La Moneda Del Destino 6 ¿Mi pareja predestinada? #3
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6 ¿Mi pareja predestinada? #3

Dejó el libro sobre la mesita y se acomodó de lado.

Esta vez permitió a su mente divagar, y permitió que todos esos pensamientos cruzaran con libertad una y otra vez sin contenerlos, sin juzgarse a sí mismo, simplemente sintiendo, pero el cansancio acumulado terminó imponiéndose.

Daniel cerró los ojos y el mundo desapareció por completo.

Cuando volvió a abrirlos, estaba atravesando una puerta luminiscente, deteniéndose al cruzarla.

Ante él se extendía un espacio imposible de comprender en ese instante. Ante sus ojos se encontraba

un monumental recinto palaciego y cósmico.

Había un gran pasillo flanqueado por altísimas columnas estriadas de color blanco con capiteles y filigranas dorados.

En lugar de un techo sólido, las grandes estructuras formaban arcos apuntados góticos que se abrían directamente hacia un firmamento cósmico repleto de un cielo morado, con tonos rosa y azulados.

En la parte superior de las columnas y los arcos colgaban grandes armilares o candelabros de metal dorado con esferas centradas.

Las paredes laterales estaban compuestas en su gran mayoría por mármol blanco brillante con los mismos filigranas dorados.

En cada pared se encontraban una especie de panales como vitrinas, enumerados con números de 7 dígitos.

El suelo por el que caminaba seguía siendo del mismo mármol pulido, decorado con delicadas cenefas e incrustaciones doradas en forma de círculos y espirales, reflejando impecablemente la luz de los muros y el violeta del firmamento cósmico.

Personas aparecían a través del lugar y avanzaban por el salón con una tranquilidad desconcertante.

Daniel se miró la ropa, tenía el mismo pijama con el que se acostó en casa de Ryan.

—¿Dónde estoy? ¿Qué es este lugar?

Recorrió lentamente el lugar misterioso mientras que analizaba todo con gran detenimiento, no sabía como había llegado allí pero parecía ser algo real, algo más que un sueño.

Más allá de un recibidor donde estaban los grandes portales, el espacio se abría hacia corredores interminables formados por largas estructuras del mismo mármol blanco que era el elemento principal del gran recinto.

Eran demasiado grandes para llamarlas simples estanterías, pero estaban organizadas con la precisión de un archivo gigantesco.

Miles de números de 7 dígitos estaban escritos en dorado, como señalando un tipo de nomenclatura y debajo de ellos se podían avistar unas cajas, cajas de cristal negro brillante.

Algunas permanecían completamente oscuras mientras que otras contenían tenues filamentos violetas que se movían en su interior como humo vivo, y otras pocas resplandecían con tal intensidad que parecían guardar pequeñas tormentas.

Daniel contempló aquello estupefacto.

—Debo estar soñando. — Dijo mientras apretaba sus puños, pero sintió una punzada en la mano herida, frunciendo el ceño de dolor inmediatamente.

— Pero el dolor se siente muy real… —Cuando abrió la palma de la mano herida encontró ahí una moneda que descansaba sobre ella.

Era negra, bordeada de oro y extrañamente fría.

En una de sus caras había un corazón, en la otra, una calavera.

Bajo ambos símbolos había una inscripción grabada, era un número de 7 dígitos parecido al que se podía encontrar en la cabecera de las enormes estanterías.

Daniel dejó de respirar durante un instante.

Había leído y escuchado sobre aquel fenómeno.

Todo el mundo había oído alguna vez historias acerca de la sala del destino, aunque la mayoría pensaba que esto no eran más que relatos imposibles sobre personas que mientras dormían, eran conducidas hasta el ser con quien poseían la mayor afinidad posible, nadie se lo tomaba realmente en serio.

“No puede ser”

Miró a su alrededor. Entonces comenzó a reparar en las personas, la gran mayoría estaba en parejas, de las cuales, algunas caminaban tomadas de la mano.

Otras permanecían abrazadas frente a sus cajas y pudo ver que una mujer lloraba mientras el hombre que la acompañaba secaba sus lágrimas.

Más allá, dos jóvenes reían mientras observaban juntos el resplandor violeta que crecía dentro del cristal.

Había algo profundamente íntimo en aquel lugar a pesar de su inmensidad.

Millones de historias coexistían allí y, sin embargo, cada pareja parecía encontrarse completamente sola, en su propia realidad.

Daniel apretó la moneda, aunque le dolía la mano.

“Yo no conozco a mi pareja predestinada.”

Comenzó a buscar, los números grabados en los muros seguían un orden preciso, de modo que no tardó demasiado en comprender hacia dónde debía dirigirse para encontrar el número de su propia moneda.

Recorrió varios corredores en busca del lugar correcto mientras leía varios dígitos que comparaba con los de su moneda.

Con cada paso, sus nervios aumentaban y su corazón latía más fuerte.

