7 El malentendido #4
Daniel se encogió ligeramente de hombros.
—Estaba ahí.
Los paramédicos trasladaron al hombre hasta la ambulancia.
—Nicole, te quedas a cargo de la casa —indicó Chloe—. Regresaré cuando sepa qué tiene.
—Sí, mamá.
La ambulancia se marchó. Por primera vez desde el accidente, Daniel pareció reparar en sí mismo, se tocó el hombro.
—Auch.
Ellie dio un paso involuntario hacia él.
—¿Te lastimaste?
Daniel levantó la mirada.
—No. Creo que solo me golpeé.
—¿Seguro?
—Sí.
Fue entonces cuando Daniel toma el teléfono que estaba vibrando.la voz de Ryan era tan fuerte que hasta Ellie podía escuchar la conversación— Hola padre
—Daniel! Me llamo la señora Chloe, me contó lo que sucedió, estas bien
—Hola, padre, si ya voy a salir ya casi termino las entregas
— Olvídate de eso, ya Andrew se en va a encargar de terminar las entregas
— puedo hacerlo yo
—olvídalo, es tu cumpleaños, deberías estas celebrando no trabajando
Ellie al escuchar esto último sintió un brinco en su corazón
—pero… y la tienda?
—Lyam está allí.
—Puedo terminar.
—Daniel.
Él reconoció inmediatamente aquel tono.
—si esta bien ya voy para allá
Daniel suspiró.
—Además, Podrías intentar comportarte como alguien que acaba de cumplir diecisiete y no como un hombre de cincuenta.
Daniel frunció el ceño.
—No sé qué significa eso.
—Ese es precisamente el problema.
Ellie quien aun estaba cerca, fingio no escuchar eso pero no pudo ocultar de todo una sonrisa
Daniel se sonrojó. Y colgó la llamada
Daniel se despidió de las chicas.
Antes de salir, sus ojos encontraron los de Ellie.
—Hasta luego.
—Hasta luego... —respondió ella.
Daniel se marchó.
La puerta apenas terminó de cerrarse cuando Tiffany exhaló.
—Bueno...
Todas la miraron.
—Eso fue...
—¿Una locura? —propuso Nicole.
—Yo iba a decir impresionante.
Lara sonrió.
—También.
Nicole negó con la cabeza.
—Mi madre siempre habla maravillas de él. Pensaba que exageraba.
—Pues no —respondió Tiffany.
Lara se volvió hacia su hermana.
—¿Tú qué opinas?
Ellie cerró su cuaderno.
—Que ya terminamos la tarea y deberíamos regresar antes de que papá se moleste.
Lara entrecerró los ojos. Conocía demasiado bien aquella evasiva.***
Caminaron varias calles antes de que Lara perdiera la paciencia.
—Ellie. — Su hermana siguió avanzando. —Ellie. — Nada. —¡Hermanita!
Ellie se detuvo.
—¿Qué?
—Llevas cinco minutos caminando como si te persiguieran.
—No es cierto.
—Sí lo es.
Ellie apretó los libros contra el pecho. Lara la estudió.
—¿Qué te pasa?
Hubo un largo silencio.
—Es él.
—¿Quién?
Ellie levantó la mirada.
—Daniel.
—¿el mensajero?
—Es mi pareja predestinada.
Lara abrió los ojos.
—¿Ese es el chico que ayudo a Jimmy? ¡No lo reconocí!
Ellie asintió.
La sorpresa de Lara se transformó lentamente en una enorme sonrisa.
—¡No puede ser!
—Baja la voz.
—¡Hermanita, es guapísimo!
—¡Lara!
—¿Qué? Tengo ojos.
Ellie aceleró nuevamente.
—Esto no es gracioso.
Lara corrió para alcanzarla.
—No me estoy riendo. Bueno... un poco. Pero porque llevas días actuando extraño y ahora todo tiene sentido.
La sonrisa desapareció cuando reparó en la expresión de Ellie.
—¿Qué ocurre?
—Hace más de una semana que no regreso a la Sala del Destino.
—¿Por qué?
Ellie bajó la mirada.
