La Moneda Del Destino 9 Entre líneas #2
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9 Entre líneas #2

Daniel bajó la mirada.

—Nicole lo siento, me caes muy bien. Pero... no espraba esto, yo justo en setos dias estoy interesado en otra persona.

Ella guardó silencio.

—¿Tienes novia?

—No.

—Entonces todavía tengo oportunidad.

Daniel sonrió con cierta incomodidad.

—No creo que sea justo que esperes por mí.

—¿Te gusta mucho?

Sus ojos buscaron involuntariamente a Ellie por un segundo.

—Sí, Mucho.

Nicole suspiró.

—Qué mala suerte la mía.

—Lo siento.

—No tienes por qué.

Le dio un pequeño golpe en el brazo.

—Seguimos siendo amigos.

Daniel sonrió.

—Eso sí me gustaría.

Ella le dio una cálida sonrisa

***

A la hora de comer, todos se reunieron alrededor de varias mesas. Daniel se levantó para buscar unas servilletas. En cuanto se alejó, Lara aprovechó y miró a Nicole.

— vi que hablaron a solas ¿Qué hablaron?

—le dije que me atraía y Me rechazó.

Ellie se atragantó con su bebida. Lara le dio unas palmadas en la espalda.

—¿Estás bien?

—Sí.

Nicole suspiró.

—Está interesado en alguien.

Ellie dejó de toser.

—¿Te dijo quién?

—No. Solo que le gusta mucho

Lara miró a su hermana, Ellie se concentró repentinamente en su plato. Lara tuvo que morderse el labio para no reír, Daniel regresó con las servilletas.

—¿Qué pasó?

—Nada —respondieron las hermanas al mismo tiempo.

Daniel las miró con sospecha, pero no dijo nada. Después de comer pasaron un rato en la zona de juegos. Más tarde, cansados de las máquinas y del ruido, buscaron un lugar tranquilo junto a una piscina secundaria.

Algunos se acomodaron en tumbonas. Otros se sentaron en el borde con los pies en el agua. La conversación comenzó con anécdotas absurdas de citas.

—Te juro que intenté besarla y le golpeé los dientes —contó Ethan.

Las carcajadas fueron inmediatas.

—Eso no fue un beso —dijo Steve—. Fue un accidente.

—¡Estaba nervioso!

Daniel sonrió.

—¿Y tú de qué te ríes? —preguntó Ethan.

—¿Yo?

—Cuenta tu peor cita.

—No tengo.

—¿Nunca has tenido novia?

—No. — Varios lo miraron. —Nunca.

—Entonces... ¿nunca has besado a nadie?

Ellie levantó la mirada. Daniel sintió que las orejas comenzaban a arder.

—No.

Las reacciones fueron inmediatas.

—¡No puede ser!

—¿En serio?

—¿Y qué tiene de extraño? —preguntó Daniel.

Nicole sonrió.

—Podríamos solucionarlo.

—No veo qué hay que solucionar.

Ellie soltó una pequeña risa. Daniel la miró.

—¿Nunca has querido besar a alguien? —preguntó uno de los chicos.

Daniel guardó silencio. Sus ojos fueron hacia Ellie durante una fracción de segundo. Ella lo vio.

—Eso es diferente.

—¿Cómo?

—Que quiera hacerlo no significa que vaya a besar a cualquiera solo para decir que ya lo hice. — Hubo algunas burlas, pero Daniel se limitó a encogerse de hombros. —¿Podemos cambiar de tema?

Las risas regresaron.

—Entonces, ¿sí quieres enamorarte algún día? —preguntó Lara.

Daniel pensó la respuesta. Su voz perdió parte del tono bromista.

—Supongo que me gustaría saber qué se siente... querer a alguien de esa manera y que esa persona también te quiera.

Ellie permaneció mirándolo.

—¿Ryan nunca te ha hablado de esas cosas o tu mamá? —preguntó alguien.

Daniel se quedó quieto.

—No tengo madre y Ryan.. es mi padre adoptivo dese que tengo siete años.

Todos lo miran con curiosidad

—Entonces, ¿quiénes son tus verdaderos...?

—Prefiero que no hagan preguntas sobre mi vida personal. Respondió esta vez en tono serio e incomodo por recibir tantas preguntas personales una tras otra. Esta vez solo hubo Silencio.

Ellie observó cómo Daniel cerraba el tema sin hostilidad y comprendió que, detrás de aquel muchacho aparentemente sencillo, existían cosas que todavía desconocía por completo.

—Ya sabemos demasiado de Daniel —dijo Nicole—. Ahora le toca a otra persona.

luego posa la mirada sobre la pelirroja

—¿Tú, has tenido novio?

—Nunca.

Daniel inevitablemente la mira.

