16 La promesa #2
Una sonrisa comenzó a aparecer lentamente en su rostro.
—Estoy segura.
La sonrisa de Daniel vaciló apenas.
—¿No te importa que sea de Gehena? No tengo mucho que ofrecerte.
Ellie dejó de reír. Otra vez. Otra vez hablaba de sí mismo como si ella estuviera aceptando algo inferior por elegirlo.
—¿Por qué siempre dices eso?
Daniel pareció desconcertado.
—¿Qué cosa?
—Que eres de Gehena como si fuera una advertencia. O que no tienes nada que ofrecerme.
Él apartó la mirada. no queria tocar ese tema
—No sabes cuánto quería escucharte decir que querías ser mi novia —admitió.
Ella sonrió.
Daniel acarició su mejilla y se inclinó despacio. Ellie cerró los ojos antes de que sus labios se encontraran. Cuando se separaron, ambos estaban sonriendo. Comenzaron a caminar por la orilla cuando el cielo empezaba a oscurecer.
Daniel contempló el mar.
—¿Sabes qué quedaría bien aquí?
—¿Qué?
—Una cabaña.
Ellie lo miró.
—¿Aquí?
—Sí. Cerca del bosque, pero con vista al mar.
Ella intentó imaginarla.
—Sería precioso.
Daniel señaló un punto algo más elevado de la costa.
—Algún día podría construir una allí.
Ellie rio.
—¿Tú sabes construir una casa?
Daniel guardó silencio.
—Puedo aprender.
Ellie rio y él terminó haciéndolo también.
—A mí me gustaría vivir en un lugar así algún día —confesó ella.
Daniel la observó.
—¿Aquí?
Ellie asintió.
Todavía no le habló del cumpleaños de Lara ni de la decisión que comenzaba a tomar. Primero necesitaba estar segura de que podía hacerlo. Después tendría que contarle todo a Daniel.
—Entonces te prometo algo —dijo él.
—¿Qué?
Daniel señaló nuevamente aquel espacio frente al mar.
—Algún día habrá una cabaña ahí. y será solo para ti
Ellie sonrió.
—¿En serio?
—Lo prometo.
Daniel le ofreció el meñique.
Ellie lo miró, divertida.
—¿lo prometes?
—Una promesa es una promesa.
Ella entrelazó su meñique con el suyo.
—Entonces muero por verla
Daniel contempló el lugar nuevamente.
“Algún día.”
Aunque, en su cabeza, ya estaba intentando imaginar cómo construirla.
El regreso fue largo. Atravesaron nuevamente el bosque y, al llegar al abismo, Daniel volvió a asegurarse de que Ellie estuviera bien sujeta antes de ayudarla a cruzar.
Después continuaron hasta el túnel que comunicaba Gehena con Imisy
Antes de salir, Daniel se detuvo.
—Hay bastante gente en el parque. Será mejor que salgamos separados.
Ellie asintió.
—De acuerdo.
Permanecieron mirándose unos segundos.
Ahora resultaba extraño despedirse como si nada hubiera cambiado.
Ellie se acercó primero.
Daniel sonrió y la besó. Fue un beso breve, todavía tímido.
—Sal tú primero —murmuró él.
—Nos vemos.
Daniel abrió la compuerta y la ayudó a subir.
Esperó hasta escuchar sus pasos alejándose antes de apoyar la espalda contra la pared.
Una sonrisa enorme apareció en su rostro.
—Mi novia...
Lo dijo otra vez, simplemente porque podía.
Cuando regresó a la tienda, Lyam lo recibió con una mirada poco amistosa.
—No puedes desaparecer cada vez que se te ocurre.
Daniel se quitó la chaqueta.
—Lo sé. Lo siento.
—Pues no parece que lo sientas demasiado.
Daniel intentó controlar la sonrisa.
No pudo.
Lyam arqueó una ceja.
—¿Qué te pasa?
—Nada.
Ryan levantó la mirada desde el mostrador.
—Yo también quiero saber de dónde viene esa cara.
Daniel no resistió más.
—¡Ellie es mi novia!
Ryan parpadeó.
—¿Ellie?
—Sí.
La alegría en la voz de Daniel hizo que Ryan sonriera también.
—Vaya. Felicidades, hijo.
