La Moneda Del Destino 12 Marcas
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Al día siguiente, Daniel despertó antes de que terminara de amanecer. Salió hacia el lago y se sumergió en sus aguas todavía frías, pero aquella mañana le resultó imposible nadar sin recordar que apenas unas horas antes Ellie había estado allí con él.

La imagen le arrancó una sonrisa. Después de un rato regresó a la cabaña, se vistió y se dirigió a Imisy. Trabajó con Ryan durante toda la mañana y, al terminar su turno, decidió caminar un poco antes de regresar a Gehena. Fue entonces cuando escuchó un nombre entre varias voces.

—Pobre Ellie...

Daniel se detuvo, vio a la distancia a Lara y Nicole, se acercó y sin rodeos preguntó

—¿Qué pasó con Ellie?

Lara pareció aliviada al verlo.

—¡Daniel! Jimmy se perdió. Estábamos acompañando a papá con unas diligencias y estaba con Ellie, pero se escapó. Papá está furioso y todavía no lo encontramos.

Daniel no necesitó escuchar más.

—¿Dónde lo vieron por última vez?

Lara señaló una calle cercana.

Daniel ganó altura subiendo a uno de los edificios y recorrió la zona con la mirada.

Desde allí alcanzó a distinguir a Richard a varias calles de distancia.

Ellie estaba frente a él, con la cabeza agachada mientras su padre le gritaba.

Tenía el rostro cubierto de lágrimas. Daniel apretó la mandíbula.

“Primero el niño.”

Se desplazó rápidamente entre las construcciones hasta que distinguió una cabellera cobriza alejándose entre las calles.

—Ahí estás...

Descendió y alcanzó al pequeño poco después.

—Jimmy.

El niño se sobresaltó.

—¿Por qué te fuiste?

—Estaba jugando... y después no supe cómo regresar.

Daniel suspiró y lo subió sobre sus hombros.

—Vamos con tu familia.

Jimmy se sujetó a él, pero permaneció extrañamente callado.

—¿Qué ocurre?

—Papá le va a pegar a Ellie por mi culpa.

Daniel redujo el paso.

—¿Le pega?

Jimmy bajó la mirada.

—A veces.

Aquella respuesta bastó.

Cuando llegaron, Richard seguía reprendiendo a Ellie.

—¡Si algo le sucede, será tu responsabilidad! ¡Te dije que no lo perdieras de vista!

Ellie apenas levantaba la cabeza. Daniel se acercó con Jimmy.

—Disculpe.

Richard se volvió.

—Creo que este pequeño viene con ustedes. Lo encontré unas calles más allá.

Ellie alzó la mirada.

—¡Jimmy!

Corrió hacia su hermano y lo abrazó con fuerza. Después miró a Daniel, No dijo nada, pero sus labios formaron una palabra silenciosa.

Gracias.

Daniel respondió con una pequeña inclinación de cabeza.

—Gracias, joven —dijo Richard.

—No hay de qué, señor.

Daniel se marchó antes de hacer algo de lo que pudiera arrepentirse. Lara pasó corriendo a su lado para reunirse con su familia. Nicole se detuvo apenas un instante.

—Gracias por encontrarlo. —Comentó Nicole

—No fue nada.

—Para ellas sí.

Daniel permaneció mirando hacia el lugar donde había dejado a Ellie. Las palabras de Jimmy continuaban resonando dentro de su cabeza.

***

Esa noche, Ellie permanecía boca abajo sobre la cama, con el rostro hundido en la almohada. Lara estaba sentada junto a ella.

—Lo siento...

Su mirada descendió hacia las marcas visibles sobre las piernas de su hermana. Cuando intentó acariciarla, Ellie se tensó de dolor. Lara retiró inmediatamente la mano.

—Descansa.

Ellie no respondió, Se cubrió con la manta y cerró los ojos. Sin embargo, en lugar de dormir, recordó el bosque. Daniel alzando la voz después de rescatarla, El miedo que la había hecho cubrirse el rostro, Y después... Nada, Solo unos brazos rodeándola.

“Está bien. Ya pasó.”

Ellie abrió los ojos, No sabía por qué, pero en aquel momento lo único que deseaba era verlo. Se incorporó con cuidado, eligió un vestido que cubriera sus piernas y se puso un saco negro con capucha. Después tomó la moneda y volvió a recostarse.

Cuando abrió los ojos, estaba en la Sala del Destino, Caminó por los corredores procurando mantener el cabello oculto. Daniel estaba frente a su caja. Ellie se detuvo. “No quiero que me vea así.”

Esperó escondida a cierta distancia, pero Daniel parecía incapaz de marcharse. Se sentaba, volvía a levantarse y miraba constantemente hacia el corredor.

