La muerte del tiempo (Time Keeper 3) Darien
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Darien

DARIEN

—Deberíamos salir de aquí.

Es Caleb quien lo dice y Darien está de acuerdo.

La niebla todavía se arremolina a su alrededor, pero es más ligera, como si el hecho de que Ishtar se hubiera convertido en bruja fuera suficiente para diluirla.

O quizá sea una reacción a la presencia de Caleb, porque incluso el caos tiene que saber que no es rival para él: se ha levantado sin un rasguño después de que el de la princesa lo lanzara por los aires, después de haber espantado al demonio con el que Darien iba a hacer un Trato…

Iba a hacer un trato. Realmente iba a hacerlo.

Se niega a pensar demasiado en ello. Derek ayuda a Ishtar a levantarse, aunque parece que ella no la necesita.

Se seca los ojos con dignidad y, cuando vuelve a reparar en Caleb, se lanza hacia él para abrazarlo con fuerza.

El necromante se tambalea, sorprendido, antes de suspirar y ponerle una mano en la cabeza.

—Cuando me quedé atrás para que os pusierais a salvo, no era esto lo que tenía en mente —les recrimina.

—Venga, vamos. —Derek le da un par de palmaditas en la espalda a su amigo—. Bien está lo que bien acaba, ¿no?

Caleb pone los ojos en blanco por toda respuesta.

Su mirada se encuentra con la de Darien justo después.

El contacto dura apenas un segundo, porque el celestial baja la vista de inmediato.

Es un gesto nervioso, casi aterrado. Tiene miedo de que pueda ver en su cara todo lo que le está pasando por dentro, de que sepa lo mucho que lo ha echado de menos y sea consciente de todo con lo que carga.

Que ha visto a Muerte, que ha estado hablando con ella.

Que estaba dispuesto a vender su corazón por un poco de paz. Por un poco más de tiempo con él.

Eso sin contar con…

Se lleva una mano al cuello. Tiene las puntas de los dedos heladas y eso ayuda a apagar el ardor que cree sentir bajo la piel. Es como si la carne le quemase, un escozor parecido a la picadura de una ortiga. Pero no está ahí. No es más que su imaginación. Otro recuerdo que no es suyo.

Cuando se atreve a alzar la vista, esta vez se fija en Derek. Él sí se da cuenta, está seguro, pero no dice nada hasta que no emprenden la marcha hacia la salida. Deja que Ishtar y Caleb encabecen la marcha y él se queda a su lado, unos pasos por detrás, lo justo para susurrar:

—No puedes decir nada. Sobre todo, no a ellos.

Darien baja la mirada al suelo y aprieta la mano sobre el lugar exacto por el que Derek lo agarró del brazo. Una parte de él se siente un poco frustrado, molesto por la falta de confianza y, al mismo tiempo, está harto de tener que guardar secretos llenos de espinas.

—Yo no diré nada. —Porque nunca ha descubierto los recuerdos de sus amigos y ahora Derek es uno de ellos. Y porque, en el fondo, comprende por qué quiere esconder lo que él le ha robado sin querer—. Pero tú deberías. No vas a poder esconderlo eternamente.

Derek aprieta los labios, baja la vista, se pasa la mano por el cuello.

No responde.