La Moneda Del Destino 19 Mentiras #2
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19 Mentiras #2

La tomó del brazo y comenzó a caminar. Lara volvió la cabeza. Lyam permanecía donde lo habían dejado. Esperó a que Richard mirara hacia otro lado y levantó discretamente la mano para mostrarle el dedo medio. Después corrió detrás de su padre.

***

Ellie había terminado prácticamente recostada contra Daniel. La película seguía avanzando, pero ninguno sabía ya qué estaba ocurriendo en ella.

Daniel apartó el rostro apenas unos centímetros.

—¿Estás segura de seguir?

—¿Por qué no habría de estarlo?

—Quiero decir... es la casa de tu padre.

Ellie sonrió y volvió a besarlo.

—¿No quieres que vayamos mejor a mi cabaña?

—¿En serio quieres detenerte ya?

La pregunta llegó acompañada de una sonrisa mientras Ellie comenzaba a ayudarlo con los botones de la camisa de cuadros. Daniel la observó un instante.

—Buen punto.

Ella soltó una pequeña risa. La camisa terminó en el suelo.

Durante un tiempo no hubo nada más que besos, manos inseguras que poco a poco dejaron de serlo y preguntas murmuradas cuando alguno necesitaba asegurarse de que el otro seguía cómodo.

No había urgencia. Precisamente por eso la cercanía resultaba diferente: por primera vez tenían la sensación de disponer de todo el tiempo del mundo.

Ellie se acomodó sobre él y volvió a besarlo. La camiseta de Daniel no tardó en acompañar a la camisa en el suelo y, poco a poco, algunas prendas más quedaron olvidadas alrededor del sofá. El teléfono vibró sobre la mesa. Ninguno reaccionó.

Daniel deslizó una mano por la espalda de Ellie y se detuvo un instante, sorprendido por una sensación tan sencilla.

—Cielos...

—¿Qué pasa?

—Nunca había sentido la piel de una mujer. No sabía que fuera tan suave.

Ellie escondió el rostro, avergonzada.

—Si dices esas cosas, me haces dar vergüenza.

Daniel sonrió. El teléfono volvió a vibrar. Esta vez se apartó ligeramente.

—¿Es el tuyo?

—Creo que sí.

Ellie miró de reojo hacia la mesa.

—Debe ser alguna notificación.

Volvieron a besarse.

***

Lara escribió mientras caminaba detrás de su padre.

” ELLIE, CONTESTA.”

Nada. Volvió a intentarlo.

” PAPÁ YA SABE DE DANIEL.”

El mensaje quedó sin respuesta.

—Vamos —ordenó Richard.

Lara guardó el teléfono y aceleró el paso.

En cuanto estuvieron en el automóvil, volvió a sacarlo.

Llamó, Nada, Otra vez, Nada.

—¿A quién llamas?

Lara bloqueó la pantalla.

—A mamá.

Richard arrancó.

En cuanto él fijó la atención en la carretera, Lara buscó otro número.

Daniel.

El teléfono de Daniel comenzó a sonar.

***

Se separó de Ellie.

—Ese sí es el mío.

—¿Vas a contestar?

Miró hacia donde había dejado sus cosas.

La llamada terminó.

—Probablemente sea Ryan.

Ellie volvió a acercarse.

—Si es importante, llamará otra vez.

Daniel sonrió.

—Buena lógica.

El teléfono volvió a sonar casi inmediatamente.

Esta vez frunció el ceño.

—Eso ya es raro.

—Deberías revisar.

—Sí.

Hizo ademán de levantarse, pero Ellie lo retuvo un instante y volvió a besarlo.

—En un segundo.

Daniel rio contra sus labios.

—Un segundo.

***

Lara volvió a llamar.

Nada.

—Vamos, Daniel... contesta.

Richard conducía cada vez más rápido.

—¿Qué haces?

—Nada.

—Deja el teléfono.

Lara apretó los dientes y escribió a toda velocidad.

”MI PAPÁ VA PARA LA CASA. LYAM LE CONTÓ TODO. SALGAN YA.”

Envió el mensaje.

***

El teléfono dejó de sonar.

Daniel miró hacia él.

—Ahora sí me preocupé.

Ellie también pareció inquietarse.

—Mira quién era.

Daniel se incorporó, tomó el teléfono y leyó el último mensaje.

El color abandonó su rostro.

—¿Qué pasa?

—Tu padre viene para acá. Tengo que irme.

Se levantó inmediatamente y comenzó a vestirse. Ellie hizo lo mismo, intentando cerrar el vestido que todavía llevaba puesto, aunque estaba casi completamente desabrochado.

Daniel acababa de ponerse el pantalón cuando ella lo detuvo.

—Espera.

—¿Qué pasa?

—Voy contigo.

Daniel dejó de moverse.

—¿Qué?

Ellie respiró hondo. Había imaginado aquel momento durante toda la mañana. Había pensado en cómo decírselo, en la expresión que pondría Daniel, incluso en las palabras exactas que utilizaría. Ahora apenas tenían unos minutos.

—Eso era lo que quería contarte. Quiero irme hoy contigo. Quiero vivir en Gehena, en el bosque.

Daniel la observó, impactado.

Durante un instante, la urgencia desapareció de su rostro.

—¿Estás segura? Quiero decir... no te faltará nada, pero tendrás que dejar muchas cosas por esta decisión.

—Mi maleta está hecha. Está debajo de la cama.— Daniel permaneció callado. Algo parecido a una sonrisa quiso aparecer en su rostro pese al miedo. Ellie había elegido irse con él. No algún día. Hoy. —Iré por ella y por la moneda. La dejé debajo de mi almohada.

—Apresúrate.

Ellie se volvió hacia las escaleras mientras Daniel recogía la camiseta del suelo y se la ponía a toda prisa. La camisa de cuadros quedó junto al sofá.

Entonces escucharon la puerta. Una llave entró en la cerradura. Ellie se quedó petrificada.

—No...

Daniel terminó de bajar la camiseta sobre su torso. Intentó abrocharse el pantalón, pero la puerta ya se estaba abriendo. Richard entró.

Sus ojos encontraron primero a Ellie, con el vestido todavía desarreglado y el cabello revuelto. Después recorrieron la sala hasta detenerse en Daniel: la camiseta puesta apresuradamente, el rostro encendido y el pantalón todavía desabrochado.

No necesitó preguntar qué había estado a punto de ocurrir.

Su expresión cambió por completo.

—Tú...

Daniel terminó de arreglarse el pantalón y dio un paso al frente.

—Señor, yo...

Richard lo golpeó antes de que pudiera terminar.

—¡Papá! — gritó Ellie

El impacto hizo retroceder a Daniel. El sabor metálico de la sangre apareció inmediatamente en su boca. una sensación que no tenía desde hacía mucho. Durante una fracción de segundo lo sorprendió la fuerza del golpe. No esperaba algo así de un hombre de Imisy.

Pero no respondió. Richard volvió los ojos hacia su hija.

—¿Quién es?

—Papá...

—¡¿Qué hace aquí?!

Daniel respiró hondo.

—No es su culpa.

Richard lo miró.