—Porque tengo miedo.
—¿De Daniel?
—No.
La respuesta fue inmediata. Ellie tragó saliva.
—De que me guste demasiado.
Lara guardó silencio.
—Estoy comprometida, Lara. ¿Qué sentido tiene seguir viéndolo? ¿Qué pasa si me enamoro de él y después tengo que casarme con Christopher?
Aquello borró totalmente la sonrisa al ver el del rostro de su hermana.
—¿Daniel sabe que estás comprometida?
—No.
—Entonces deberías decírselo.
—Lo sé.
—¿Está molesto contigo?
—No lo sé. Desaparecí sin decirle nada.
Lara tomó su mano.
—Entonces habla con él. No tienes que decidir hoy qué vas a hacer con tu vida. Pero al menos merece saber por qué desapareciste.
Ellie asintió lentamente. Cuando regresaron a casa, contaron lo ocurrido, Richard escuchó la historia con escaso entusiasmo.
—Lo importante es que el hombre sobrevivió.
Ellie permaneció unos segundos en silencio.
—Papá...
—¿Qué?
—Creo que olvidé algo en casa de Nicole. ¿Puedo regresar?
Richard levantó los ojos.
—¿Ahora?
—No tardaré. Lo prometo.
La observó unos segundos.
—Bien.
—Gracias.
Ellie subió rápidamente a su habitación, no había olvidado nada.
Tomó su cartera, buscó una pequeña caja que llevaba varios días guardando y salió.
***
Daniel estaba sentado en una banca del parque, junto al puesto de helados, pensativo.
“El destino me la sigue cruzando y cada vez que la veo algo extraño sucede y me toca salvar la situación, ¿qué demonios es esto? ¿Porque pasan estas cosas tan extrañas?”
El heladero lo observó mientras atendía un cliente
—¿No tienes amigos con quienes celebrar?
Daniel levantó la vista.
—Estoy contigo.
El hombre soltó una carcajada.
—Me halaga que me consideres tu amigo, pero estaba pensando en personas de tu edad.
—Ha sido un día extraño. No quiero hacer nada.
—Cumples diecisiete una sola vez.
—También cumplí dieciséis una sola vez y sobreviví.
—A veces pareces un anciano atrapado en el cuerpo de un muchacho.
Daniel sonrió.
—Ryan dijo algo parecido.
—Un hombre inteligente.
Una voz tímida interrumpió la conversación.
—Disculpa...
Daniel se volvió, Ellie estaba frente a él. Llevaba una capucha sobre el cabello y sostenía una pequeña caja entre las manos. Daniel se levantó inmediatamente.
—¿Ellie?
—Yo...
Había practicado lo que iba a decir durante todo el camino, lo olvidó por completo, asi que simplemente extendió la caja.
—Feliz cumpleaños.
Daniel la miró. Después miró el regalo.
—¿Cómo sabes que...?
Ellie se lo puso prácticamente en las manos.
—Espero que te guste.
Y huyó, Literalmente.
“Ellie...”
Ella ya corría calle abajo. Daniel permaneció inmóvil hasta verla desaparecer en la esquina. El heladero sonrió.
—Interesante. — Daniel se sentó nuevamente. —¿Una pretendiente?
Daniel se puso rojo.
—Ábrelo.
Daniel contempló la caja. La giró entre sus manos.
—¿Qué esperas?
Finalmente retiró la tapa. Dentro había un pequeño llavero: un conejo de peluche negro, de expresión tierna y detalles bordados en hilo oscuro. Daniel permaneció contemplándolo.
—¿Y?
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
—Me gusta. — Tomó el pequeño conejo entre los dedos. —Ellie me dio un regalo de cumpleaños.
Continuó mirando el llavero. “No entiendo a esa chica.” Había desaparecido durante más de una semana, y ahora acababa de cruzar media ciudad para darle un regalo y salir corriendo. Daniel sonrió.
***
Ellie llegó a casa todavía acalorada por la carrera.
Subió directamente a su habitación y cerró la puerta.