—Supongo que hoy no vendrá...

Ellie retrocedió instintivamente cuando él giró en su dirección.

Daniel entrecerró los ojos. “¿Ellie?” Ella se ocultó, Daniel permaneció quieto unos segundos y después comenzó a caminar en dirección contraria.

Ellie esperó hasta perderlo de vista, Se acercó rápidamente a la caja y levantó la moneda.

—¿Por qué te escondes de mí?

Ellie dio un respingo.

—¡Daniel!

Él estaba detrás de ella.

—Pensé que te habías ido.

—Estaba preocupado.

Daniel la observó.

—¿Estás bien?

—Sí.

—Entonces ¿por qué huyes?

Ellie bajó la mirada.

—Hoy no quiero hablar con nadie.

Daniel guardó silencio. Después tomó suavemente su mano y la guio hasta la ranura de la caja.

—Está bien.

Ellie depositó la moneda.

—No voy a molestarte —añadió él—. Solo quería saber que estabas bien.

Se dio media vuelta, Ellie lo observó alejarse, Antes de pensarlo demasiado, La peirroja estiró la mano y sujetó su camisa. Daniel se detuvo.

—¿Ellie?

Ella no respondió, Simplemente apoyó la frente contra su pecho. Daniel dudó apenas un instante antes de rodearla con los brazos., Eso bastó. Ellie comenzó a llorar, Daniel no preguntó qué había ocurrido.

La acompañó hasta sentarse en el suelo y ella terminó recostada contra su pecho mientras él la sostenía en silencio. Poco a poco, su respiración comenzó a tranquilizarse.

—Perdón por molestarte —murmuró Ellie.

—No estás molestando. —Ella cerró los ojos. —Puedes buscarme cuando lo necesites.

Una pequeña sonrisa apareció entre sus lágrimas. Permanecieron así durante un rato. Cuando Ellie cambió de posición, hizo una mueca de dolor. Daniel lo notó.

—¿Qué pasa?

—Nada.

Entonces vio una pequeña mancha rojiza en la tela del vestido.

Su expresión cambió.

—Ellie... —Ella miró hacia abajo. Daniel dudó. —¿Puedo mirar?

Ellie tardó unos segundos en asentir, Daniel levantó cuidadosamente la tela hasta descubrir parte de sus piernas.

Se quedó inmóvil, Había marcas recientes sobre su piel. Algunas heridas aún permanecían abiertas. Daniel apretó la mandíbula y tomó aire lentamente.

Tuvo que apartar la mirada unos segundos antes de confiar en su propia voz.

—¿Fue él? — Ellie no respondió, No hacía falta. Daniel volvió a cubrirla con cuidado, Después la abrazó.—Lo siento.

Ellie volvió a llorar en silencio. Daniel separó ligeramente el rostro y secó una de sus lágrimas con el pulgar antes de darle un beso suave en la frente.

—Tengo un teléfono por el trabajo —dijo—. Es el número de la mensajería, pero lo manejo yo casi todo el tiempo.

Ellie levantó la mirada.

—Guárdalo. Si alguna vez estás en peligro, escríbeme.

—Daniel...

—No importa la hora.

Ella asintió.

—Gracias.

Daniel la ayudó a levantarse.

—Ya casi amanece.

—Sí.

Antes de marcharse, Ellie lo miró una vez más.

—Gracias por quedarte conmigo.

—Cuando quieras.

Ella regresó a su portal. Cuando Ellie despertó, Lara estaba sentada sobre la cama observándola.

—¿Qué?

—¿Cómo estás?

—Mejor.

Lara sonrió.

—Se nota.

—¿Por qué?

—Porque estabas sonriendo dormida.

Ellie frunció el ceño.

—Y dijiste «Daniel».

—¿Qué?

Lara soltó una pequeña risa.

—No te preocupes. Solo procura que papá no te escuche.

Ellie se cubrió parcialmente el rostro con la manta.

—Qué vergüenza...

—Yo tengo que irme a estudiar. Tú quédate descansando.

Ellie asintió.

***

Daniel despertó en Gehena con una sensación completamente distinta. Las marcas sobre las piernas de Ellie no habían abandonado su cabeza. “Así que por eso le tiene tanto miedo.” Se preparó para ir a trabajar, pero durante todo el camino estuvo intentando encontrar una solución, Podría llevársela.

El pensamiento apareció con una naturalidad que no lo sorprendió.

En Gehena, muchos hombres habrían considerado aquella la solución evidente: sacar a una mujer del peligro, llevarla a un lugar seguro y mantenerla allí.

