6 ¿Mi pareja predestinada? #2
Es verdad que en términos prácticos el rubio sería casi un desconocido, pero el hecho de haberle ayudado dos veces en magnitudes tan grandes, hizo que su corazón flaqueara un poco.
No podía evitar sentir preocupación por el chico que salió herido tratando de ayudarla, pero claramente tampoco le pediría que se quedase más de lo necesario con ella.
Cuando Daniel regresó a la tienda, Ryan se percató de inmediato que algo andaba mal con su hijo adoptivo.
—hola hijo, ¿terminaste con las entregas de la mañana? ¿Tienes hambre?
Daniel levantó la mano, envuelta de manera improvisada en un trozo de tela ya manchado de rojo que había usado para parar la hemorragia. Ryan se alarmó y se acercó a pasos acelerados—¿Qué te pasó?
—Un pequeño incidente camino a entregar el último paquete, No creo que sea tan grave pero si me duele un poco
Ryan palideció después de quitarle la tela de la mano y examinar la herida con sus propios ojos.
—Daniel esto es serio, ¿cómo te hiciste esta herida?
Lo condujo a la parte trasera del local, tomó el kit de primeros auxilios para atender la herida.
—Por fortuna, aunque profunda, no parece haber generado ningún daño importante.
Comenta Ryan luego de limpiar, desinfectar y la vendar con extrema cautela.
Esto ya le era conocido puesto que en los entrenamientos que Daniel recibía en gehena solía llegar con el bastante herido por lo que, en algún punto, Ryan tuvo que aprender sobre primeros auxilios para estar prevenido cada que Daniel llegara lastimado.
Luego de vendarlas heridas a Daniel, mientras comían, Daniel le contó lo ocurrido, aunque omitió algunos detalles.
Para luego, aunque a regañadientes convenció a Ryan de terminar de hacer las entregas, que en esta ocasión, hizo con mayor precaución y regresó unas pocas horas después a la oficina para que Ryan saliera acompañado a Excelso y Daniel quedó a cargo del local.
Cuando se quedó solo, el joven apoyó la espalda contra la silla y contempló su mano vendada.
“Qué día tan ruidoso…” Y la campanilla sonó, sacándolo de sus pensamientos.
—Bie...
Levantó la vista. Y se quedó completamente quieto. La pelirroja acababa de entrar. No era la primera vez que pasaba y tampoco la primera vez que la veía ese día, pero Daniel aún así seguía entrando en shock cuando le veía.
—Buenas tardes, Daniel. —saludó ella.
Daniel se levantó tan rápido que la silla en donde se hallaba sentado se tambaleó tras él. Esta vez, a diferencia del frasco de dulces, sí alcanzó a sujetarla antes de que cayera y se enderezó inmediatamente, fingiendo que nada había sucedido.
—B-buenas tardes, señorita Ellie, b-bienvenida a Ryans Letter’s Inc, ¿en qué puedo servirle?
Ellie reprimió una sonrisa ante la actitud nerviosa de Daniel y abrió su bolso. Realmente no entendía cómo es que la persona que le había salvado en dos ocasiones distintas podría llegar a ser tan tímida cuando se trataba de hablarle con naturalidad.
—Necesito enviar una carta, Daniel. Deseo enviarla en nombre del señor Richard Williams con destino a Excelso.
Daniel miró el sobre y tardó un instante en reaccionar.
—Sí, Claro, por supuesto. Necesito que llenes este pequeño formato. —Dijo Daniel mientras le ofrecía un libro de registro de solicitudes, donde se especifican todos los detalles del envío.
—Entendido, muchas gracias, Daniel.
Ellie sacó una pluma y comenzó a escribir lo requerido por el joven encargado de la tienda.
Daniel intentó mirar hacia otra parte, pero no funcionó.
Sus ojos le engañaban y continuaban regresando a ella una y otra vez como imanes inevitables, se quedaba fijo en la forma en que algunos mechones rojizos caían sobre su rostro, absorto de los suaves ademanes que acompañaba su escritura.
“Esta mujer me pone demasiado nervioso.”
—Listo, aquí tienes.
Daniel parpadeó, saliendo de su estado de trance.
—Disculpa, ¿qué?
Ellie levantó la hoja del cuaderno de registros.
—El formulario.
—¡Ah! Sí, sí. Claro.
Tomó los documentos y la carta para guardarlos en el lugar correspondiente. Cuando regresó al mostrador, descubrió que ella seguía allí, esperándolo.
—¿Necesitas algo más?
Ellie vaciló.
—¿Bueno… también quería saber, ¿cómo está tu mano?
Daniel miró el vendaje, realmente no esperaba que ella preguntara por eso.
—Mucho mejor. Ryan me hizo primeros auxilios en la herida así que ahora solo es cuestión de esperar a que sane.
—¿Puedo verla?
La pregunta lo tomó desprevenido.
—¿Mi... mano?
Ella asintió, silenciosamente mientras le extendía las suyas para que él se apoyara y ella pudiese examinarlo con detenimiento.
Daniel ofreció su mano, dubitativo del interés de la chica.