Daniel se acercó al mostrador.
—Y dijo que algún día le gustaría vivir en Gehena.
La sonrisa de Ryan perdió un poco de entusiasmo.
—¿Algún día?
—Daniel...
Ryan negó con la cabeza, aunque seguía sonriendo.
—Me alegra verte feliz. Pero no confundas un deseo con un plan. Los dos son muy jóvenes y ella tiene una familia con la que tendrá que resolver muchas cosas.
—Lo sé.
—Entonces disfruta lo que tienes ahora. Ya habrá tiempo para pensar en el resto.
Daniel asintió.
—Está bien.
Desde el otro extremo de la tienda, Lyam continuaba organizando algunos paquetes.
—Mira quién consiguió novia —comentó sin levantar la cabeza.
Daniel lo miró.
—¿Sorprendido?
—Un poco.
Lyam esbozó una sonrisa difícil de interpretar y continuó trabajando.
Daniel decidió ignorarlo, Nada podía arruinarle aquel día. Durante los siguientes días, Ellie comenzó a acostumbrarse a una realidad completamente nueva: tenía novio.
Todavía tenía que ocultarlo prácticamente de todo el mundo, pero aquello no conseguía quitarle la sonrisa cada vez que recibía un mensaje de Daniel. Una tarde, al salir de clases con Lara, sintió vibrar el teléfono. Miró discretamente la pantalla.
“Estoy cerca.”
Ellie levantó la vista y buscó alrededor hasta localizarlo al otro lado de la calle, esperando cerca de un callejón.
—Lara...
—¿Sí?
—Olvidé algo. ¿Me esperas cinco minutos?
—¿Quieres que vaya contigo?
—No hace falta.
Lara la observó durante un segundo, Después vio la sonrisa que Ellie intentaba ocultar.
—Claro. Cinco minutos.
—Gracias.
Ellie se alejó rápidamente y entró en el callejón. Daniel la esperaba al fondo.
En cuanto lo vio, corrió hacia él y lo abrazó.
—Hola.
Daniel la rodeó con los brazos.
—Hola.
—Te extrañé.
—Nos vimos anoche.
—Eso no significa que no pueda extrañarte.
Daniel sonrió.
—¿Estás mejor con lo de la Academia?
Ellie asintió.
—Hablé con Lara y mi padre nos explicó mejor cómo funcionará. Al graduarnos tendríamos trabajo asegurado en una empresa de moda de Excelso.
—¿Y la licenciatura?
Ellie lo miró.
—No voy a renunciar.
—Bien.
—Voy a cumplir con la Academia mientras sea necesario, pero seguiré estudiando por mi cuenta.
Daniel asintió satisfecho.
—Entonces yo buscaré esos libros.
—Lo prometiste.
—Y pienso cumplirlo.
Ellie sonrió, Miró alrededor.
—Este callejón casi siempre está vacío.
Daniel siguió su mirada.
—Y está cerca de tu casa.
—Podríamos encontrarnos aquí algunas veces. Lara puede cubrirme.
—Me parece perfecto.
Ellie apoyó las manos sobre su pecho.
—Entonces este será nuestro lugar secreto.
—Uno de ellos.
—¿Tenemos más?
—Tenemos una playa entera.
Ellie rio.
Daniel se inclinó y la besó suavemente.
—Esta semana voy a estar bastante ocupado —dijo al separarse—. Escríbeme cuando puedas.
—Lo haré.
—Y yo empezaré a buscarte material de estudio.
—Gracias.
Ellie le dio un último beso antes de regresar con su hermana. Lara estaba esperándola en la cafetería de la esquina.
—Ya llegué.
—¿Encontraste lo que habías olvidado?
Ellie pensó en Daniel, en los libros que había prometido conseguirle y, sin poder evitarlo, en aquella playa lejana de Gehena.
En una cabaña que todavía no existía.
—Sí —respondió con una pequeña sonrisa—. Ya lo encontré.
Lara la observó con sospecha, pero no preguntó. Ambas emprendieron el camino a casa.
Y mientras avanzaba junto a su hermana, Ellie comprendió que todavía no tenía control sobre muchas cosas de su vida. Pero empezaba, poco a poco, a elegir cuáles serían las que nadie volvería a decidir por ella.