CAPÍTULO 9 El contraataque judicial #2
Gorka apuró el tazón de café caliente y se frotó la nuca con un gesto de alivio que delataba la tensión acumulada en las últimas cuarenta y ocho horas.
En la central de la Ertzaintza en Erandio, los teléfonos de la división de investigación criminal no habían dejado de sonar desde que saltó la noticia del tiroteo en Bayona.
El Ministerio del Interior en Madrid y la Fiscalía General del Estado habían cursado requerimientos urgentes para que la policía foral vasca remitiera de inmediato a la Audiencia Nacional todas las diligencias abiertas sobre Fagor Ederlan y la consultora Atalante Capital, amenazando con abrir expedientes disciplinarios por insubordinación orgánica si no se entregaban los originales de los interrogatorios de Sylvain Deschamps.
—Querían meterle mano al sumario para enterrarlo antes de que salpicara a Bruselas —explicó Gorka con los ojos entornados por la indignación—.
Sabían que Deschamps se había ido de la lengua en Martutene antes de morir y que Arostegui estaba cantando la traviata en Basauri.
Si esos dosieres caían en manos de los comisarios del ministerio en Madrid, la causa habría sido declarada secreto de Estado bajo la excusa de la seguridad nacional y las pruebas habrían desaparecido en un cajón de los juzgados de la plaza de la Villa de París.
Por eso no avisé a nadie: cargué las actas en el maletín ignífugo, firmé la salida de una inspección ocular de campo en la comisaría de Elizondo y crucé la muga por el monte antes de que la Guardia Civil pudiera montar el retén en el puerto de Otsondo.
Ainara asintió en silencio, conmovida por la lealtad incondicional del veterano policía.
Aquella decisión de cruzar la frontera con pruebas bajo custodia judicial representaba un acto de insubordinación administrativa que podría costarle a Gorka el cargo y la pensión si la operación fracasaba.
Pero para los hombres y mujeres que habían construido las instituciones vascas desde la clandestinidad, el cumplimiento formal de las circulares jerárquicas nunca había estado por encima del mandato ético de proteger a su comunidad frente a la corrupción del poder.
Gorka tomó un trozo de pan de centeno de la mesa y lo partió con los dedos mientras contemplaba el mapa de carreteras de Francia que Mathieu había dejado extendido.
—En Bilbao las cosas están al rojo vivo, Ainara —añadió el inspector jefe en tono confidencial—.
Iñigo Barandiarán y el consejero Fernando Irazábal han tenido que comparecer en rueda de prensa de urgencia a las siete de la mañana en la sede del Gobierno Vasco en Lakua para desmentir las filtraciones que ya circulan en las redacciones de Fráncfort y Londres.
Los mercados financieros de deuda han castigado el bono vasco con una subida de cuarenta puntos básicos en la apertura.
Si no presentamos una providencia judicial cautelar antes de que abran las bolsas americanas al mediodía, las cooperativas de Mondragón verán canceladas sus líneas de descuento comercial por parte de la banca internacional.
No es una disputa teórica sobre competencias forales: es una asfixia de liquidez en toda regla que paralizaría las nóminas de setenta mil trabajadores antes del viernes.
Ainara apretó los labios con una mezcla de indignación y resolución férrea.
Conocía de primera mano el sufrimiento de las familias trabajadoras cuando las líneas de crédito se cortaban de la noche a la mañana.
No permitiría que la codicia de Sorokin y las ambiciones de Hagen repitieran en Mondragón la tragedia que destruyó el taller de su padre.
—El Concierto Económico no es una graciosa concesión de Madrid ni un privilegio medieval, Gorka —afirmó Ainara mirando el fuego que declinaba en el hogar—.
Es el pacto bilateral que costó dos siglos de sufrimiento consolidar tras la abolición foral de 1876.
Es el instrumento con el que sostenemos nuestros hospitales, nuestras escuelas públicas y nuestras carreteras sin deberle nada a nadie.
Lo que esos burócratas de Fráncfort no perdonan es que un pueblo pequeño del sur de Europa gestione sus propios recursos con superávit y rigor productivo mientras ellos acumulan agujeros financieros en sus conglomerados bancarios.
Y defenderemos esa soberanía con toda la fuerza que nos otorga la legalidad comunitaria.
♦ ♦ ♦
La tapa del maletín de policarbonato se abrió con un chasquido elástico, revelando un interior forrado de espuma de alta densidad compartimentada para absorber impactos balísticos.
Gorka extrajo con guantes de látex dos gruesos legajos judiciales encuadernados con cordoncillo rojo y sellos de lacre burdeos de la Audiencia Provincial de Gipuzkoa y del Juzgado de Instrucción número 4 de Basauri, acompañados de sendas actas de protocolización notarial emitidas por el ilustre colegio de notarios de Bilbao.
