La muerte del tiempo (Time Keeper 3) Astrey
52%

Astrey

ASTREY

Dos golpes al otro lado de la puerta. Una nota que se cuela por debajo.

Pronto será de noche.

Suena a que te aterra volver a quedarte solo. ¿Es eso? ¿Soy eso? ¿Una compensación por todos los años que has pasado al margen del mundo? ¿Una excepción? ¿Un consuelo? ¿Algo a lo que quieres aferrarte solo por miedo?

Astrey ni siquiera se molesta en buscar otro papel. No lo necesita para escribir una sola línea.

Sabes que no.

Da dos golpes en su lado de la puerta. Desliza la hoja por debajo y cierra los ojos, con la frente apoyada contra la madera. Espera. Cuenta los chasquidos de sus anillos. Diez. Veinte. Treinta. Apenas han pasado dos minutos cuando escucha los golpes.

A sus pies, una sola frase garabateada a prisa:

¿Y entonces qué soy, Astrey? La verdad. Sin mentiras. Sin escondites.

El Portador se agacha y recoge las palabras del suelo. Las mira durante más tiempo del que necesita, las relee hasta que dejan de tener sentido.

Lo quiere sin disfraces, aunque él no está acostumbrado a estar tan expuesto.

Sin sonrisas siquiera, sin máscaras que puedan hacerlo todo más fácil.

Astrey lleva tanto tiempo mintiendo que no recordaba que las verdades fueran tan difíciles.

Que pudieran hacerle daño. Pero esa le pellizca el corazón, hace que los dedos le tiemblen sobre la pluma.

Las letras le parecen hoy más intrincadas que nunca y la tinta roja le hace pensar que se está desangrando.

Su demonio grita para acallarlo, igual que lleva haciendo durante años.

Trata de robarle el control, lo nota. Quiere obligarlo a destruir esa carta y todas las demás.

Quiere escribir palabras que él nunca diría, mentiras más difíciles de creer que cualquiera que haya pronunciado antes.

Que no es nadie para él. Que no quiere volver a verla.

Que era un juguete y que ya se ha cansado de jugar.

Pero Astrey mantiene el control.

Con nueve palabras se quita la piel y la carne y se queda en los huesos.

Eres la mujer de la que me he enamorado.

Dos golpes en la puerta. La página vuelve a manos de Elira.

Y él se queda en su lado, con el corazón entre las manos.