Apoyó la espalda contra ella. “Se lo di.” Se cubrió el rostro, no sabía qué había sido más vergonzoso: aparecer sin avisar, entregarle el regalo sin apenas hablar o salir corriendo como una niña. Pero ya estaba hecho.
Esa noche, después de cenar y prepararse para dormir, se acostó junto a Lara.
—¿Vas a ir? —preguntó su hermana.
Ellie contempló la moneda.
—Sí.
—Buena suerte.
Lara cerró los ojos, Ellie apretó la moneda entre los dedos y se durmió.
Cuando atravesó el portal, el corazón le latía con tanta fuerza que durante un momento pensó en regresar.
Avanzó por la Sala del Destino, Daniel ya estaba allí.
Sentado junto a la caja, hacía girar su moneda entre los dedos. Ellie se detuvo. “Todavía puedo irme.”
Daniel levantó la mirada, Ella dio media vuelta por puro instinto.
—Ellie.
Se quedó inmóvil, cerró los ojos. “Excelente, Otra vergüenza más” Volvió lentamente sobre sus pasos. Daniel la observaba con una sonrisa.
—Hola.
—Hola...
—Es una sorpresa verte aquí.
—Sí... bueno... — Ellie jugueteó con sus dedos. —No sabía si debía venir.
—Y decidiste que dar media vuelta resolvería el problema.
Ella lo miró avergonzada. Daniel señaló discretamente su cabello.
—No es precisamente fácil confundirte con otra persona.
Ellie soltó una pequeña risa. La tensión disminuyó apenas.
—¿Cómo está la pareja de Chloe? —preguntó él.
—Está bien. Nicole me avisó hace un rato. Tuvieron que ponerle algunos puntos y quieren revisar su tobillo, así que probablemente pase un tiempo en el hospital.
Daniel asintió.
—Me alegra que no haya sido grave.
Ellie lo observó.
—Hoy hiciste mucho por él.
—No me podía quedarme solo ahí parado.
—También podrías no haber hecho nada.
Daniel se encogió de hombros.
—Ryan siempre dice que, si puedes ayudar a alguien y no te cuesta nada hacerlo.
Ellie sonrió. Daniel guardó su moneda.
—Gracias por el regalo.
Ellie bajó inmediatamente la mirada.
—¿Te gustó?
—Mucho.
—Yo tengo uno igual. El mío es gris.
Daniel sonrió.
—Entonces voy a cuidarlo todavía más.
Ellie sintió calor en las mejillas, durante unos instantes permanecieron en silencio. Ella contempló la caja y la sonrisa terminó desapareciendo de su rostro.
—Daniel...
—¿Sí?
—Quería disculparme. —Él esperó. —Por no regresar.
—No tienes que hacerlo.
—Sí. Desaparecí sin decirte nada.
Daniel apoyó la espalda contra el mármol.
—Pensé que habías tomado una decisión.
Ellie apretó los labios.
—Eso intenté.
La respuesta llamó su atención.
—¿Intentaste?
Ella asintió.
—Pensé que lo mejor era no volver.
—¿Por mí?
—No exactamente.
Daniel esperó, pero Ellie no continuó.
—¿Puedo preguntarte algo? —dijo ella finalmente.
—Claro.
—¿Qué piensas de la familia?
Daniel arqueó una ceja.
—Eso es bastante amplio.
—De los padres. De cuando... toman decisiones por sus hijos.
Daniel permaneció pensativo unos segundos.
—Solo puedo hablar por Ryan.
—Está bien.
—Ha tomado decisiones por mí muchas veces. Cuando era niño, prácticamente todas. —Sonrió ligeramente—. También me ha prohibido hacer cosas y me ha obligado a hacer otras que yo no quería.
—¿Y nunca te molestó?
—Claro que sí.
Ellie pareció sorprendida por la respuesta.
—Pero siempre me explicaba por qué —continuó Daniel—. Y cuando fui creciendo, empezó a dejarme decidir más cosas por mi cuenta. A veces seguimos sin estar de acuerdo.
—¿Y qué haces entonces?
Daniel se encogió de hombros.
—Discutimos.
Ellie soltó una pequeña risa.
—¿Discutes con tu padre?