10 La primera cita
Daniel abrió los ojos de golpe y se incorporó en la cama, Durante unos segundos permaneció inmóvil, todavía atrapado entre el sueño y la vigilia, hasta que recordó lo ocurrido la noche anterior.
“Tengo una cita esta noche.”
El pensamiento bastó para espabilarlo por completo.
Se levantó, organizó sus cosas con una rapidez poco habitual y salió de la cabaña rumbo a Imisy.
Encontró a Ryan donde acostumbraba pasar buena parte de sus mañanas: en la biblioteca, sentado frente a uno de los ventanales con un libro entre las manos.
—Hola...
Ryan levantó la mirada.
—¿Daniel? ¿Cómo estás?
—Necesito consultarte algo.
La seriedad con la que lo dijo hizo que Ryan cerrara el libro.
—¿Estás bien?
—Sí. Es solo que... necesito hablar contigo.
Ryan lo observó durante un instante antes de ponerse de pie.
—Entonces vamos.
Salieron de la biblioteca y caminaron hacia el parque. Era algo que hacían desde hacía años cuando Daniel necesitaba hablar de algún asunto importante, aunque esta vez el muchacho parecía tener muchas más dificultades de lo normal para encontrar las palabras.
—¿Qué es lo que necesitas consultarme? —preguntó Ryan finalmente.
Daniel respiró hondo.
—Es sobre... mujeres.
Ryan volvió el rostro hacia él.
—¿Mujeres? ¿Se trata de la hija de la señora Chloe?
—¿Qué? ¡No! —respondió de inmediato—. Es sobre Ellie. Anoche me dijo que quería verme hoy... en privado.
Ryan tardó apenas un segundo en comprender.
—¿Una cita? ¿Tienes una cita?
Daniel se sonrojó.
—Supongo que sí. Dijo que quería conocerme mejor antes de decidir si volver o no a la Sala del Destino. Que no podía tomar una decisión sin conocerme. Una sonrisa apareció en el rostro de Ryan.
—Eso es una excelente noticia. Y, conociéndote, puedo deducir que estás aterrado.
—No sabes cuánto.
Daniel levantó las manos. Le temblaban ligeramente y tenía las palmas húmedas.
—Llevo así desde que desperté.
Ryan soltó una risa contenida.
—¿Y qué necesitas saber?
Daniel lo miró con absoluta seriedad.
—¿Qué se hace en una cita?
La pregunta consiguió ampliar la sonrisa del hombre.
—Podrías llevarla a comer algo.
—Eh... será a medianoche.
Ryan dejó de sonreír.
—¿A medianoche?
—Sí.
—¿Por qué?
Daniel hizo una pequeña mueca.
—Porque ella va a escaparse de su casa.
Ryan se detuvo.
—Daniel.
—Su padre no le permite salir con ningún hombre.
—Eso no mejora la situación.
—Lo sé.
—Entonces comprenderás que no me parezca precisamente una buena idea ayudarte a sacar a escondidas de su casa a la hija de un hombre que ni siquiera sabe que existes.
—Padre, por favor. — Ryan arqueó una ceja.
Daniel casi nunca utilizaba aquella palabra cuando pretendía convencerlo de algo.
Y ambos lo sabían. —No puedo desaprovechar esta oportunidad —continuó—.
Fue ella quien me pidió que fuera. Si ahora le digo que no, probablemente no vuelva a aceptar salir conmigo.
Ryan sostuvo su mirada durante unos segundos antes de suspirar.
—Está bien. Pero si vas a hacerlo, al menos intenta comportarte como una persona sensata.
—Eso intento.
—Entonces podrías llevarle algo.
—¿Como qué?
—No lo sé. ¿Le gustan los dulces?
Daniel quedó pensativo.
—No tengo idea.
—Pues puedes averiguarlo.
Caminaron unos pasos más.
—¿Y después qué hago?
—Hablar con ella.
—Eso ya lo sé.
—Entonces ¿para qué me preguntas? — Daniel hizo una mueca y Ryan soltó una carcajada. —Escúchame. Si Ellie quiere conocerte, no necesitas impresionar a nadie. Conversa con ella. Déjala preguntarte lo que quiera y, sobre todo, no intentes aparentar ser alguien que no eres.
La sonrisa de Daniel desapareció poco a poco.
—Si le digo la verdad, creo que será la primera y última cita que tenga con ella.
Ryan también perdió parte de su expresión divertida.
—No puedes decidir por ella.
Daniel bajó la mirada.
—Tiene muchas dudas. Puedo verlo cada vez que estamos juntos. No quiere que nadie sepa que somos pareja predestinada y le tiene tanto miedo a su padre que ni siquiera quiere que él se entere de que existo. Me sorprendió que me pidiera ir por ella a su casa.
Ryan lo observó con mayor atención.
—No imaginé que esa chica fuera tan importante para ti.
Daniel guardó silencio unos segundos.
—No sé qué me pasa con ella —admitió al fin—. Desde que la conocí no consigo dejar de pensar en ella. Cuando sé que voy a verla, me pongo nervioso; cuando no está, termino preguntándome qué estará haciendo... Es extraño.
Ryan sonrió ligeramente.
—No me parece tan extraño.
Daniel lo miró con cierta sospecha.
—A mí sí.
—Porque nunca te había pasado.
Daniel bajó la mirada y asintió.
—Supongo.
Ryan le dio una palmada afectuosa en el hombro.
—Entonces no intentes ponerle un nombre todavía. Conócela. Averigua quién es Ellie cuando no están hablando de monedas, destinos ni cajas misteriosas. Para eso son las citas.
Daniel dejó escapar una pequeña sonrisa.
