10 La primera cita #3
—Yo no vivo realmente en Imisy.
—¿Que?
Daniel respiró hondo.
—En realidad vivo en Gehena.
Ellie dejó de moverse.
—¿Qué cosa?
—Supongo que nací allí porque desde que tengo uso de razón he estado allí.
Durante varios segundos, ella pareció convencida de haber escuchado mal.
—Pero trabajas aquí. Estudiaste aquí. Estás aquí todos los días.
—Porque me escape cuando niño y el líder de Gehena me permitió quedarme con Ryan desde niño. — Ellie lo miró con incredulidad. —Vivo en una zona apartada, lejos de la ciudad de Gehena. Pero desde ese día... supongo que vivo entre los dos lugares.
Ellie no respondió. Daniel sintió cómo regresaba el nerviosismo.
—Hay algo más.
Ella lo miró.
—aunque siempre he estado en Gehena, no tengo registro de nacimiento, por lo que... soy un indocumentado.
—¿Cómo que no tienes documentos?
— Robert era un adulto mayor cuando yo era un niño, por lo que, supongo que me abandonaron mis padres biológicos y Robert me adoptó.
La expresión de Ellie cambió. No fue desprecio, Fue desconcierto.
Demasiada información llegando de golpe.
El muchacho que había conocido hacía tan poco tiempo no solo provenía del lugar que durante toda su vida le habían enseñado a temer.
Vivía solo, cruzaba de una ciudad a otra y ni siquiera existía para las autoridades.
Ellie ya tenía suficientes secretos amenazando con destruir la vida que conocía.
Daniel sin embargo interpretó su silencio de otra manera, apartó la mirada.
—Sé que es mucho.
—Daniel...
—No tienes que decir nada.
Ellie apretó las manos alrededor de sus piernas.
Quería hacerlo. Quería preguntarle muchas cosas.
Pero de pronto pensó en su padre. En el compromiso.
En lo que ocurriría si descubría que se había escapado a medianoche con un muchacho de Gehena que ni siquiera tenía identidad legal. Y sintió miedo. No de Daniel.
De todo lo que significaba acercarse a él.
—Quiero volver a casa —murmuró.
Aquellas palabras fueron suficientes. Daniel sintió un vacío en el pecho, pero no discutió.
—Está bien.
Se levantó y le ofreció la mano, Ellie tomó una última fotografía de la ciudad con su teléfono antes de guardarlo. Después permitió que Daniel volviera a cargarla sobre su espalda.
Esta vez ninguno habló durante el camino. Daniel descendió el edificio y recorrió las calles hasta llegar nuevamente a la casa. Trepó el árbol, alcanzó la rama frente al balcón y la ayudó a entrar.
Ellie puso los pies en su habitación.
Daniel permaneció afuera.
Durante un instante pareció querer decir algo.
No lo hizo.
—Descansa, Ellie.
Ella levantó la mirada.
—Daniel...
Pero él ya se alejaba.
***Cuando Daniel regresó a la cabaña, la emoción con la que había despertado aquella mañana había desaparecido.
Se tumbó sobre la cama y se quedó mirando el techo, había hecho exactamente lo que Ryan le recomendó, Le había dicho la verdad y la expresión de Ellie después de escucharla había sido suficiente para convencerlo de que probablemente no volvería a verla.
Cerró los ojos. Cuando volvió a abrirlos, estaba en la Sala del Destino.
Daniel soltó un suspiro, La moneda negra apareció entre sus dedos mientras comenzaba a caminar entre las largas estructuras de mármol.
“Dudo que venga.” Aun así, continuó avanzando, no sabía muy bien por qué lo hacía.
Quizá porque necesitaba comprobarlo por sí mismo.
Después de la forma en que Ellie había reaccionado, estaba casi seguro de cuál sería su respuesta y, si ella había tomado una decisión, aquella noche la encontraría frente a una caja vacía.
Daniel caminó entre las personas que transitaban por el lugar hasta reconocer finalmente el número que buscaba.
Entonces se detuvo.
La caja del destino estaba un poco más luminosa de lo habitual.
Durante un instante creyó que se trataba de algún error dio un par de pasos más y se inclinó ligeramente para observar a través del cristal oscuro. la cantidad de monedas era impar, al detallar la moneda de arriba Daniel permaneció inmóvil.
La reconoció de inmediato. Era la moneda de Ellie. Miró alrededor, buscándola instintivamente entre las personas que recorrían la sala, pero no había rastro de ella.
Ya se había marchado, volvió la mirada hacia la caja, puso la moneda. algo se aflojó dentro de su pecho. Después de todo lo que le había contado. Después de descubrir que provenía de Gehena, que vivía solo y que oficialmente ni siquiera existía...
Ellie había regresado.
Daniel bajó la mirada hacia la moneda negra que sostenía entre los dedos. Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
—No creí que fueras a hacerlo...
Introdujo la moneda en la ranura, La caja reaccionó al instante. La bruma luminosa se extendió alrededor de la caja hasta integrarse en el patrón que comenzaban a construir juntos.
Daniel permaneció contemplándolo durante unos segundos. La cita quizá no había terminado como esperaba. Ellie todavía tenía miedo. Todavía dudaba. Pero había regresado. Y, por aquella noche, eso era suficiente.