Daniel incluso podía imaginarla en su cabaña, lejos de Richard, Pero inmediatamente vio el problema.

“No.”

Sería otra forma de encerrarla. Quizá tendría un lago y un bosque, pero seguiría siendo una prisión si ella no había elegido estar allí. Daniel frunció el ceño.

“No quiero que me tema.”

Y mucho menos convertirse en otra persona que decidiera por ella.

***

Cuando llegó a la mensajería, apenas saludó. Ryan lo observó desde lejos mientras él organizaba paquetes en la bodega.

—Daniel.

—¿Eh?

—Te he llamado varias veces.

—Perdón.

—¿Estás bien?

—Tengo muchas cosas en la cabeza.

Ryan no insistió, Daniel regresó al trabajo. Por la tarde sonó la campana de la puerta.

—Buenas tardes —saludó Ryan.

Después reconoció a los visitantes.

—Daniel, ¿puedes atenderlos?

—Sí.

Daniel salió de la bodega.

—Buenas tar...

Se detuvo, Richard Williams estaba frente al mostrador.

Ellie permanecía a su lado. Daniel sintió una oleada de rabia tan intensa que tuvo que tomar aire antes de continuar.

—Buenas tardes, señor.

—Quiero saber si llegó una carta a mi nombre. Richard Williams

—Permítame comprobarlo.

Daniel revisó los registros procurando no mirar demasiado hacia Ellie. Ella mantenía los ojos clavados en el suelo.

—Lo siento, señor Williams. No hay correspondencia registrada a su nombre.

Richard frunció el ceño.

—Si quiere, puede llevarse nuestra tarjeta. También podemos avisarle si llega algo.

—Bien.

Daniel le entregó una, Mientras Richard se giraba, deslizó discretamente otra hacia Ellie, Ella la tomó y la guardó inmediatamente. Ryan observó el intercambio desde las escaleras, pero no dijo nada.

—Que tenga buena tarde, señor Williams.

Richard salió sin responder. Daniel esperó a que la puerta se cerrara. Después regresó a la bodega.

—Qué agradable —murmuró entre dientes.

Continuó trabajando mucho después de que hubiera terminado su turno. Ryan apareció en la entrada.

—Hijo.

Daniel no levantó la cabeza.

—Ya casi termino.

—Eso puede hacerlo alguien mañana.

—Prefiero hacerlo yo.

Ryan lo observó.

—¿Qué pasó?

Daniel se quedó quieto.

—Algo con Ellie y su padre.

—¿Quieres hablar de ello?

—Ahora no.

—Está bien.

Ryan se acercó y apoyó una mano sobre la suya.

—Pero necesitas descansar.

Daniel levantó la mirada. La rabia que todavía contenía debió de reflejarse demasiado en su rostro porque Ryan se quedó inmóvil. Daniel lo notó y suavizó inmediatamente la expresión.

—Perdón.

Ryan negó.

—Ve a casa.

Daniel asintió.

—Sí, padre.

Cuando regresó a la cabaña, dejó el teléfono sobre la mesa y se tumbó en la cama.

Un sonido lo hizo incorporarse. Había recibido un mensaje.

“Hola.”

Daniel frunció ligeramente el ceño.

“Buenas noches. ¿Quién es?”

La respuesta llegó poco después.

” ¿Hablo con Daniel?”

Daniel se incorporó.

” Sí.”

Pasaron unos segundos.

” Soy Ellie. Perdón por escribir tan tarde.”

Una sonrisa apareció inmediatamente en su rostro.

” No importa. Acabo de llegar. ¿Estás bien?”

” Sí. Solo quería comprobar que el número funcionara.”

Daniel sonrió todavía más.

” Funciona. Puedes escribirme cuando quieras.”

” Tendré que borrar las conversaciones. Mi padre revisa algunas cosas.”

Daniel sintió que la sonrisa desaparecía parcialmente.

” Lo entiendo. No te preocupes.”

” Lara pregunta si también puede guardar tu número.”

” Claro.”

” Gracias.”

” Descansa. Ya es tarde.”

” Sí. Hoy no podré ir a la Sala del Destino.”

” No importa. Solo descansa.”

Ellie tardó un momento.

” Buenas noches, Daniel.”

” Buenas noches, Ellie.”

Daniel dejó el teléfono sobre su pecho. Pasaron unos segundos, Después volvió a tomarlo, Releyó la conversación.

Una vez, Luego otra. Cuando finalmente apagó la pantalla, la rabia que lo había acompañado durante todo el día ya no pesaba de la misma manera.

Ellie tenía su número. Y, por primera vez, podía buscarlo sin necesidad de esperar a que el destino los llevara al mismo lugar.