CAPÍTULO 8 La noche de Donibane Garazi #5
Con Sylvain Deschamps y Kepa Arostegui reconociendo en actas judiciales que operaban bajo las órdenes directas de la consultora de Hagen, el círculo probatorio quedaba sellado sin fisuras: las declaraciones de los cómplices en España se unían a las transferencias bancarias incautadas en Francia y a los volcados informáticos rescatados en Bélgica.
No había tribunal en el continente capaz de archivar semejante arsenal probatorio.
Ainara se asomó a la barandilla de la buhardilla y vio a Gorka entrar en el zaguán, sacudiéndose el agua de la cazadora de cuero y dejando sobre la mesa de nogal el maletín de seguridad ignífugo esposado a su muñeca.
Mathieu le estrechaba el brazo con la calidez de los viejos camaradas de armas, mientras el ertzaina observaba la chimenea encendida con una sonrisa socarrona.
—Mira que sois difíciles de encontrar, pareja —dijo Gorka alzando la vista hacia Ainara y guiñándole un ojo con afecto paternal—.
Pero veo que habéis sabido buscaros un buen caserío para pasar la noche.
Ahora bajad, que tenemos menos de seis horas para llegar a La Haya si queremos reventarle la fiesta a la comisaria alemana.
A las cinco y media de la madrugada, con el portátil blindado desplegado sobre la mesita de nogal y el aroma reconfortante del café caliente que Mathieu había preparado en el fogón de la planta baja, Ainara revisaba con lupa procesal el articulado de la querella criminal que presentarían en La Haya.
Cada párrafo estaba blindado con jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sobre la primacía de las competencias de la Fiscalía Europea en la persecución de delitos transnacionales que amenacen los presupuestos comunitarios.
—El punto clave de la fundamentación —explicó Ainara con el lápiz en la mano, señalando la pantalla a Mathieu— es invocar el artículo 22 del Reglamento (UE) 2017/1939 de la Fiscalía Europea.
La manipulación de los datos del Concierto Económico vasco no es una cuestión tributaria doméstica española: al utilizar fondos opacos de Viktor Sorokin procedentes de los emiratos para corromper a altos cargos de la OLAF y de la DG COMP, Patricia Hagen ha cometido un delito de fraude transfronterizo que lesiona directamente el presupuesto general de la Unión y la estabilidad del mercado interior.
Eso priva automáticamente de jurisdicción a los tribunales territoriales franceses y españoles, atribuyendo la competencia exclusiva al Colegio de Fiscales Europeos en Luxemburgo y a la sede operativa de Eurojust en La Haya.
Mathieu asintió con admiración ante la maestría procesal de la fiscal foral.
—Y en Eurojust, la activación de un Equipo Conjunto de Investigación (JIT) conforme a la Decisión Marco 2002/465/JAI permitirá que las policías judiciales de Francia, España y los Países Bajos actúen bajo un mando unificado, sin necesidad de tramitar comisiones rogatorias bilaterales que tardarían meses —añadió Mathieu—.
Con la firma del magistrado de enlace neerlandés y de la delegada española, Jan van der Berg podrá ordenar el registro simultáneo de la sede de L'Étoile Atlantique en Biarritz y el precinto del despacho de Hagen en Berlaymont antes de que la comisaria pueda destruir los discos duros de su secretaría.
La llegada de Gorka Atxaga en ese momento providencial representaba la última pieza del engranaje.
En el maletín ignífugo que el ertzaina colocó sobre la mesa descansaban las actas notariales de las declaraciones de Sylvain Deschamps en la enfermería de Martutene y de Kepa Arostegui en los juzgados de Basauri: confesiones con nombres, fechas y cuentas bancarias que acreditaban sin género de dudas que la trama de los pagarés de Fagor Ederlan y el informe de Ajuria Enea formaban parte de una misma conspiración criminal.
La noche de Donibane Garazi había terminado; el día del juicio de Europa acababa de amanecer.
La preparación de la travesía hacia los Países Bajos exigía una precisión logística quirúrgica.
Mientras Gorka Atxaga apuraba un tazón de café negro en la mesa comunal de la planta baja, repasaron los detalles del convoy con el que cruzarían Francia de punta a punta sin pisar los peajes vigilados de la A10 ni las estaciones de servicio de las grandes petroleras.
—El cónsul honorario de los Países Bajos en Biarritz, Hendrick van der Meer, es un viejo amigo de la familia Etcheverry desde los tiempos de la exportación de madera en los años setenta —explicó Mathieu desplegando un mapa de carreteras sobre la mesa—.
Su vehículo particular, un Volvo V70 familiar con placas consulares diplomáticas verdes y registro oficial de la embajada de La Haya, está aparcado en un garaje discreto de Cambo-les-Bains.
Las placas consulares gozan de inmunidad de registro bajo el Convenio de Viena sobre Relaciones Consulares: la policía francesa no puede abrir el maletero ni retener el vehículo salvo que medie una orden expresa del Ministerio de Asuntos Exteriores en el Quai d'Orsay, algo que Hagen tardaría horas en conseguir.
Gorka soltó una carcajada ronca, frotándose la barba rala de tres días.
—¿Cruzaremos Francia en un coche consular holandés conducido por un vascofrancés de la OLAF y una fiscal foral de Bilbao?
—bromeó el ertzaina sacudiendo la cabeza con incredulidad—.
Ni a los mejores guionistas de cine policíaco se les habría ocurrido semejante carambola.
Pero si eso nos permite llegar a La Haya antes de que la alemana monte su circo en Bruselas, por mí como si tenemos que viajar en carromato de bueyes.
Ainara cerró el maletín burdeos y comprobó por última vez la hora: las seis y cuarto de la mañana.
—Recojamos las mochilas —dijo con la determinación grabada en el rostro—. La Haya está a mil kilómetros de asfalto y lluvia a través de las llanuras francesas y los nudos de circunvalación belgas. Es hora de llevar la verdad ante la justicia europea.
Mathieu apagó las brasas de la chimenea con un badil de forja, cubriendo las ascuas con ceniza fría para no dejar rastros térmicos.
Mientras trancaban la puerta trasera de la casona y salían a la penumbra de los huertos que bordeaban el Nive, la luz fría de la mañana iluminaba las murallas rosas de la ciudadela.
La noche de Donibane Garazi había forjado un pacto indestructible; ahora comenzaba la carrera contrarreloj por las autopistas del norte.