6 ¿Mi pareja predestinada? #4
Daniel la observó atravesar uno de los corredores hasta perderse en la distancia.
Sólo entonces soltó el aire y descansó. “Supongo que ahora sé por qué me pone tan nervioso.” Regresó al portal por el que había llegado y en cuanto lo atravesó, todo se desvaneció.
Daniel despertó sobresaltado, se incorporó de golpe, empapado en sudor.
Al buscar apoyo derribó varios objetos de la mesita de noche que estaba al lado de su cama.
El ruido hizo que Ryan entrara tras un breve momento al cuarto.
—¡Hijo! ¿Estás bien? ¿Pasó algo?
—Sí... Estoy bien, solo tuve un sueño extraño, no es nada, tranquilo.
—¿Seguro que estás bien? Estás empapado, ¿Necesitas algo?
—Si, estoy bien, es algo natural. Cuando los Gehenos se alejan del gran Everan al dormir se sube la temperatura corporal… Es por eso que siempre decliné tu oferta de vivir aquí, así que no te preocupes por ello.
—¿Qué soñaste para despertar tan abruptamente? ¿Quieres hablar de ello? Sabes que estoy para lo que necesites.
—No importa. Fue solo... — Daniel se detuvo percatándose que tenía algo en su mano derecha. Lentamente abrió los dedos para encontrarse con aquella moneda negra y dorada que había visto en sus sueños tan solo hace unos instantes. Su rostro perdió toda expresión. —No fue un sueño...
Ryan se acercó. Sus ojos se posaron sobre la moneda.
—¿Eso es...?
—Parece ser que es una moneda del destino. Aunque para ser honesto ni yo entiendo mucho al respecto todavía.
Ryan abrió los ojos sorprendido.
—¿Eso significa que conociste a tu pareja predestinada?¿Quién es la afortunada?
El rostro de Daniel se encendió y Ryan sonrió sabiendo que había dado en el clavo.
—Vaya... Definitivamente hay mucho que no me haz contado.
Daniel procedió a dejar la moneda sobre la mesita.
—Lo siento, necesito una ducha. Ya hablaremos de ello después.
Daniel salió huyendo del cuarto y se dirigió al baño con una toalla entre sus manos que estaba colgando cerca de la puerta del cuarto en que estaba.
Encontrándose desnudo bajo el agua, apoyó ambas manos contra la pared y cerró los ojos.
Una imagen apareció inmediatamente en su mente.
Cabello cobrizo, ojos azules y una sonrisa dulce y suave.
“Ellie.” El calor que sentía en su corazón no tenía nada que ver con estar lejos del volcán Everan.
***
En la habitación que compartía con su hermana, Ellie sostenía su propia moneda entre los dedos.
—No te burles de mí, Lara.
—¡Estoy intentando no hacerlo! —respondió ella, aunque su sonrisa decía exactamente lo contrario—. Pero tienes que admitir que es algo increíble. Primero te comprometen y, prácticamente al mismo tiempo, encuentras a tu pareja predestinada. Debe ser algún tipo de broma.
Ellie dejó caer la cabeza sobre la almohada, resignada.
—No tiene ninguna gracia. Ninguna.
—¿Pero entonces quién es? — Ellie guardó silencio. —Ellie...
—El chico que salvó a Jimmy en el parque el día que fuimos de compras con mamá.
Los ojos de Lara se abrieron de par en par, eso sí que era algo inesperado.
—¿El rubio de ojos verdes?
Ellie asintió pero permaneció en silencio.
—¡No puede ser!
—¡Shhhh! Baja la voz.
—¿Y entonces qué vas a hacer?
—Nada. No es como que pueda simplemente huir del compromiso como si nada.
—¿Nada? ¿No harás nada?
—¿Qué se supone que haga, Lara? Padre ya decidió que voy a casarme con ese joven de Excelso. Además esto no solo me involucra a mi, padre espera que toda la familia mejore a raíz de este matrimonio.
Volvió la mirada hacia la moneda.
—Además, apenas y conozco a Daniel. Es verdad que ha sido de gran ayuda en dos situaciones muy determinantes, pero solo conozco su apariencia y que trabaja en la mensajería, nada más. No hay nada que me ate a él.
Era la primera vez que pronunciaba su nombre desde que había despertado y le produjo una sensación extraña.
—¿No tienes curiosidad? —preguntó Lara.
—Mentiría si negara que no tengo la más mínima curiosidad, pero eso no es relevante.
—Pero hermana, entre todos los hombres del mundo, el destino lo escogió precisamente a él.
Ellie apretó los labios.
—No creo que sea alguien particularmente especial.
Las palabras sonaron más duras de lo que pretendía y ni siquiera ella las creyó.
Daniel no se había comportado como los hombres a los que estaba acostumbrada.
Había arriesgado su propia integridad para protegerla sin esperar nada a cambio.
Había sido tímido, respetuoso y hasta torpe cuando ella se acercaba demasiado.
Eso, de alguna manera, la desconcertaba todavía más.
—¿No quisieras conocerlo mejor? —insistió Lara.
—¡Lara, basta del tema!
—Está bien, está bien.
Su hermana levantó las manos en señal de rendición mientras Ellie observaba nuevamente la moneda.
***
A la mañana siguiente, Daniel se sentó a desayunar con Ryan. Apenas había probado su comida cuando el hombre preguntó:
—¿Entonces, cómo es ella?
Daniel se atragantó un poco con el jugo.
—Es la muchacha pelirroja que estaba en la recepción ayer cuando llegaste.
