CAPÍTULO 13 La huida hacia la muga #5
A las trece horas y cincuenta y dos minutos de la tarde, el Cessna Citation Sovereign rompió la base de las nubes sobre el mar Cantábrico con los flaps desplegados al máximo y los limpiaparabrisas barriendo un vendaval de agua salobre que azotaba con furia los acantilados de Biarritz.
El reactor corporativo se inclinó de manera pronunciada sobre el faro de la Pointe Saint-Martin, enfiló la senda de aproximación de la pista cero nueve del aeropuerto de Biarritz-Parme y tomó tierra con un violento chirrido de caucho sobre el asfalto anegado de lluvia.
En la torre de control del aeródromo, los controladores aéreos observaban con estupefacción cómo el piloto del reactor ignoraba las instrucciones reiteradas de rodadura hacia la terminal de aviación general y viraba bruscamente a la izquierda por una calle de rodaje secundaria que conducía directamente a los hangares de carga privados situados en el extremo suroriental de las instalaciones.
A menos de trescientos metros de distancia, tres furgones blindados de la Policía del Aire y de Fronteras (PAF), acompañados por dos vehículos camuflados de la Policía Judicial de Bayona, avanzaban a toda velocidad por la pista perimetral con las sirenas aullando en medio del aguacero para cerrarle el paso hacia las puertas del hangar.
Pero la reacción de la célula logística de Viktor Sorokin estaba calculada con una ferocidad militar que desbordó la previsión de los agentes franceses.
Apenas el Cessna detuvo su carrera frente al portón abierto del hangar número tres, la escalerilla de popa descendió con un golpe seco.
Patricia Hagen, enfundada en su abrigo empapado y aferrando la mochila con los discos duros contra su pecho, saltó a la pista sin esperar a los asistentes de tierra.
Desde el interior en penumbra del hangar emergió a toda máquina un todoterreno Toyota Land Cruiser de color gris plomo, con defensas tubulares reforzadas, lunas tintadas y matrículas robadas en el departamento de Landas.
La portezuela lateral del todoterreno se abrió de par en par; un hombre corpulento vestido con impermeable táctico y pasamontañas negro agarró a Hagen por el brazo con un tirón brutal que casi la levantó en vilo y la arrojó al interior del habitáculo trasero antes de que sus pies tocaran el suelo del hangar.
Sin aguardar a que la puerta se cerrara por completo, el conductor del Land Cruiser aceleró a fondo, cruzó a toda velocidad la explanada de hormigón y embistió de frente la verja metálica de alambre de espino que delimitaba el perímetro de seguridad del aeródromo con el camino vecinal de la zona de Maignon.
La estructura de hierro cedió con un estrépito metálico que resonó por encima del rugido de las turbinas del avión abandonado.
Dos furgones de la PAF intentaron cerrarle el paso cruzándose en la salida hacia la rotonda exterior, pero el conductor ruso no redujo la marcha: embistió el lateral del primer vehículo policial con la defensa de acero, arrancándole el parachoques y arrojándolo hacia la cuneta embarrada antes de ganar la calzada asfaltada de la carretera departamental D-932.
Acelerando a más de ciento cuarenta kilómetros por hora, el Land Cruiser enfiló hacia el sur, dejando atrás las sirenas aturdidas y adentrándose en el corredor que bordeaba el curso encajonado del río Nive hacia Ustaritz.
Apenas seis minutos después, el birreactor Falcon de enlace judicial procedente de los Países Bajos tomaba tierra de emergencia en el aeropuerto de Hondarribia, en la otra orilla del Bidasoa.
Ainara Zubiaga y Mathieu Etcheverry descendieron por la escalerilla directamente hacia el asfalto donde los aguardaba una berlina camuflada de la Ertzaintza escoltada por dos motocicletas de la brigada móvil y un vehículo de transmisiones avanzadas.
Al volante se encontraba el propio inspector jefe Gorka Atxaga, con el rostro tenso y un auricular de comunicación por radio encajado en la oreja izquierda.
—¡Subid rápido! —gritó Gorka a través de la ventanilla abierta mientras los dos investigadores se acomodaban en el vehículo—.
Los franceses acaban de confirmar que Hagen ha roto el cerco en la pista de Biarritz a bordo de un Land Cruiser gris blindado.
Han dejado a dos agentes de la PAF contusionados en la colisión del portón y han tomado la carretera de Cambo-les-Bains a toda pastilla.
El comisario Delmas ha transmitido la autorización oficial de persecución en caliente bajo el amparo de Schengen.
¡Tenemos luz verde judicial para cruzar la muga con armamento y transmisiones operativas!
El coche de la Ertzaintza arrancó con un aullido de neumáticos sobre la calzada del aeropuerto de Hondarribia, cruzó a velocidad vertiginosa el puente internacional de Behobia esquivando las barreras aduaneras levantadas por la policía francesa y se incorporó a la red viaria de Lapurdi por los enlaces secundarios de Urrugne y Ascain para interceptar el corredor de la Nive hacia el interior de los valles vascofranceses.
En el asiento trasero, Ainara mantenía abierta la pantalla táctil del navegador policial donde se actualizaban las coordenadas geográficas emitidas por el helicóptero de la Gendarmería que sobrevolaba las copas de los árboles entre las ráfagas de lluvia torrencial.