La Moneda Del Destino 9 Entre líneas #3
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9 Entre líneas #3

El niño estaba junto a su madre. Daniel se agachó frente a él.

—Hola.

El pequeño abrazó el conejo.

—Ese llavero pertenece a una amiga mía.

—¡No!

La madre miró lo que sostenía su hijo.

—Cariño, si no es tuyo tienes que devolverlo.

El niño negó enérgicamente. Daniel estudió la situación.

—¿Te gusta mucho?

El pequeño asintió.

—¿Qué te parece un intercambio?

El niño lo miró con curiosidad.

—¿Qué quieres?

El niño pensó por un momento, luego dijo con firmeza

—Un helado.

Daniel miró a la madre.

—Si usted está de acuerdo.

Ella sonrió.

—Me parece justo.

—Trato hecho.

Minutos después, el niño tenía un enorme helado entre las manos. Daniel recuperó el conejo.

—Gracias.

El pequeño sonrió. Daniel salió corriendo. Llegó al autobús cuando estaban a punto de cerrar las puertas.

—¡Daniel! —exclamó Nicole—. Pensé que no volverías.

—Lo siento.

Se sentó y guardó una mano en el bolsillo. Durante el camino de regreso, el cansancio terminó venciendo a buena parte del grupo. Daniel también se quedó dormido.

***

Cuando llegaron a la preparatoria, Nicole lo despertó.

—Daniel. — Él abrió los ojos. —Llegamos.

Bajaron, el grupo comenzó a despedirse. Ellie se acercó.

—Gracias por acompañarme hoy.

—Gracias por dejarme ir.

Ella sonrió. Daniel metió una mano en el bolsillo.

—Por cierto...

Tomó discretamente la mano de Ellie y cerró sus dedos alrededor de algo. Ella lo miró. Daniel simplemente sonrió.

—Buenas noches.

—Buenas noches...

Ellie se alejó junto a Lara, Cuando doblaron la esquina, abrió la mano. El pequeño conejo gris descansaba sobre su palma, Se detuvo al instante si quitar la mirada de su conejo.

—¿Qué pasa? —preguntó Lara.

Ellie se lo mostró.

—¡Lo encontró!

—Daniel me lo dio.

Lara miró hacia atrás.

—Entonces por eso desapareció.

Ellie acarició el pequeño conejo con el pulgar, no dijo nada. Pero la sonrisa apareció sola. Esa noche, Ellie permaneció despierta durante largo rato. Lara ya dormía. Ella sostenía el conejo gris contra el pecho.

Pensó en Daniel interponiéndose discretamente entre ella y aquel hombre, En la forma en que había respetado el silencio de Lara, En cómo había rechazado a Nicole sin humillarla, En que nunca había besado a nadie, En que Ryan lo había acogido cuando tenía siete años, En que había regresado solo al parque para buscar algo que sabía que era importante para ella.

“No puedo tomar una decisión sobre alguien a quien apenas conozco”.

Metió una mano bajo la almohada. Encontró la moneda.

Cerró los dedos alrededor de ella y cerró los ojos.

Cuando volvió a abrirlos, estaba en la Sala del Destino. Daniel se encontraba sentado junto a la caja, con los ojos cerrados. Ellie se acercó.

—Hola...

Daniel abrió los ojos. Al verla, se levantó.

—Hola.

Ellie abrazaba el pequeño conejo contra el pecho.

—Quería darte las gracias.

—¿Por qué?

—Por recuperarlo.

Daniel miró el llavero.

—No fue difícil.

—Regresaste a buscarlo.

—Sabía que era importante para ti.

Ellie sonrió.

—También por lo de esta tarde.

Daniel comprendió a qué se refería.

—No tienes que agradecerme eso.

—Sí.

—Solo me puse en medio.

Ellie bajó la mirada.

—Y.… lamento si hoy te sentiste incómodo. No sabía que Nicole iba a invitarte.

—No me molestó ir. — Daniel sonrió. —Fue extraño, Pero me gustó.

Permanecieron unos segundos en silencio.

—Daniel...

—¿Sí?

—Hoy descubrí algo.

Él esperó.

—No puedo decidir qué significa todo esto si apenas te conozco. — Daniel sintió que el corazón comenzaba a acelerarse. —Entonces... — Ellie respiró hondo. —Quiero conocerte. — Daniel la observaba estupefacto. —Pero hay un problema.

—¿Cuál?

—Mi padre.

Daniel recordó lo que Lara había contado aquella tarde. Su expresión se volvió más seria.

—No te dejaría salir conmigo.

—No.

Daniel pensó.

—¿Y de noche?

Ellie arqueó las cejas.

—¿De noche?

—Cuando todos estén dormidos.

—Mi padre se daría cuenta si salgo por la puerta.

Daniel sonrió.

—No pregunté por la puerta.

Ellie tardó unos segundos en comprender.

—¿Estás sugiriendo que me escape?

—Estoy sugiriendo... una salida alternativa.

—Daniel.

—¿Tienes ventana?

Ellie intentó contener una sonrisa.

—Tengo balcón.

—Mejor.

—Está en el segundo piso.

Daniel la miró como si aquello no representara absolutamente ningún problema. Ellie recordó lo que había hecho con la lámpara el día anterior.

—Cierto.

Daniel rio.

—Puedo recogerte.

Ellie bajó la mirada hacia el conejo. Sabía que estaba cruzando otra línea, También sabía que quería hacerlo.

—Mañana.

—¿Mañana?

—A medianoche.

Daniel abrió ligeramente los ojos.

—Sí. Claro.

—Mi habitación está al costado izquierdo de la casa. El balcón queda junto a un árbol.

—Lo encontraré.

Ellie sonrió.

—Entonces... mañana.

—Mañana.

Se acercó a la caja, Sacó su moneda. Daniel hizo lo mismo. El resplandor violeta despertó lentamente tras el cristal.

Ellie dio unos pasos hacia el portal. Antes de marcharse, se volvió.

—Buenas noches, Daniel.

—Buenas noches.

Ella desapareció, Daniel permaneció mirando el lugar vacío, Después sonrió.

— Voy a tener mi primera cita. —La sonrisa aumentó. —Con Ellie.