Ainara se calzó sus propios guantes de examen pericial y extendió el primer legajo sobre el tapete de nogal, bajo la luz dorada de la lámpara de aceite.
En la carátula oficial figuraba el encabezamiento procesal: Diligencias Previas 412/2026.
Pieza de Prueba Preconstituida Especial.
Declaración judicial del imputado Sylvain Deschamps prestada en la Unidad Hospitalaria del Centro Penitenciario de Martutene ante el Magistrado-Juez de Guardia y la Letrada de la Administración de Justicia.
—Deschamps no sobrevivió a la segunda puñalada, Ainara —dijo Gorka en voz baja, con un tono sombrío que heló el aire del zaguán—.
Murió en el quirófano del hospital de Donostia cuarenta minutos después de firmar la última página de esta acta.
Los sicarios de Sorokin lograron infiltrar a un recluso de origen serbio en el módulo dos de Martutene para silenciarlo antes de que pudiera ratificar su testimonio en sede judicial ordinaria.
Pero el juez de guardia estuvo rápido: al ver que el financiero se desangraba por una herida perforante en el hipocondrio izquierdo, constituyó la comisión judicial a pie de camilla y grabó la declaración íntegra en soporte digital bajo el artículo 777 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, con plena validez de prueba preconstituida irrefutable para el juicio oral.
Ainara pasó las hojas del acta con dedos rápidos y precisos, devorando cada renglón de la transcripción mecanografiada. Las declaraciones del financiero francés eran demoledoras y no dejaban resquicio a la duda:
En la página seis, Deschamps confesaba con todo detalle que la sociedad gestora Atalante Capital , con sede operativa en Ginebra y sucursal en París, operaba desde marzo de 2024 como un vehículo instrumental fiduciario constituido por orden expresa de Patricia Hagen.
La consultora no gestionaba fondos privados de inversión soberana, sino una línea de liquidez opaca inyectada desde cuentas cifradas de Viktor Sorokin en el Al-Ain International Bank de Dubái.
El objetivo estratégico encomendado a Deschamps era triple: en primer lugar, adquirir masivamente pagarés mercantiles emitidos por la división de fundición de Fagor Ederlan en Mondragón; en segundo término, sustituir fraudulentamente los contratos subyacentes por pagarés apócrifos con tipos de descuento desorbitados y cláusulas de amortización acelerada para provocar el estrangulamiento financiero de las cooperativas vascas; y, en tercer lugar, utilizar la quiebra técnica inducida para justificar la elaboración de un informe pericial que demostrara ante la Dirección General de Competencia de la Comisión Europea que el modelo fiscal del Concierto Económico amparaba ayudas de Estado ilegales y fraudes contables estructurales.
—Mire la página catorce, fiscal —señaló Gorka con el índice, apuntando a una firma temblorosa estampada con tinta azul en el margen inferior—.
Ahí está la ratificación de Deschamps: reconoce que Patricia Hagen le entregó personalmente en la suite presidencial del hotel du Palais de Biarritz, el 18 de enero, la clave criptográfica para acceder a los modelos econométricos reservados de la OLAF y adulterar las series históricas de recaudación del IVA foral.
Ainara cerró el expediente de Deschamps con un gesto firme y tomó el segundo legajo: el acta notarial y judicial de la ratificación de Kepa Arostegui, el exdirector general de Finanzas del Gobierno Vasco detenido en Bilbao durante la fase inicial de la instrucción.
Arostegui, acorralado en prisión preventiva y consciente de que la red de Sorokin no dudaría en eliminarlo como había hecho con Deschamps si quedaba en libertad provisional, había optado por una confesión exhaustiva para acogerse a los beneficios de la atenuante muy cualificada de colaboración eficaz con la justicia.
Su declaración detallaba el pacto de impunidad garantizado por Hagen:
La comisaria alemana le había prometido a Arostegui la dirección ejecutiva de una nueva agencia europea de armonización fiscal en Fráncfort, con rango de director general comunitario y un sueldo blindado de trescientos mil euros anuales libre de impuestos, además de la apertura de una cuenta fiduciaria en el banco Pictet & Cie de Ginebra dotada con dos millones de euros procedentes de las sociedades pantalla de Sorokin en Dubái.
A cambio, Arostegui debía entregar los códigos fuente de las bases de datos de la Hacienda foral de Bizkaia y autorizar la inyección de asientos contables ficticios en la liquidación del Cupo correspondiente al ejercicio 2025.
—El pacto de impunidad está acreditado documentalmente —concluyó Ainara con los ojos brillando por la intensidad del triunfo jurídico—.
Tenemos las actas notariales de aseguramiento de los correos electrónicos cruzados entre la secretaría privada de Hagen en Berlaymont y el terminal personal de Arostegui, con los certificados de autenticidad emitidos por el perito informático de la Ertzaintza.
La cadena de mando de la conspiración está enteramente al descubierto.