Ellie extendió los dedos y en el instante en que sus pieles entraron en contacto, una chispa violeta, crepitante y brillante saltó entre ambos.
Los dos retiraron las manos, aturdidos por la escena que acababa de ocurrir.
—¡Ay! —Ellie soltó una risita nerviosa—. Parece que tienes mucha estática.
Daniel observó sus propios dedos.
—Sí… Eso parece…
Daniel lo vio, esa chispa de recién, era violeta, estaba completamente seguro, había escuchado hablar antes de ello e incluso había leído un poco al respecto —Aunque no mucha información había encontrado, realmente. pero su cabeza aún no podía procesar lo que acababa de acontecer.
Ellie también miraba su mano.
—¿Me dejas verla otra vez? -Pidió Ellie, nuevamente.
Daniel dudó, pero terminó extendiéndosela de nuevo.
Esta vez no hubo ninguna descarga. Ellie sostuvo su mano con cuidado y examinó el vendaje.
Sus dedos apenas rozaban la gasa, pero aquel contacto bastaba para que Daniel sintiera que cada músculo de su cuerpo se tensaba.
Ella levantó la mirada mientras el chico de ojos verdes retiraba la mano de inmediato y la escondía detrás de la espalda.
—Realmente estoy bien, no te preocupes.
Ellie lo contempló durante un segundo antes de sonreír.
—Esta es la segunda vez que me salvas. Estoy en una gran deuda contigo, muchas gracias. -Dijo Ellie mientras hacía una muy breve reverencia en señal de gratitud.
—No tienes que agradecerme, es lo que cualquiera hubiera hecho en mi situación, además es con todo el gusto.
Daniel divagó con la vista para no quedarse fijo en sus ojos azules.
—Que tengas una buena tarde, señorita.
—Igualmente, Daniel.
La campanilla volvió a sonar anunciando la llegada de Ryan, ambos fijaron la mirada hacia la entrada.
—Hola, hijo. ¿Qué tal todo, cómo te fue?
—Bien, padre. Todo en orden.
Ellie alternó la mirada entre ambos ampliamente sorprendida por la expresión “padre”.
“¿Es su padre? No se parecen en absoluto...”
—Buenas tardes, jovencita. ¿Ya la atendieron?
—Sí, señor. De hecho ya mismo estaba por marcharme.
Antes de salir, Ellie volvió la mirada hacia Daniel con una breve sonrisa.
—Hasta luego.
—Que tenga una buena tarde, señorita…
La puerta se cerró, Daniel permaneció inmóvil unos segundos para luego dejar escapar todo el aire que parecía llevar varios minutos conteniendo y apoyó la frente sobre el mostrador. Ryan lo observaba fijamente y sin poder evitarlo, soltó una sonrisa burlona.
—¿Estás seguro de que te encuentras bien?
—Si… Todo está de maravilla, no te preocupes. -Respondió sin apartar la cabeza del mostrador
—Entiendo…
—Quiero irme a casa. Necesito un poco de tranquilidad después de este día…
Ryan señaló su vendaje.
—¿Puedes regresar al bosque con esa herida?
—No lo había pensado… Realmente ahora que lo mencionas no creo poder lanzar bien el gancho para pasar por el abismo con una sola mano.
—Siendo así creo que sería mejor que te quedes hasta que puedas hacer ese viaje sin problemas.
Daniel meditó la situación unos segundos.
De por sí, pasar el abismo ya era bastante difícil estando en perfectas condiciones por lo que esa opción estaba descartada cien por ciento.
La otra opción que tenía era pedirle ayuda a Bruce, pero en este momento esta no era una opción plausible, Daniel sabía que en ese instante Bruce estaría ocupado con ciertas diligencias al ser el líder de Gehenna.
Finalmente tras sopesar sus opciones decidió aceptar la solución de su padre adoptivo.
Al finalizar la jornada laboral ambos fueron a casa de Ryan.
La cena transcurrió con tranquilidad y Daniel apenas habló.
Su mente siempre se volcaba una y otra vez a la misma escena: Los dedos de Ellie, La chispa violeta, Su sonrisa.
De pronto, la puerta se abrió y Lyam entró con expresión complicada. Apenas murmuró un saludo antes de dirigirse hacia su habitación casi corriendo. Daniel lo siguió con la mirada.
—Parece que no le fue muy bien.
Ryan respiró hondo.
—Será mejor dejarlo tranquilo por ahora.
—Sí, tienes razón. Creo que yo también iré a dormir. Hoy... Fue un día bastante largo.
—Gracias por ayudarme, hijo. No sé cómo podría haber entregado todo yo solo sin tu ayuda.
—Sabes que puedes contar conmigo cuando sea necesario.
Dijo Daniel mientras sonreía amablemente, luego se retiró a la habitación que Ryan mantenía preparada para él desde hacía años, aunque rara vez era utilizada.
Después de ducharse, se acomodó en la cama con un libro entre las manos.
Intentó leer, pero en medio de cada línea le llegaba un recuerdo, una chispa violeta de la cual ya había escuchado antes y no podía evitar que de vez en cuando su mente se volviese ante la historia que le contó el otro día el heladero en Imisy.
—¡Maldita sea...!