—¡Ahhhh! Claro, claro. Es bastante atractiva, ¿no crees?
Daniel fijó la vista en el plato.
—Es... muy hermosa.
—¿De qué hablan? —preguntó Lyam mientras se sentaba.
Ryan respondió con naturalidad:
—Daniel recibió una moneda del destino. Hablábamos de la chica.
Lyam lo miró y luego soltó una risa incrédula.
—¿En serio tu entre todo el mundo?
Daniel frunció el ceño.
—Sí. Así es.
—Vaya suerte la tuya.
El tono dejaba claro que no lo consideraba precisamente suerte.
—¿Y quién es el pobre alma destinada a estar contigo?
—No importa —respondió secamente Daniel.
Lyam arqueó una ceja.
—Está bien, como quieras.
Daniel continuó desayunando, aunque su expresión se había vuelto ligeramente más seria.
Ryan, en cambio, parecía encantado con la noticia. Ryan rememoró la escena para luego remarcar:
—Ahora entiendo por qué estabas tan nervioso.
—No estaba nervioso, no sé de qué hablas.
Ryan lo miró riéndose un poco de su hijo. Daniel bajó la vista.
—Bueno... quizá un poco.
—Es normal, no te preocupes por un detalle tan mínimo como estar nervioso con la chica que te gusta.
—No sé qué decirle. Cuando está cerca, mi corazón se acelera y las palabras desaparecen de mi mente, pareciera que hasta se me olvida hablar, y encima me pongo torpe.
Ryan soltó una pequeña risa.
—No necesitas convertirte en otra persona para impresionarla. Empieza por conocerla y sé tú mismo.
—Eso es más fácil de decir que de hacer. Precisamente los nervios no me dejan ser yo mismo.
—Cuando algo es importante parece más difícil de lo que en realidad es, pero si te relajas un poco verás que no era algo tan imposible como parecía al inicio.
Daniel permaneció pensativo en su lugar.
—Hoy quisiera tomarme el día libre. Han pasado muchas cosas y me gustaría pensar con libertad.
Lyam levantó la vista.
—¿Quién te crees para faltar cuando quieras?
—Ayer hice tu trabajo, el de Henry y el mío, ¿lo olvidas?
Lyam cerró la boca, sabía que tenía razón.
—Te lo ganaste, descansa, hijo mío.
—Gracias, padre. Estaré en la biblioteca leyendo un rato por si algo acontece.
Ese día, Daniel pasó buena parte del día leyendo. Buscó cuanto pudo encontrar sobre monedas del destino, parejas predestinadas y la misteriosa sala que había visitado durante la noche.
***
Mientras tanto ese mismo día, Ellie estaba en la preparatoria con Lara y Nicole.
—¿Tan mal te fue? —preguntó Lara.
Nicole soltó un bufido.
—Horrible. Ese chico es totalmente insoportable, no veía la hora de terminar la cita y estar de regreso en casa.
Ellie levantó la vista.
—¿Qué chico? —preguntó Ellie.
—Mi cita de ayer. Creyó que porque acepté salir con él podía tomarse demasiadas confianzas. Le dejé claro que no me interesaba y se molestó.
—¿Quién era?
— El hijo del señor de la mensajería.
Ellie sintió un pequeño vacío en el estómago.
—¿El hijo del señor de la mensajería?
—Sí. Si algún día lo conoces, no le des demasiada confianza. Cree que todas deberían caer rendidas a sus pies.
Ellie frunció ligeramente el ceño pensando en Daniel. Había escuchado que él llamaba padre a Ryan así que algo no terminaba de encajar puesto que lo vio trabajar, pero decidió no preguntar detalles al respecto.
***
Aquella noche, ya acostada, Ellie sacó la moneda que había guardado y la sostuvo entre los dedos.
Podía esconderla, dejarla sobre la mesa, apartarla de su cuerpo y dormir.
No sabía exactamente qué ocurriría si lo hacía, pero sí sabía qué sucedería si la conservaba entre sus manos.
Volvería a verlo. “No significa nada.” Cerró los dedos alrededor de la moneda.
“Solo es curiosidad.” Se acomodó entre las sábanas y quedó profunda al instante.
Cuando volvió a abrirlos, el mármol blanco se extendía bajo sus pies nuevamente.
Ellie contempló las partículas violetas flotando en la inmensidad.
—Otra vez...
Ahora conocía el camino hacia su propia bóveda. Atravesó los corredores hasta llegar a la caja, Daniel ya estaba allí. Permanecía apoyado contra uno de los muros con las manos en los bolsillos y la mirada perdida. Ellie se acercó.
—Hola.
Daniel se enderezó inmediatamente.
—Hola…
—¿Llevas mucho tiempo esperando?
—No, apenas acabo de llegar realmente.
Ellie sospechaba que esa respuesta no era real, sin embargo decidió volcar su mirada hacia la caja negra.
—No sé por qué estoy aquí de regreso…
Daniel observó la moneda que Ellie sostenía entre sus manos.
—Yo sí. Quiero decir... yo vine porque necesitaba entender todo esto. Es mucho que interpretar de golpe.
Sacó su propia moneda y la introdujo en la caja.
El cristal respondió con una pulsación violeta igual que la noche anterior.
La moneda cayó dentro de la sección transparente de la caja y quedó junto a las dos de la noche anterior.
Ellie se aproximó, pero antes de que pudiera insertar la suya, Daniel habló.
—Espera.
Ella se detuvo a medio camino.
—¿Qué sucede?
—Antes de que lo hagas... necesito explicarte algo.
Ellie bajó lentamente la mano. Daniel respiró hondo.