La Moneda Del Destino 14 ¿Qué quieres de mí? #2
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14 ¿Qué quieres de mí? #2

—Porque la otra persona también está tomando esto en serio.

El silencio cayó sobre la mesa. Daniel cerró el libro.

—Tengo que irme. Espero que les sirva para la tarea.

—Daniel...

—Nos vemos.

Recogió su mochila y se alejó.

Nicole observó a Ellie.

—¿Estás bien?

—Sí.

Pero ya estaba guardando sus cosas.

—Tengo que volver a casa.

Salió de la biblioteca antes de que pudieran detenerla.

—¡Daniel!

Él se detuvo en mitad de la acera. No se volvió inmediatamente.

Ellie llegó hasta él respirando con dificultad.

—¿Podemos hablar?

Daniel miró alrededor.

—No deberían vernos juntos.

—Solo un momento.

Él terminó enfrentándola.

—¿Esa pregunta era sobre nosotros?

Ellie bajó la mirada.

—Sí.

Daniel tragó saliva.

—Te dije desde el principio que no estabas obligada a continuar.

—Lo sé.

—Y cada noche has vuelto.

—Sí.

—Has puesto tu moneda. Has salido conmigo. Has venido a mi casa. —Su voz seguía siendo tranquila, pero había algo herido debajo—. Pensé que eso significaba que querías seguir conociéndome.

—Quiero hacerlo.

—Entonces no entiendo.

Ellie sintió que el pecho se le cerraba. Daniel apartó la mirada un instante.

—Quizá fui yo quien entendió mal todo esto.

—Daniel...

Él volvió a mirarla.

—¿Qué quieres de mí, Ellie?

Ella se quedó sin respuesta, No porque no sintiera nada, Precisamente porque empezaba a sentir demasiado. Las palabras de Lara regresaron a su memoria.

“Si no tienes intenciones de quedarte con él, lo único que estás haciendo es llenarlo de ilusiones.”

—Yo...

Daniel vio salir a Tiffany y Nicole por la puerta de la biblioteca.

—Vete. Nos van a ver.

—Pero...

—Hablamos después.

Se alejó antes de que Ellie pudiera detenerlo. Aquella noche, Ellie llevaba tanto tiempo mirando la misma página que ya ni siquiera recordaba qué estaba estudiando.

—Estás pensando en él.

La voz de Lara la hizo levantar la cabeza.

—Está molesto conmigo.

—¿Daniel?

Ellie asintió.

—Le hice entender que no estoy segura de querer estar con él.

Lara suspiró.

—Ellie...

—Ya sé lo que vas a decir.

—Entonces dime qué quieres.

Ellie cerró el libro.

—No lo sé.

—Eso no es verdad.

—Sí lo es.

—Entonces deja de verlo.

Ellie levantó la mirada.

—No puedo. — Lara guardó silencio. —Ese es el problema —murmuró Ellie.

—¿Por qué?

Los ojos comenzaron a llenársele de lágrimas.

—Porque creo que ya me enamoré de él. —Lara se quedó inmóvil. Ellie se cubrió el rostro. —No sé en qué momento ocurrió. Al principio solo quería saber por qué el destino lo había escogido. Después quería conocerlo... y ahora no quiero imaginar que deje de estar en mi vida.

—Entonces díselo.

—¿Y Christopher?

—Aún no has firmado el Contrato.

Ellie bajó lentamente las manos.

—Papá jamás va a permitirme rechazarlo.

Lara sintió que la culpa volvía a apretarle el pecho. Sabía demasiado bien que aquella carga podría haber recaído sobre ella.

—Todavía estás a tiempo.

—¿De qué? ¿De decirle a papá que no pienso casarme con el hombre que eligió? Sabes lo que haría.

Lara tragó saliva.

—Entonces escápate con Daniel.

Ellie la miró. Por primera vez no respondió inmediatamente que era imposible. Y eso asustó a ambas.

—Podría matarme si me encuentra —susurró.

—Lo sé.

—Y si me quedo...

No terminó. No necesitaba hacerlo.

Lara se acercó y tomó su mano.

—No tienes que decidirlo esta noche.

Ellie miró hacia la moneda que descansaba junto a su almohada. Quizá no pudiera decidir toda su vida aquella noche. Pero sí tenía que decidir qué hacer con Daniel. En cuanto llegó a la Sala del Destino, corrió hacia la caja. Daniel ya estaba allí. No había depositado su moneda.