Entonces Lara, que sabe perfectamente lo que ocurre, puede sonreír:

—Pero eso no significa que nunca te haya interesado nadie.

Ellie la fulmina con la mirada. Los demás reaccionan.

—¡¿Te interesa alguien?!

Ellie se ruboriza.

—Lara...

—¿Qué? No dije quién.

Daniel queda completamente atento. Ellie podría terminar reconociendo únicamente:

—Sí. Hay alguien que me genera curiosidad.

Daniel escucha exactamente lo suficiente para ilusionarse y atormentarse al mismo tiempo.

“¿Quién? ¿Podría ser yo?”

La pregunta comenzó a torturarlo inmediatamente.

Lara cambió de postura y la tela que cubría parte de sus piernas se desplazó.

Daniel volvió a ver la marca.

—Lara.

Ella dejó de sonreír.

—¿Qué?

—¿Qué te pasó en la pierna?

Lara cubrió la zona.

—Me caí.

Daniel observó la marca.

—No parece una caída.

Ellie se tensó. Daniel lo notó. Lara permaneció callada durante unos segundos.

—Fue mi padre.

El ambiente cambió.

—¿Tu padre?

Ella asintió.

Daniel miró a Ellie.

La expresión de la muchacha terminó de explicarle que no debía seguir preguntando.

—Entiendo.

Lara pareció sorprendida.

—¿No vas a preguntar nada más?

—No.

—¿Por qué?

Daniel se encogió ligeramente de hombros.

—Porque si quisieras contarme más, lo harías.

Ellie lo observó en silencio. Daniel sabía poner límites, Pero también sabía respetarlos.

***

Cuando la tarde comenzó a caer, el grupo regresó a los vestidores. Al salir, Ellie revisó sus pertenencias. Se detuvo. Volvió a buscar en el fondo de su bolso .

—¿Qué ocurre? —preguntó Lara.

—Mi conejo.

—¿El llavero?

—No está.

Ellie abrió nuevamente su bolso, Nada.

—Lo tenía conmigo.

—¿Buscaste en el vestidor?

—Sí.

La preocupación apareció inmediatamente en su rostro. Aquel pequeño conejo gris tenía una pareja. El negro que había regalado a Daniel.

—Voy a objetos perdidos.

—Ellie, el autobús sale en poco tiempo.

—No tardaré.

Daniel había escuchado.

—Voy contigo.

Ella lo miró.

—No es necesario.

—Ya sé.

La acompañó de todas formas. La oficina de objetos perdidos estaba abarrotada, Ellie se colocó al final de una fila que avanzaba con desesperante lentitud. Daniel permaneció a su lado, A medida que se acumulaba más gente, el espacio se redujo.

Un hombre se colocó demasiado cerca de Ellie, Ella avanzó unos centímetros. Lamentablemente él también, Daniel lo notó, Ellie volvió a desplazarse. El hombre hizo lo mismo, Esta vez Daniel no necesitó preguntar.

—Ellie.

Ella giró.

Daniel intercambió posiciones con ella como si simplemente quisiera mostrarle algo.

—¿Era gris o negro?

—Gris.

—¿Tenía alguna marca?

Mientras hablaba, se colocó entre Ellie y el hombre.

—Una pequeña cinta —respondió ella, comprendiendo lo que acababa de hacer.

—Entonces será fácil reconocerlo.

Daniel permaneció allí. No confrontó al desconocido, No levantó la voz, No hizo absolutamente nada que pudiera generar una escena, Simplemente ocupó el espacio que el hombre había estado utilizando para incomodarla. El desconocido terminó alejándose, Ellie soltó lentamente el aire. Daniel la miró.

—¿Estás bien?

—Sí.

—¿Segura?

Ella asintió.

—Gracias.

Daniel sonrió, Cuando finalmente llegaron al mostrador, describieron el llavero. La encargada revisó los objetos entregados.

—Lo siento. No tenemos ninguno con esa descripción.

La decepción en el rostro de Ellie fue inmediata.

—Gracias de todas formas.

Regresaron con los demás.

—¿Lo encontraste? —preguntó Lara.

Ellie negó.

—No.

—Lo siento, hermanita.

—Está bien.

Pero Daniel no había regresado al punto de encuentro, aún estaba buscando. Regresó primero a la zona donde habían pasado buena parte de la tarde, Revisó debajo de las tumbonas, alrededor de las mesas y junto a las máquinas, Nada.

“Vamos... ¿dónde estás?”

Entonces recordó que Ellie había llevado el conejo colgando del bolso durante buena parte del día.

Recorrió mentalmente los lugares por los que habían pasado, Piscina, Comedor, Zona de juegos.

Fue hacia allí, Cerca de una de las máquinas vio a un niño pequeño sosteniendo algo gris. Daniel se detuvo. “Ahí estás.”