La Moneda Del Destino 6 ¿Mi pareja predestinada? #5
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6 ¿Mi pareja predestinada? #5

—Hoy estuve leyendo sobre este lugar y sobre esta situación en general.

—¿Y qué aprendiste?

—Para empezar, poner nuestras monedas aquí no es algo obligatorio.

Resulta que los hados del destino pueden juntarnos y hacernos ver que somos personas compatibles, sin embargo eso no significa que estemos en la obligación de elegirnos, el destino no es un ser vivo y por lo tanto no puede obligarnos a tomar esa decisión forzadamente.

Somos nosotros quienes debemos aceptar ese destino y continuar eligiendonos.

Ellie guardó silencio ante la explicación del joven. Aquella información hizo que el lugar adquiriera un significado completamente diferente para ella.

—Entonces... ¿de qué sirve echar las monedas en esa caja?

—Esa parte es un poco más complicada… Dijo Daniel claramente avergonzado. Ellie intuyó hacia donde se dirigía la siguiente explicación del ojiverde y sintió calor en las mejillas también.

—Dímelo, ya estamos aquí.

Daniel tomó aire antes de seguir.

—Según lo que leí, ser una pareja predestinada no hace que inmediatamente ambas personas deban permanecer juntas de por vida, más bien es una señal inicial, la cual quiere decir que entre todas las personas que habitan el mundo estas dos son quienes tienen mayor posibilidad de comprenderse, complementarse y crear un vínculo más profundo que cualquier otro.

Ellie lo escuchaba en silencio.

—¿Un vínculo amoroso?

Daniel se puso todavía más rojo.

—No encontré nada que hablara de un vínculo de naturaleza distinta, pero intuyo y creo que…

Sí, un vínculo amoroso. — Daniel se aclaró la garganta y continuó.

—El destino nos juntó, pero nosotros decidimos qué hacer.

Quizá fueron los hados lo que hicieron que yo estuviera cerca en esas dos situaciones desesperadas en las que te encontraste recientemente para poder ayudarte, pero nunca sabremos si fue casualidad u obra de la predestinación.

Ellie miró la moneda entre sus dedos.

—¿Y la caja?

—Cada moneda la alimenta.

Señaló las corrientes violetas que se movían lentamente en el interior.

—Por eso estaba completamente oscura cuando llegamos. Nuestras monedas son su fuente de energía, cuantas más depositemos, más fuerte se vuelve el vínculo y más cambios veremos en ella.

—¿Y si dejamos de hacerlo?

—Comenzará a perder energía, si pasa suficiente tiempo sin recibir monedas, se desactivará. La energía se apagará poco a poco hasta quedar prácticamente dormida, se podría decir que volverá a ser como cuando la encontramos.

Ellie contempló el cristal negro. Aquello significaba que incluso el destino admitía el abandono. Si pensaba detenidamente en ello, tenía sentido, no todas las personas conocían siquiera a su persona predestinada después de todo. Daniel continuó:

—También descubrí que no necesitamos venir exactamente al mismo tiempo. Cada uno alimenta la caja con su propia moneda. Si uno deja de hacerlo, el otro todavía puede mantener parte de la energía activa mientras continúe regresando.

—Así que al final, esto realmente depende de nosotros.

—Sí, así es. Nada ocurrirá si no tomamos acciones al respecto.

Daniel dudó antes de continuar.

—Y por eso quería decírtelo antes de que pusieras otra. Quería que supieras todo lo que yo, al menos. Pensé que era lo justo.

Ellie frunció ligeramente el ceño.

—¿Por qué querías que supiera todo?

Daniel bajó la voz.

—Porque sé que hay personas que llegan aquí cuando sus vidas ya están... complicadas.

Ella se tensó. Él no lo sabía pero ella era una de esas personas.

—Algunas están comprometidas —continuó Daniel—. Otras incluso tienen una relación y sienten genuino amor por su amante. Encontrar a tu pareja predestinada no significa que todo lo demás desaparezca.

—¿Y qué hacen en esos casos?

—Cada pareja decide. Aunque los escritos no eran muy precisos en ese caso. Imagino que algunas se marchan y no vuelven a tener contacto, otras siguen regresando y algunas intentan conocerse antes de tomar una decisión. Realmente es pura especulación a este punto.

Hubo un silencio entre ambos mientras Ellie procesaba toda la información que le habían acabado de entregar.

—¿Y qué ocurre si la llenamos?

Daniel tragó saliva. Había llegado a la parte que más nervioso lo ponía.

—La caja necesita ciento ochenta monedas, sólo cuando haya noventa por cada una de las partes, estará completa.

—Noventa días...

Daniel asintió.

—Si ambos completamos el proceso... el vínculo termina de consolidarse.

—¿Qué significa eso exactamente?

—Que... sí llegáramos a enamorarnos... y completamos la caja… — Se detuvo. “Vamos. Puedes decirlo.” —el vínculo sería permanente. — Ellie permaneció inmóvil y Daniel desvió la mirada nervioso. —Por eso quería que lo supieras. No quiero que pongas una moneda aquí pensando que estás obligada.

La Sala del Destino continuaba extendiéndose a su alrededor, inmensa y luminosa.

A lo lejos, otras parejas caminaban entre los corredores, pero sus voces apenas llegaban hasta ellos.

Las partículas violetas flotaban lentamente entre ambos.

Ellie contempló su moneda, sabía que podía marcharse, pues Daniel no estaba intentando convencerla.

Ni siquiera se acercó, simplemente esperó su respuesta pacientemente frente a ella.

Ellie dio un paso hacia la caja, Daniel la miró fijamente y vio como ella introdujo la moneda haciendo que el cristal respondiera.

Una corriente violeta nació en su interior y se unió a la que todavía brillaba gracias a la moneda del chico.

La luz se intensificó durante unos segundos antes de recuperar su suave pulsación.

—Bueno...— Daniel seguía mirándola. —Parece que tenemos mucho en qué pensar.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de la chica y Daniel respondió con otra de regreso.—Así es, hay mucho que analizar a profundidad.

Ellie se dirigió hacia su portal. Después de unos pasos, se detuvo y volvió la cabeza.

—Buenas noches, Daniel.

Él sintió que algo se le revolvía en el pecho.

—Buenas noches, Ellie.

Daniel se despertó en mitad de la noche, permaneciendo varios segundos mirando el techo, tapándose el rostro con ambas manos.

“¿Y si Ellie decide regresar?” Giró hacia un lado.

“¿Y si realmente decide conocerme?” Luego hacia el otro.

“¿Y si... algún día... me elige?” Daniel metió su rostro en la almohada.

—Maldita sea...

Nunca una mujer había ocupado tanto espacio en su cabeza. Y eso que apenas la conocía. En algún lugar más allá del sueño, dentro de una caja de cristal negro, una tenue corriente violeta continuaba brillando.