—Eso intento hacer.
—Busca un lugar tranquilo. Uno donde puedan conversar sin preocuparse por que alguien los reconozca. No tiene que ser algo extraordinario. Si es especial para ti, probablemente ella lo note.
Daniel asintió.
—Creo que conozco un lugar.
—Entonces ya tienes tu respuesta.
—Gracias.
Continuaron caminando y Ryan lo miró de reojo.
—Solo una cosa más.
—¿Qué?
—Solo recuerda que estar a solas con alguien que te gusta puede hacerte olvidar los límites. No hagas nada que ella no quiera y tampoco hagas algo solo porque creas que se espera de ti. Daniel permaneció mirándolo, esperando alguna explicación adicional, Ryan no se la dio.
—No entendí.
— lo harás.
Daniel trabajó hasta el mediodía. Después se despidió de Ryan y se dirigió hacia el instituto.
Ellie le había dado suficientes indicaciones para reconocer su casa: el costado izquierdo, un balcón y un árbol frente a él. Aun así, Daniel prefirió asegurarse antes de aparecer a medianoche en la ventana equivocada.
Ellie había terminado de cambiar luego de llegar de clases, abrió la cortina y luego la ventana para que entrara un poco de aire, un perfil conocido le hizo girar hacia el otro lado de la calle frente a su casa, ahí estaba él observando las casas con un poco de duda, caminaba, detallaba y luego regresaba, repasando todo con la mirada, hasta que la vio.
Durante un instante se limitaron a mirarse desde la distancia.
Ellie pareció comprender enseguida qué estaba haciendo y, después de comprobar que nadie más observaba, levantó discretamente una mano para saludarlo.
Daniel sonrió. Respondió al saludo de la misma manera y se marchó. Ya sabía dónde encontrarla.
El resto de la tarde para Daniel se le hizo eterna, Cuando finalmente cayó la noche, Daniel regresó a la cabaña, se bañó y pasó más tiempo del que admitiría escogiendo qué ponerse. Terminó decidiéndose por un suéter gris y un pantalón beige. Se miró una última vez antes de salir.
Por primera vez en mucho tiempo, atravesó Gehena procurando con especial cuidado no ensuciarse con las cenizas.
***
Mientras tanto, en su habitación, Ellie esperaba a que la casa quedara completamente en silencio. Cuando estuvo segura de que sus padres dormían, se levantó, fue al baño, se arregló el cabello en una trenza y comenzó a cambiarse.
—¿Qué estás haciendo?
Ellie dio un respingo. Lara estaba detrás de ella.
—¡Me asustaste!
—¿Vas a salir?
Ellie miró instintivamente hacia la puerta.
—Habla más bajo.
Lara entrecerró los ojos.
—¿Adónde vas?
Ellie dudó.
—Voy a encontrarme con Daniel.
La expresión de Lara cambió de inmediato a sorpresa.
—¿Ahora?
—Necesito hablar con él y solo podemos hacerlo a esta hora. No tardaré mucho.
Una sonrisa cómplice apareció en los labios de su hermana.
—Yo te cubro.
—¿De verdad?
—Sí. Ve tranquila.
Un ruido apenas perceptible llegó desde el balcón, Ambas voltearon. Daniel estaba al otro lado del cristal. Lara abrió mucho los ojos y luego miró a Ellie.
—Es realmente guapo, hermanita.
—Lara...
—¿Qué? Es verdad.
Ellie abrió la puerta del balcón antes de que pudiera continuar. Daniel vestía mejor de lo habitual y parecía tan nervioso como ella.
—Hola —susurró él.
—Hola...
—¿Estás lista?
Ellie asintió.
Daniel le ofreció la mano para ayudarla a pasar sobre la baranda. Lara se despidió de ellos con una pequeña seña y él respondió con una sonrisa antes de darle la espalda a Ellie y agacharse.
—Sube.
Ella lo miró.
—¿A tu espalda?
—Solo para bajar. Si intentamos hacerlo de otra forma, probablemente despertaremos a toda tu familia.
Eso bastó para convencerla. Ellie rodeó sus hombros con los brazos y Daniel sujetó sus piernas con firmeza.
—Agárrate bien.
Ella obedeció y acercó el rostro a su hombro. Huele muy bien... El pensamiento consiguió distraerla apenas un instante.
—¿Lista?
—Creo que sí.
Daniel saltó. Ellie se aferró con mayor fuerza a él por puro reflejo, pero el descenso terminó casi antes de que pudiera asustarse. Daniel amortiguó la caída con facilidad y la dejó en el suelo con cuidado.
—¿Estás bien?
Ellie miró hacia el balcón, sorprendida por la altura que acababan de descender.
—Sí...
Daniel sonrió.
—Vamos. Quiero enseñarte algo.
Se alejaron de la casa procurando no hacer ruido y, una vez estuvieron lo bastante lejos como para no temer que alguien pudiera escucharlos, caminaron con mayor tranquilidad.
Durante los primeros minutos ninguno supo muy bien qué decir, Daniel llevaba las manos en los bolsillos y de vez en cuando miraba a Ellie de reojo.
Había pasado todo el día pensando en aquella cita, preguntándose qué debía decir, cómo debía comportarse y qué podía hacer para que ella se sintiera cómoda.
Ahora que finalmente la tenía caminando a su lado, todas las conversaciones que había imaginado parecían haberse borrado de su cabeza.
Ellie tampoco parecía mucho más relajada.
—¿Adónde vamos? —preguntó finalmente.
Daniel agradeció en silencio que hubiera sido ella quien iniciara la conversacion.
—No está muy lejos.
—Eso no responde mi pregunta.
—Quiero que sea una sorpresa.