11 La segunda oportunidad #4
Ellie regresó detrás de los arbustos, Daniel se sentó frente a la fogata, Necesitaba ordenar su cabeza. Cerró los ojos, pero la imagen regresó inmediatamente.
No entendía por qué aquella vez había sido diferente. Entonces recordó a Ryan.
“Solo recuerda que estar a solas con alguien que te gusta puede hacerte olvidar los límites.” Daniel abrió los ojos.
Ahora comprendía un poco mejor por qué se lo había dicho.
Tomó aire y dirigió toda su atención hacia el fuego.Cuando Ellie regresó, llevaba nuevamente su ropa y la toalla alrededor de los hombros.
Daniel había acomodado un tronco cerca de la fogata.
—Siéntate. Necesitas entrar en calor.
Ellie obedeció.
—¿Estás bien? —preguntó ella.
—Sí.
Respondió demasiado rápido. Ellie decidió no insistir. Daniel recordó algo y abrió su mochila.
—Casi lo olvido.
Sacó un pequeño paquete.
—¿Qué es?
—Comida. La compré antes de ir por ti.
Ellie sonrió. Comieron frente al fuego, Después de todo lo ocurrido, aquella conversación insignificante terminó siendo uno de los momentos más tranquilos de la noche.
Ellie le preguntó por Robert. Daniel quiso saber qué asignatura odiaba más en la escuela.
Ella descubrió que él era incapaz de comprender por qué alguien estudiaría voluntariamente algo que no le gustara; Daniel descubrió que Ellie podía hablar durante varios minutos seguidos sobre un libro cuando realmente le gustaba.
Por un rato ninguno mencionó el destino, Ni Gehena, Ni las monedas, Y Ellie volvió a olvidar aquello que había salido de casa decidida a contarle. Christopher.
Era pasada la una y media cuando emprendieron el regreso. Daniel la condujo nuevamente por la misma ruta, tomando todas las precauciones del viaje de ida. Al llegar al túnel, Ellie observó la compuerta con curiosidad.
—¿Entonces esto es lo que utilizas para pasar de una ciudad a otra?
—Así lo descubrí.
—¿Crees que exista algo parecido hacia Excelso?
Daniel la miró.
—No lo sé. Nunca lo he buscado.
—¿Cómo encontraste este?
—Por accidente. Era niño.
Ellie asintió, pensativa. Daniel cerró la compuerta. No volvieron a hablar del asunto. Cuando finalmente llegaron a la casa de Ellie, Daniel la ayudó a alcanzar el balcón. Lara abrió la ventana.
—Hola, Daniel —susurró.
—Hola.
Ellie entró y Daniel se dispuso a marcharse.
—Espera.
Él se volvió. Ellie sostuvo suavemente su brazo.
—Gracias por esta noche.
—No tienes que agradecerme.
—Sí tengo.
Daniel iba a responder cuando Ellie se inclinó y depositó un beso sobre su mejilla. Fue breve. Suave. Pero consiguió dejarlo completamente inmóvil.
—Buenas noches, Daniel.
Él parpadeó.
—Buenas... noches.
Bajó del balcón con mucho más cuidado del que normalmente habría necesitado. Caminó varios pasos antes de tocarse la mejilla. Ellie lo había besado. Volvió la cabeza.
Ella seguía en el balcón junto a Lara. Daniel sonrió. Después se marchó.
—¿Entonces? —preguntó Lara apenas cerraron la ventana.
—Entonces ¿qué?
—No finjas, tienes el cabello humedo
Ellie comenzó a quitarse las zapatillas.
—Me llevó a Gehena.
Lara se incorporó de golpe.
—¿Qué?
—Bueno... técnicamente vive en una zona aislada. Hay un bosque y un lago.
—Ellie, acabas de decir Gehena como si eso fuera un detalle menor.
—Atravesamos Gehena para llegar.
—¿Estás loca?
—Probablemente.
Lara la miró de arriba abajo.
—¿Y qué hicieron?
—Me enseñó a nadar.
—¿En mitad de la noche?
—Sí.
—¿Con qué ropa?
Ellie comprendió inmediatamente hacia dónde iba aquello.
—No empieces.
—Solo estoy preguntando.
—Me prestó ropa y me cambié detrás de unos arbustos.
Lara levantó las cejas.
—Ajá.
Ellie le lanzó una almohada. Ellie se cambió y se metió en la cama.
—Eres insoportable.
—Y tú te estás divirtiendo mucho para alguien que esta mañana no sabía si quería volver a verlo.
Ellie dejó de acomodar la manta, No respondió. Lara sonrió.
—Buenas noches.
—Buenas noches.
Ellie se giró hacia la pared. Al deslizar una mano bajo la almohada encontró la moneda.
La apretó entre los dedos, Había ido con la intención de contarle la verdad.
En cambio, había cruzado Gehena con él, conocido su hogar, aprendido a nadar y terminado besándolo.
Cerró los ojos. “Sí... lo disfruté.” Y precisamente eso era lo que empezaba a preocuparla.
***
Cuando Daniel regresó a la cabaña, encontró las toallas húmedas junto al fuego y sonrió. Ellie había querido volver a verlo, Había conocido Gehena, Había visto dónde vivía y aun después de todo aquello...Se tocó la mejilla, Lo había besado.
Entró en la cabaña y comenzó a ordenar las pocas cosas que había dejado fuera. Al llegar a la pequeña biblioteca, encontró los libros que había escondido apresuradamente, Sacó uno. Daniel contempló la portada.
—Supongo que no funcionó tan mal.
Lo devolvió al estante. Todavía no entendía a Ellie. No sabía qué significaba para ella aquella segunda salida, por qué había seguido depositando sus monedas ni por qué había decidido besarlo. Pero una pregunta llevaba toda la noche rondándole la cabeza.
¿Qué pensará ella de mí?
Se acostó. Esta vez, cuando cerró los ojos, no pensó en Gehena, en el destino ni en la caja. Pensó en el beso. Y se quedó dormido sonriendo.