La Moneda Del Destino 11 La segunda oportunidad
65%

11 La segunda oportunidad

Al amanecer, Daniel despertó con la moneda todavía apretada en la mano. Durante unos segundos la contempló, recordando la pieza dorada que había encontrado la noche anterior dentro de la caja.

Ellie había regresado. Aún no sabía qué significaba aquello.

No sabía si había decidido continuar, si simplemente necesitaba más tiempo o si aquella moneda había sido una despedida que él no comprendía.

Pero la había puesto, y por el momento esa certeza bastaba.

Dejó la moneda sobre la mesita de noche, recogió algunas pertenencias y salió rumbo al lago.

Se sumergió en sus aguas tranquilas y permaneció allí durante un largo rato, intentando ordenar la cantidad absurda de pensamientos que se acumulaban en su cabeza.

***

En Imisy, Ellie despertó con inquietudes bastante parecidas.

—¿Y? —preguntó Lara mientras se preparaban para ir a la escuela—. ¿No vas a contarme cómo te fue en tu primera cita con tu pareja predestinada?

Ellie tardó en responder.

—Descubrí algunas cosas sobre él.

—¿Qué cosas?

—Daniel vive en Gehena.

Lara se detuvo.

—¿En Gehena?

—Sí. Y eso no es lo peor. No tiene registro de nacimiento. Ni siquiera allí. Oficialmente, Daniel no existe.

La expresión de Lara pasó de la sorpresa a la confusión.

—¿Cómo puede alguien no existir?

—No lo sé. Se crio en Gehena, pero estudió aquí. Ryan lo conoce desde que tenía siete años y lleva mucho tiempo trabajando en Imisy.

—¿Y podría haber nacido en Excelso?

—Lo dudo.

Continuaron caminando unos pasos.

—Bueno... —murmuró Lara—. Supongo que ahora tienes todavía más cosas que averiguar.

Ellie bajó la mirada.

—Ese es el problema. No sé si debería seguir averiguándolas.

Su hermana la observó con atención.

—¿Por Christopher? Igual si no quiere irte con Daniel al menos te agrada tu compromiso

Ellie hizo una mueca.

—No me gusta, Lara, ni siquiera un poco, obviamente no estoy feliz con esto y empieza a frustrarme porque me impide acercarme a Daniel.

—Pero cuando nos contaron lo del compromiso dijiste que estabas contenta.

—Porque eso era lo que debía decir. —Su voz perdió fuerza—. Ya sabes cómo funciona todo con papá.

Lara dejó de caminar.

—Debiste decírmelo, no en frente de papá. a mí! Cuando te pregunte en la habitación dijiste que estabas contenta

—¿Para qué? No habría cambiado nada.

—Al menos habría sabido cómo te sentías.

Ellie apretó los labios. Hablar de Christopher solo hacía que la culpa que arrastraba desde la noche anterior resultara más difícil de ignorar.

—Siento que estoy jugando con Daniel —admitió—. Él no sabe que estoy comprometida. Es una buena persona y.… no quiero hacerle daño.

—Entonces tienes que decírselo.

—Lo sé.

—Sobre todo si vas a seguir usando la moneda.

Ellie guardó silencio.

—¿Por qué la pusiste anoche? —preguntó Lara.

—No lo sé.

Pero aquello no era completamente cierto.

—Solo quiero entender por qué él —añadió—. Por qué, entre todas las personas que existen, el destino decidió emparejarme precisamente con Daniel.

Lara suspiró.

—Puedes intentar descubrirlo, pero no olvides que él también está tomando decisiones mientras tú lo haces. Si Daniel cree que existe una posibilidad entre ustedes y tú sabes que nunca vas a dársela...

No terminó la frase. No hacía falta, Ellie comprendió perfectamente. El resto del camino hacia la escuela transcurrió en silencio.

***

Daniel llegó temprano a la mensajería y comenzó a trabajar como de costumbre. Para cuando Ryan apareció, Lyam acababa de llegar y Daniel llevaba un buen rato ordenando los envíos correspondientes a Gehena.

—Buenos días —saludó Ryan.

—Buenos días.

—Hola, padre —dijo Lyam al entrar.

Ryan observó a ambos.

—¿Cómo están mis muchachos?

—Bien —respondió Lyam.

Daniel siguió acomodando paquetes absorto.

—¿Daniel?

—¿Eh?

Levantó finalmente la cabeza.

—Perdón. ¿Qué dijiste?

Ryan lo estudió durante un instante.

—Te pregunté cómo estás.

—Bien.

La respuesta fue tan poco convincente que Ryan arqueó una ceja.

—¿Cómo te fue anoche?

Daniel supo inmediatamente a qué se refería.

—Bien... creo.

—¿Anoche? —Lyam miró de uno a otro—. ¿Qué hiciste?

Ryan sonrió.

—Tuvo una cita.

Lyam volvió el rostro hacia Daniel.

—¿Tú?

Daniel frunció el ceño.

—Sí, yo.

—Vaya.

El tono ligeramente divertido consiguió irritarlo, pero decidió ignorarlo.

—Hice lo que me dijiste —continuó, dirigiéndose a Ryan—. Hablamos y le conté la verdad.

—¿Toda?

—La suficiente. Le dije que vivo en Gehena.

Ryan perdió la sonrisa.

—¿Y cómo reaccionó?

—Quiso regresar a casa.

—Era de esperarse. Dijo Lyam mientras soltaba una breve risa por la nariz.

Ryan lo miró.

—Lyam.

—¿Qué? —se defendió—. Solo digo que no debería sorprenderle. ¿Qué chica de Imisy en su sano juicio querría involucrarse con un hombre de Gehena?

