18 Una oportunidad perfecta #2
Ellie asintió y se dirigió hacia el costado de la casa. Daniel rodeó la propiedad y llegó hasta la entrada principal. Mientras tanto, Richard aún en la habitación.
—Voy a despertarla.
Lara tragó saliva, Entonces alguien llamó a la puerta. Richard se detuvo.
—¿Quién demonios viene a esta hora?
Salió molesto de la habitación, Lara esperó apenas unos segundos antes de cerrar la puerta y correr hacia el balcón. Ellie estaba abajo.
—¡Rápido!
Abrió el ventanal y la ayudó a entrar. Ellie se quitó los zapatos y el hoodie con desesperación antes de meterse debajo de las cobijas. Lara apenas consiguió retirar las almohadas y regresar al escritorio cuando escuchó nuevamente los pasos de su padre. Richard apareció en la puerta.
—No había nadie.
Lara intentó parecer sorprendida.
—Qué raro.
—Algún idiota haciendo bromas.
Se acercó a la cama.
—Ellie.
Ella se movió lentamente y fingió despertar.
—¿Papá?
—¿Cómo están tus piernas?
La pregunta le produjo una sensación difícil de describir.
—Me duelen.
Richard frunció ligeramente el ceño.
—¿Crees que estarás bien dentro de dos días?
—No lo sé.
—Mañana no irás a clases. Ponte hielo y descansa. Acaba de llegarme la confirmación: dentro de dos días será la revisión para ingresar a la Academia de Artes.
Ellie sintió un nudo en el estómago.
—Está bien.
Richard se volvió hacia Lara.
—Tú también descansa. No quiero que llegues agotada a la revisión.
—Sí, papá.
—Buenas noches.
Cuando la puerta se cerró, ambas permanecieron completamente inmóviles. Esperaron. Lara soltó el aire.
—¡Eso estuvo demasiado cerca!
Ellie se cubrió el rostro con ambas manos.
—Casi nos descubre.
—Tu novio acaba de tocar la puerta de mi padre en plena madrugada para distraerlo.
Ellie la miró.
—No creo que haya sido la decisión más inteligente de su vida.
—Funcionó.
—Eso sí.
Las dos rieron por lo bajo. Lara se sentó al borde de la cama.
—¿Cómo te fue?
La sonrisa de Ellie desapareció poco a poco.
—Bien.
—Esa cara no significa solamente «bien».
Ellie bajó la mirada.
—Hablamos de muchas cosas.
—¿Y?
Guardó silencio unos segundos.
—Ahora estoy más segura que nunca.
Lara la observó con atención.
—¿De Daniel?
Ellie asintió.
—Quiero irme con él.
Esta vez Lara no mostró sorpresa. Se quedó pensando.
Después miró hacia la puerta.
—Entonces quizá no deberías esperar más.
Ellie frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Mamá sigue en Excelso con Jimmy por los exámenes médicos.
—Sí.
—Y papá tendrá que llevarme a la revisión.
Ellie se quedó inmóvil. Lara continuó:
—Si tus piernas siguen así, no va a llevarte. Te quedarás aquí.
Ambas comprendieron al mismo tiempo.
—Sola... —murmuró Ellie.
—Todo el día.
El corazón comenzó a latirle con fuerza, Era la oportunidad perfecta,
Sin tener que escapar de madrugada, Sin trepar por ventanas, Sin correr el riesgo de que su padre estuviera en la habitación contigua, Podría preparar sus cosas con calma y marcharse antes de que Richard regresara.
—Puedo irme ese día.
Lara asintió.
—Creo que deberías hacerlo.
Ellie la miró sorprendida.
—¿Estás segura?
La expresión de Lara cambió apenas.
—No quiero que vuelvas a terminar así.
Ellie sintió que se le cerraba la garganta.
—Pero Christopher...
Lara bajó la mirada. Ambas sabían qué significaba aquello. Si Ellie desaparecía, la responsabilidad del compromiso podía terminar recayendo sobre su hermana menor.
—Lo siento —murmuró Ellie—. Sé lo que podría pasar si me voy.
Lara permaneció callada unos segundos. Después tomó su mano.
—Prefiero enfrentarme a eso que verte casarte con alguien que no amas.
—Lara...
—Además, todavía no sabemos qué va a pasar. No arruines tu oportunidad pensando en todas las cosas horribles que podrían ocurrir después.
Ellie la abrazó.
—Voy a visitarte.
—Más te vale.
—Siempre.
—Y mañana empiezas a preparar tus cosas.
Ellie asintió contra su hombro, Esta vez la decisión se sintió real, Ya no era una fantasía pronunciada entre lágrimas, Tenía una oportunidad y pensaba aprovecharla.
Horas después, Ellie cerró los ojos y apareció en la Sala del Destino, Caminó directamente hacia la caja. Daniel todavía no estaba allí., Frunció el ceño. Era extraño. Normalmente él llegaba antes. Esperó algunos minutos, pero el tiempo continuó pasando.
“¿Le habrá ocurrido algo?”
Finalmente sacó la moneda dorada y la dejó caer dentro de la caja. La energía violeta reaccionó de inmediato, envolviéndola entre las demás. Ellie estaba a punto de marcharse cuando escuchó pasos apresurados.