—Daniel.

Él levantó la mirada.

—Necesito hablar contigo.

—Ellie, yo...

—Por favor.

Daniel guardó silencio.

—Hoy no pensaba ponerla —admitió finalmente, mostrando la moneda entre sus dedos—. Creo que he estado interpretando todo esto de una forma distinta a ti.

—No.

—Entonces explícame.

Ellie respiró hondo.

—No sé cómo resolver mi vida.

Daniel frunció ligeramente el ceño.

—Hay cosas que no puedo explicarte todavía. No porque no confíe en ti... sino porque ni siquiera sé qué voy a hacer con ellas.

La culpa le revolvió el estómago. Christopher seguía allí, escondido detrás de cada palabra.

—Pero sí sé algo.

Daniel esperó.

—Quiero estar contigo.

Su expresión cambió. Ellie continuó antes de perder el valor.

—Me gusta hablar contigo. Me gusta cuando vienes a buscarme, cuando estudiamos juntos, cuando me enseñas cosas que nunca he visto... —tragó saliva—. Y cuando estoy contigo siento una tranquilidad que no tengo en ningún otro lugar.

Daniel bajó lentamente la moneda.

—Ellie...

—Toda mi vida he tenido miedo de los hombres. Crecí pensando que todos podían convertirse en alguien como mi padre si les dabas suficiente poder sobre ti.

Daniel permaneció inmóvil.

—Pero contigo no siento eso.

Los ojos de Ellie comenzaron a humedecerse.

—Contigo me siento segura. Siento que en tus brazos siempre estoy a salvo.

Daniel cerró los ojos un instante. Toda la rabia que había acumulado durante el día se deshizo.

—Entonces ¿por qué tienes miedo de continuar?

Ellie bajó la mirada.

—Porque quererte no soluciona todo lo demás.

Daniel sintió que el corazón le daba un golpe.

“Quererte.”

Ellie pareció darse cuenta demasiado tarde de la palabra que había utilizado.

—Yo...

Daniel se acercó.

—No tienes que explicármelo toda esta noche.

—Pero te estoy haciendo daño.

—Sí —admitió.

Ellie levantó los ojos, sorprendida por la sinceridad.

—Porque esto también me importa. Mucho.

Daniel miró la moneda que todavía sostenía, Durante semanas había intentado entender qué era exactamente aquello que sentía.

Había sido fascinación al principio, después nervios, necesidad de verla, miedo de perderla.

Había buscado explicaciones en Ryan, en libros y hasta en su propia inexperiencia.

Pero ya no necesitaba seguir buscando una palabra. La conocía.

—Estoy enamorado de ti.

Ellie dejó de respirar durante un segundo. Daniel tampoco pareció completamente preparado para escucharse decirlo. Pero era verdad.

—Daniel...

—No te lo digo para obligarte a sentir lo mismo. —La miró directamente—. Si tú no quieres estar conmigo, voy a respetarlo. Pero necesito saberlo, Ellie. No puedo seguir fingiendo que para mí esto no significa nada. Ella sintió que las lágrimas finalmente escapaban.

—No quiero que te alejes de mí.

—Eso no responde mi pregunta.

Ellie soltó una pequeña risa entre lágrimas. Daniel sonrió apenas.

—Mañana —dijo ella—. Te prometo que mañana te daré una respuesta.

Él permaneció pensativo.

—¿Una respuesta de verdad?

—Sí.

—Está bien.

Daniel se acercó a la caja, Miró su moneda por última vez y la introdujo en la ranura. La energía violácea reaccionó inmediatamente a su llegada, Ellie contempló el interior. Daniel acababa de elegir continuar, Ahora le correspondía a ella decidir qué hacer con esa elección.

—Hasta mañana, Ellie.

—Hasta mañana.

Daniel comenzó a alejarse.

—Daniel.

Él volvió la cabeza, Ellie sonrió débilmente.

—Gracias por esperarme.

Daniel respondió con la misma suavidad.

—Mañana.

Después se alejó lentamente hasta que ella lo perdió de viste y este cruzó su portal.

Ellie quedó sola frente a la caja, con su moneda todavía entre los dedos. Por primera vez desde que había comenzado todo, ya no se preguntaba qué sentía por Daniel, Eso lo sabía. Lo que tenía que decidir era cuánto estaba dispuesta a arriesgar para elegirlo.