“¿Quién será?, ¿Quién será?”

La pregunta apareció antes de que pudiera evitarla.

Avanzó un poco más y entonces halló el lugar con el número correcto.

Daniel se detuvo frente a una caja de cristal negro completamente opaca, no había humo ni filamentos violetas en su interior.

Parecía una caja inerte, en contraste con las demás que se veían vívidas con los destellos violetas.

En uno de sus costados, una sección transparente recorría verticalmente el cristal.

En la parte superior había una pequeña abertura, exactamente del tamaño de la moneda que sostenía, se asemejaba a una especie de alcancía.

Daniel se acercó.

—Así que esta es...

Unos pasos resonaron detrás de él. Su cuerpo se tensó, se giró y se olvidó de respirar.

La pelirroja estaba allí. Ellie permaneció inmóvil a varios metros de distancia, claramente estaba tan sorprendida como él.

Su cabello cobrizo contrastaba con la blancura del salón y, bajo aquella luz extraña, sus ojos azules parecían aún más claros.

Miró la moneda que sostenía con duda para luego mirar el número de la caja y después sus ojos se posaron sobre Daniel.

—¿Esta... —tragó saliva—. es tu caja?

Daniel consiguió asentir aún estando aturdido de verla en ese lugar. Ellie acercó su moneda a la que él sostenía sobre su palma abierta, los números coincidían. Daniel sintió que el corazón le golpeaba el pecho con fuerza.

—Entonces tú eres...

No pudo terminar. Ellie levantó la mirada con ternura y cierto gesto de duda mientras que él se puso completamente rojo.

—¿Tú eres... mi pareja predestinada? —Preguntó ella en un tono casi inaudible. Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada. Miles de personas podían encontrarse en aquella sala, pero para Daniel, solo existía ella. —¿Qué se supone que debemos hacer? —preguntó Ellie finalmente.

Daniel desvió la mirada hacia las otras parejas.

—Bueno… Nunca he estado aquí antes, pero supongo que debemos colocar las monedas en la caja como todos los demás.

A cierta distancia, una pareja introdujo sus monedas en una de las cajas y el cristal respondió con un tenue resplandor.

—Supongo que sí... — Ella se acercó primero.

Daniel la observó elevarse ligeramente sobre las puntas de los pies para alcanzar la abertura.

Ellie dejó caer su moneda en el recipiente y seguido de eso un pequeño destello violeta apareció dentro de la caja, aunque no fue muy intenso, fue notorio para ambos.

Apenas hubo una pulsación, como el primer latido de algo que acababa de despertar. Ellie retrocedió. — Sigues tú.

Daniel miró su moneda. Por alguna razón, introducirla le pareció mucho más importante de lo que debería, pero finalmente la dejó caer.

La reacción fue inmediata. Los filamentos violetas se extendieron por el interior del cristal y se encontraron con el pequeño resplandor que había provocado la moneda de Ellie.

Ambos resplandores se entrelazaron hasta formar una corriente luminosa que recorrió la caja.

Ellie abrió ligeramente los ojos. Daniel tampoco consiguió ocultar su asombro.

—Entonces... —murmuró ella—. La chispa que sentimos esta tarde...

—Parece que sí, pensé que habría sido un chispazo ocasional, pero con todo esto parece que...

Ellie bajó la vista. “No puede ser peor.” pensó para sus adentros.

Aquella misma mañana su vida había tomado un rumbo que no había elegido, confirmando así su compromiso en la carta que había enviado de regreso a Excelso, y ahora el destino acababa de mostrarle otra ruta.

“Conocí a mi pareja predestinada justo después de que me comprometieran con un completo desconocido.” Daniel no podía imaginar qué pasaba por la cabeza de Ellie, y tampoco sabía cómo sentirse al respecto él mismo.

Se llevó una mano al cabello y lo revolvió nerviosamente. Ellie reparó entonces en el vendaje.

—¿Cómo sigue tu herida?

—¿Mi...? Ah, mucho mejor.

Le mostró la mano y Ellie se acercó. Daniel tragó saliva “Esta vez no la retires. Sería grosero. Compórtate como una persona normal por una vez con esta chica.” Ella sostuvo su mano por debajo y levantó con cuidado uno de los bordes de la venda.

—Fue una herida profunda, lamento mucho que te hayas lastimado por mi.

—Sí, lo es. Pero no hubo un daño importante. — Daniel abrió y cerró los dedos para demostrarlo. —¿Ves?

Ellie sonrió.

—Me alegra, yo... — Ellie soltó suavemente su mano. —Creo que de momento regresaré a dormir…

—Sí, claro que sí, fue un largo día después de todo.

Daniel se quedó contemplándola. “Esa sonrisa...”

Ella comenzó a alejarse, pero antes de marcharse volvió la cabeza para dirigirle una última mirada al chico.

—Buenas noches, Daniel.

—Buenas noches... Ellie.