—Lamento la demora.
Se volvió. Daniel se acercaba rápidamente.
—Daniel.
—Perdón. Después de regresar a Gehena necesitaba... ordenar un poco la cabeza.
Ellie sonrió.
—¿Por mí?
Daniel la miró.
—Principalmente.
Ella se acercó y le dio un beso.
—Entonces te perdono.
—Gracias.
Daniel miró la caja.
—¿Tu padre sospechó algo?
—No. Tu distracción funcionó.
—Perfecto.
—Aunque tocar la puerta de mi casa a esas horas fue una locura.
—Fue lo primero que se me ocurrió.
—Lara cree que eres un genio.
—Siempre me cayó bien tu hermana.
Ellie rio.
Daniel sacó su moneda negra.
—¿Qué te dijo tu padre?
—Dentro de dos días será la revisión para entrar a la Academia. No sabe si podré asistir por las heridas, pero Lara sí irá.
—Entonces realmente va a ocurrir.
—Parece que sí.
Daniel la observó.
—Vas a estar bien.
Ellie sonrió débilmente.
—Eso espero.
No le contó todavía lo que había hablado con Lara, Quería hacerlo cuando todo estuviera listo, Cuando pudiera mirarlo a los ojos y decirle que no estaba hablando de algún día. Que realmente había elegido irse con él., Daniel depositó su moneda., La energía violeta se agitó nuevamente.
—Ya está.
Ellie contempló la caja.
—Cuando empiece la Academia probablemente tendré mucho menos tiempo.
Daniel asintió.
—Encontraremos la manera.
—¿Cómo?
—Tienes mi número. Conoces el callejón. Sabes cómo llegar a Gehena...
—Tienes respuesta para todo.
—Intento tenerla.
Ellie sonrió.
—Entonces tengo otra pregunta.
—Dime.
—¿Te gustaría venir a mi casa a ver una película?
Daniel abrió mucho los ojos.
—¿A tu casa?
—Sí.
—¿Con tu padre allí?
—Obviamente no.
Ellie rio.
—Mamá sigue en Excelso con Jimmy. Y dentro de dos días papá tendrá que acompañar a Lara a la revisión. Si sigo así, yo me quedaré en casa.
Daniel miró sus piernas.
—Espero que estés mejor para entonces.
—Yo también. Pero probablemente no lo suficiente para ir.
—Ya veo.
Ellie juntó las manos detrás de la espalda.
—Entonces... ¿quieres venir?
Daniel fingió pensarlo.
—No sé.
Ellie entrecerró los ojos. Él no resistió ni dos segundos.
—¿Cómo podría decirte que no?
Ella sonrió y lo abrazó.
—Entonces te avisaré cuando se vayan.
—Perfecto.
—Voy a preparar algo para comer.
—Ahora tengo todavía más razones para ir.
—No esperes demasiado. La última vez casi incendio la cocina.
Daniel soltó una carcajada.
—Prometo no quejarme.
Ellie se separó y ambos volvieron la mirada hacia la caja.
La energía violeta recorría las monedas acumuladas en su interior.
—Solo faltan cuatro —dijo ella.
Daniel asintió, Cuatro monedas, Dos noches más.
—Después estará completamente llena.
—¿Y qué ocurrirá?
—Por lo que sé, se sellará.
Ellie lo miró.
—¿Cómo?
Daniel señaló algunas estructuras más alejadas.
—¿Has visto las cajas blancas?
Ella siguió la dirección de su mirada.
—Sí.
—Son cajas que completaron el proceso. Cuando reciben todas las monedas, la energía termina de estabilizarse y la caja cambia de apariencia. Queda sellada en mármol.
Ellie contempló las estructuras blancas con renovada curiosidad.
—Nunca imaginé que significaran eso.
—Yo tampoco hasta que empecé a preguntar.
—Entonces dentro de dos días tendremos una de esas.
Daniel volvió la mirada hacia ella.
—Dentro de dos días.
Ellie sonrió. Él sintió una calidez inmediata en el pecho, Habían estado tan cerca de abandonar aquello, Ahora faltaban únicamente cuatro monedas. Ellie miró alrededor.
—Creo que debería regresar.
—Sí. Necesitas descansar.
—Nos vemos pronto.
Se puso de puntillas y le dio un beso.
—Adiós.
—Adiós.
Ellie comenzó a alejarse, Daniel permaneció frente a la caja observándola marcharse. Antes de desaparecer al final del corredor, ella se detuvo.
Se volvió hacia él, Daniel levantó una ceja. Ellie llevó una mano hasta sus labios, besó la palma y sopló el beso en su dirección. Daniel soltó una risa, Ella desapareció, Él se quedó allí unos segundos más, todavía sonriendo. Después caminó hacia su propio portal y atravesó el umbral.
Cuando abrió los ojos en Gehena, el amanecer comenzaba a iluminar el horizonte.
Daniel pensó en Ellie, En la película que verían juntos, En la cabaña que había prometido construir y en aquellas cuatro monedas que todavía faltaban.
Por primera vez, el futuro parecía tan cercano que casi podía tocarlo.