Daniel permaneció inmóvil un instante, Después continuó organizando los paquetes.

—Pero puso su moneda —dijo.

Ryan regresó inmediatamente la atención hacia él.

—¿Después de la cita?

Daniel asintió.

—Cuando llegué a la Sala ya no estaba, pero su moneda estaba dentro de la caja.

—Entonces eso significa algo.

—No sé qué significa.

—Pregúntaselo.

Daniel suspiró.

—Supongo que tendré que hacerlo.

Ryan le dio una palmada en el hombro antes de regresar a sus asuntos. Lyam tampoco volvió a mencionar el tema. Daniel, sin embargo, tardó bastante más en dejar de escuchar aquella frase mencionada por Lyam dentro de su cabeza.

***

Horas después, Ellie recorría la zona sur de Imisy con una carta de su padre entre las manos.

Últimamente la enviaba con bastante frecuencia a entregar correspondencia. Siempre decía que salir de casa le ayudaría a despejarse, aunque Ellie empezaba a preguntarse si aquella era realmente la única razón. Un grito interrumpió sus pensamientos.

—¡Ayuda!

Levantó la cabeza.

Un niño descendía a toda velocidad por una pendiente sobre una bicicleta, intentando inútilmente detenerse.

Al final de la calle circulaban varios vehículos.

Ellie sintió que se le detenía el corazón, Antes de que pudiera siquiera reaccionar, alguien apareció desde una calle lateral, Daniel.

Corrió hacia el niño y consiguió apartarlo de la bicicleta apenas unos metros antes de que llegara a la vía.

La bicicleta continuó sola hasta chocar contra un árbol, Ellie se quedó inmóvil.

Daniel se agachó frente al pequeño y comprobó rápidamente que no estuviera herido.

Después le dijo algo en el oído. El niño, todavía asustado, terminó sonriendo.

Daniel le revolvió ligeramente el cabello y tomo el bolso de envíos.

Ellie esperó hasta verlo alejarse. El joven no había mirado alrededor.

No sabía que ella estaba allí, Ellie sintió una extraña calidez en el pecho.

Entonces reparó en la dirección que había tomado.

Daniel caminaba hacia la entrada del muro.

“¿Va a Gehena?” La curiosidad terminó imponiéndose.

Lo siguió a distancia, procurando mantenerse fuera de su campo de visión.

Vio cómo se colocaba unos guantes y extraía una vara metálica de su cinturón.

Al presionar un mecanismo, esta se extendió hasta convertirse en un gancho unido a una cuerda.

Daniel lo hizo girar y lo lanzó con precisión. El gancho atravesó el campo de fuerza que separaba ambos territorios. Unos segundos después, Daniel desapareció tras él.

Ellie permaneció observando el muro. Por primera vez comprendió que cuando Daniel decía que cruzaba entre Imisy y Gehena no hablaba de algo sencillo. Aquella tarde regresó a la tienda de mensajería.

—Buenas tardes.

Ryan levantó la mirada y la reconoció de inmediato.

—Buenas tardes. ¿Cómo puedo ayudarte?

—Mi padre quiere enviar esta carta a Excelso.

Ryan recibió el sobre y revisó la dirección.

—Vaya. La señora Davis.

—¿La conoce?

—Desde hace años. Es una mujer encantadora. Su familia también es bastante importante en Excelso.

—Ya veo.

—Espera un momento. Voy por el formulario.

Mientras Ryan se alejaba, Ellie recorrió el establecimiento con la mirada. Los sobres estaban clasificados, los paquetes perfectamente acomodados y los registros ordenados con una precisión casi excesiva. Recordó haber escuchado que Daniel se ocupaba de buena parte de aquello.

“Es muy ordenado.”

—Daniel no está aquí.

Ellie dio un pequeño respingo y encontró a Ryan nuevamente frente a ella.

—Lo sé. Lo vi yendo hacia Gehena.

—Está haciendo las entregas.

—Sé que me contó que trabajaba llevando correspondencia, pero no imaginaba que también hubiera envíos hacia Gehena.

—Antes era mucho más difícil. Daniel consiguió establecer una ruta bastante fiable.

Ryan le entregó el formulario.

—Es un gran muchacho.

Ellie bajó la mirada hacia el papel.

—Sí —respondió suavemente—. Lo sé.

—Aunque a veces sea un completo cabeza hueca —intervino Lyam desde uno de los estantes.

Ryan suspiró.

—Lyam.

—¿Qué? Esta vez ni siquiera dije nada malo. —

Ellie comenzó a completar el formulario.

creo que estas demasiado hablando Lyam, lo que le dijiste a Daniel esta tarde tampoco estuvo bien. — Lo reprende Ryan — creo que empeoraste el ánimo.Ellie levanto la vista con curiosidad

— ¿Que? no dije nada que no fuera cierto, ninguna chica de aquí en su sano juicio se metería con alguien de Gehena.

Lo dijo con una ligereza que incomodó a Ellie mucho más de lo que habría conseguido un insulto. Terminó el formulario y se lo entregó a Ryan.

—Muchas gracias, señor Ryan.

—Con gusto, señorita Williams.

Ellie vaciló antes de marcharse.

—¿Puede saludar a Daniel de mi parte?

Una sonrisa apareció en el rostro de Ryan.

—Por supuesto.

Ellie salió. Mientras recorría las calles, las palabras de Lyam continuaron persiguiéndola. “Ninguna chica de Imisy en su sano juicio...” Frunció el ceño.

“¿Y qué importa que sea de Gehena?”