mostraba una zona alargada donde el acabado reflejaba la luz de otra manera.
—El respaldo fue manipulado y después limpiado parcialmente. Científica encontró restos de contacto en los laterales, pero la parte central presenta el mismo tipo de arrastre que el escritorio.
—¿Huellas útiles?
—De momento, parciales y mezcladas. Hay referencias del personal del hotel que tenemos que excluir, así que prefiero esperar antes de daros nombres que luego desaparezcan del informe.
Aquello encajaba demasiado bien con una historia sencilla.
Dos personas sentadas. Dos vasos. Después alguien limpiando lo que había tocado.
Precisamente por eso intenté desmontarla antes de aceptarla.
—¿Una persona podría haber limpiado simplemente porque derramó algo?
Pilar me miró con cierta aprobación.
—Sí. También podría haber intentado quitar una mancha, secar agua o corregir algo que había dejado sucio. La existencia de una limpieza posterior al uso está bastante respaldada. La intención detrás de esa limpieza sigue siendo una interpretación.
Molina giró la silla hacia mí.
—Pero ya tenemos una habitación preparada a las tres y siete, utilizada horas después y limpiada otra vez solo en zonas concretas.
—Tenemos eso.
—Y ningún empleado que haya hecho esa segunda limpieza.
—Eso también.
—Algún día conseguiré que dos hechos juntos te parezcan algo más que dos hechos.
—Cuando sepamos quién los unió.
Pilar volvió a la carpeta.
—Hay otra cosa.
Esta vez abrió una fotografía del vaso que ya habíamos visto desplazado desde el primer día.
El cerco fino de la base seguía allí.
—Encontramos pequeñas gotas secas bajo el borde exterior y en la zona donde el vaso estuvo apoyado antes de volver a la bandeja.
—¿Eso significa que lo lavaron? —preguntó Molina.
—Significa que estuvo húmedo después de utilizarse. Ana fue bastante clara respecto al procedimiento del hotel: los vasos salen secos del lavavajillas y, si alguno presenta marcas, lo sustituyen. Además, la supervisora recuerda haber comprobado la bandeja durante la revisión.
—Entonces alguien lo mojó después.
—Eso es razonable.
Me acerqué a la pantalla.
—¿Quedan restos dentro?
Pilar cerró la fotografía antes de contestar.
—Las muestras están en laboratorio. Cuando tengamos resultados os los daré. Y antes de que preguntes, tampoco pienso adivinar si bebió Marta de ese vaso.
Molina me señaló.
—Ni siquiera había abierto la boca.
—Trabajáis juntos. Empiezo a anticiparme por supervivencia.
Me levanté y fui hasta la ventana.
Desde allí solo se veía la fachada del edificio de enfrente y una fila de aparatos de aire acondicionado apoyados sobre un patio interior.
Hasta entonces la 409 había ido cambiando de significado cada vez que obteníamos un dato nuevo.
Primero había sido una habitación vacía.
Después una reserva utilizada.
Más tarde, el lugar de una cita.
Ahora podíamos afirmar otra cosa: alguien había usado determinados objetos y, después, había limpiado parte de lo que había tocado.
Volví hacia la mesa.
—¿Qué zonas no limpiaron?
Pilar abrió el informe.
—Hay marcas de contacto en el interruptor, en parte de la mesa, en el baño y en el exterior de la puerta. Algunas pueden pertenecer a Marta, otras al personal o a quien utilizara la habitación. La limpieza está concentrada en el entorno inmediato de la mesa y la silla.
—Eso me interesa más que si hubieran limpiado todo.
Molina entendió antes de que terminara.
—Porque no parece una limpieza de la habitación. Parece una limpieza de lo que alguien recordaba haber tocado.
Pilar levantó una mano.
—Parece una limpieza localizada. La parte de la memoria se la añadís vosotros.
—Me parecía demasiado pronto para felicitarme.
—Lo era.
Regresé a mi silla.
Había una diferencia importante.
Quien hubiese querido devolver la habitación por completo a su estado anterior habría tenido que pensar en demasiadas cosas: interruptores, tiradores, grifos, puertas, baño.
Aquí el patrón era más limitado.
La mesa. La silla. Alrededor de los vasos.
Quizá alguien había limpiado deprisa. Quizá solo aquello que consideró importante. O quizá seguíamos intentando dar intención criminal a una conducta banal.
—Quiero que comparemos estas zonas con las reservas antiguas —dije.
Molina frunció ligeramente el gesto.
—¿Madrid, Valladolid y Valencia?
—Sí. Si conservan alguna incidencia, fotografía de limpieza, reclamación o informe de objetos encontrados, quiero saberlo. Marta utilizó otras habitaciones dobles. Si esta forma de dejar la segunda habitación era habitual, cambia bastante lo que estamos interpretando.
Pilar asintió.
—Eso sí tiene sentido.
—Gracias por la sorpresa.
—Disfruta del momento.
Molina se levantó y empezó a recoger las copias.
—Yo pediría además todo lo que haya alrededor del acceso lateral y las escaleras. Después de la franja que reconstruimos ayer, alguien tuvo que poder llegar a la cuarta planta sin aparecer claramente en el vestíbulo.
—Ya está pedido, pero quiero ampliar el radio. Comercios, garajes, portales y cualquier cámara privada que cubra el lateral del hotel entre las siete y media y las ocho y media.
Molina guardó una fotografía dentro de la carpeta.
—Eso nos va a dar horas de gente entrando y saliendo de Madrid.
—Solo necesitamos a una persona que todavía no sepamos colocar.
Pilar cerró el informe.
—Y mientras vosotros buscáis personas, nosotros seguimos con las muestras. Os avisaré cuando tenga algo que pueda decir sin que lo convirtáis en una detención.
Salimos al pasillo.
Molina caminó a mi lado durante varios metros antes de hablar.
—La habitación ya no está vacía.
—Eso lo sabíamos.
—Ya sabes lo que quiero decir. Hasta ahora teníamos indicios de uso. Ahora tenemos a alguien intentando devolver una parte de la habitación a un estado anterior.
Me detuve junto al ascensor.
—Tenemos una limpieza localizada después del uso.
—Eres agotador.
—Y tú estás añadiendo intención antes de demostrarla.
—Sergio, alguien usa dos vasos, mueve una silla, limpia la mesa alrededor de ellos y se marcha sin avisar al hotel. Déjame al menos considerar que no estaba preocupado por la puntuación de Booking.
Las puertas se abrieron.
Entramos.
—Considéralo —dije—. Pero busca quién estuvo allí mientras lo haces.
Molina pulsó la planta baja.
—Eso pensaba hacer.
Durante el descenso abrí otra vez la carpeta.
La fotografía de la 409 seguía mostrando una habitación casi anónima: cama hecha, cortinas abiertas, escritorio despejado.
La diferencia era que ya no dependíamos de aquella apariencia. Habíamos demostrado uso. Ahora también podíamos demostrar una limpieza posterior y localizada. Quedaba averiguar quién había tenido motivos para hacerla.