6 ¿Mi pareja predestinada?
Daniel arribó a la biblioteca como era ya su costumbre, pero al llegar descubrió que Ryan no ocupaba su rincón habitual. Extrañado, frunció el ceño y decidió buscarlo en la tienda. Si no estaba en un lugar, seguro tendría que hallarse en el otro.
—Buenos días, hijo mío —lo saludó Ryan desde detrás del mostrador.
—Hola... Creí que estarías en la biblioteca, como es habitual a estas horas.
—Uno de los muchachos que me ayuda con la mensajería en Imisy está enfermo. Tendré bastante trabajo adicional hoy.
—¿Y Lyam?La pregunta de Daniel fue debido a que usualmente en estas situaciones Lyam era quien reemplaza las ausencias ya fuera por enfermedad o permisos especiales.
—Estoy ocupado —respondió una voz desde el otro lado del local.
Daniel giró la cabeza. Lyam se acomodaba el cabello frente a un pequeño espejo, demasiado concentrado en su apariencia para prestarles verdadera atención.
—Tengo una cita con una chica —añadió. — Una muy bonita, de hecho.
Daniel arqueó una ceja sorprendido.
—¿Tú? ¿Una cita? ¿Quién es la desgraciada?
Lyam lo miró de inmediato, claramente indignado ante el comentario.
—Sí, y no es algo realmente extraño, yo no me congelo y tartamudeó como cierta persona presente ante la mínima interacción con una mujer bonita.
Una sonrisa burlona se dibujó en los labios de Daniel, ignorando las respuestas de Lyam.
—Me sorprende que alguien haya aceptado salir contigo, quizá está ciega o no puede escuchar las tonterias que dices.
—Muy gracioso, muy gracioso. Completamente el alma de la fiesta. Al menos alguien se interesa en mí.— Daniel dejó escapar una risa por la nariz. —Aunque supongo que eso para ti no representa un problema. Dudo que el romance sea precisamente una prioridad para alguien de Gehena.
La sonrisa de Daniel desapareció poco a poco mientras bajaba la mirada.
—Tienes toda la razón, no lo es. Hay cosas más importantes.
Ryan, que estaba observando el intercambio intervino al fin después de exhalar profundamente.
—¡Haaaah! vamos, ya es suficiente. No empiecen tan temprano.
Lyam puso los ojos en blanco.
—Como sea. Me voy. Espero que les vaya bien con el trabajo.
Tomó sus cosas y abandonó el local. La campanilla de la puerta tintineó tras él.
Daniel siguió mirando la entrada durante unos segundos.
“Idiota…”
—Bueno —dijo Ryan, rompiendo el silencio—. Parece que hoy será un largo dia.
—Yo puedo ayudarte a repartir la parte de Lyam y Henry.
—¿De verdad? No tendrás tiempo para hacer otras cosas hoy si los reemplazas a ambos. ¿Estás bien con eso?
—Sí, tranquilo. Tú atiende las tareas del local y yo haré los envíos.
—No me gusta tener que arrebatarte todo el día de esta forma pero realmente me sería de gran ayuda, aunque los envíos de Excelso prefiero hacerlos con Nicolás, así que únicamente encárgate de Imisi con Andrew y los que ya eran tuyos de Gehena.
—Entendido fuerte y claro.
Ryan sonrió, sabía que con la ayuda extra de Daniel todo sería mucho más sencillo.
El rubio recibió las instrucciones, se echó a la espalda una enorme mochila cargada de paquetes y salió a recorrer las calles de Imisy mientras repartía todos los encargos.
La mañana transcurrió con rapidez. El sol ascendió hasta casi su punto más alto y, por ende, cerca del mediodía.
El calor comenzaba a sentirse incluso entre las estrechas calles de piedra.
“Uno más en el norte y regreso a comer con Ryan.”
Imisy era una ciudad muy organizada pero al mismo tiempo un poco enrevesada en el afán de aprovechar todos los espacios de la mejor forma posible, esto hacía que la ciudad estuviese construida en un multinivel que hacía los trayectos no tan lineales.
Daniel se hallaba en medio de un callejón cuando miró su reloj, a los lados se alzaban unas paredes que terminaban en construcciones de casas residenciales, si echaba su mirada arriba encontraría balcones y ventanas desde donde los vecinos podían acceder a la vista directa de todo este pasaje estrecho.
Al avanzar en línea recta por el suelo que estaba hecho de grandes losas de piedra pulida, el callejón desembocaba directamente en el inicio del túnel peatonal que pasaba por debajo de la avenida principal.
Entrando en el túnel que se formaba al pasar por el callejón y que tenía como techo aquella avenida principal el ruido del tráfico retumbaba un poco.
Cruzando por debajo del asfalto se salía a unas escaleras que subían recto para luego llegar a una pequeña planicie hacia la izquierda y luego continuar hacia arriba con la segunda parte de las escaleras, era algo parecido a unas escaleras de medio giro y allí se salía a la calle superior y el nivel en el que era posible entrar a las casas.
Al cruzar casi todo el callejón, en medio del descanso para terminar de emerger al nivel superior Daniel se encontró con algo que realmente no esperaba, era algo inédito, las posibilidades eran tan pocas que resultaba algo hasta gracioso, como si quizá su propio destino hablase frente a él, pues quien se encontraba allí parada era aquella tormenta de emociones de cabellera roja y ojos azules.
Llevaba puesto el uniforme escolar y esperaba pacientemente junto a un muro de las escaleras que tenía un barandal puesto.
Bajo la luz del mediodía, sus cabellos cobrizos parecían aún más intensos, una llamarada imposible de ignorar entre los colores apagados de la piedra.
Daniel se quedó absorto, mirándola más tiempo del que debía.
“Otra vez ella…”
Su corazón dio un fuerte brinco en su pecho, pero antes de procesar sus pensamientos siquiera, un fuerte rechinar metálico llamó su atención.
Tres hombres intentaban subir un tipo de carreta o dispositivo cargado con cajas de diversos tamaños.
La pendiente volvía difícil la maniobra y las ruedas parecían resistirse con cada escalón.
Uno de ellos se resbaló perdiendo el equilibrio y cayendo a un lado.
—¡Cuidado!
Todo ocurrió demasiado rápido.
Cuando el hombre resbaló, soltó uno de los extremos de la carreta.
El peso venció a los otros dos que también se encontraban empujando y el vehículo comenzó a descender violentamente hacia la muchacha.
Ellie retrocedió con los ojos abiertos de par en par y una fuerte expresión de temor en su rostro al comprender el peligro.
Intentó apartarse, pero debido al miedo y los nervios, su pie resbaló contra el borde de un escalón.
Daniel, rápidamente, dejó caer su mochila.
Corrió tan rápido como pudo hacia ella y la jaló de la cintura hacia su pecho antes de que cayera, puso a Ellie de tal forma que ahora ella estaba contra la pared y él en medio de ella y la carreta.
Sin tiempo para pensar, extendió sus manos, una ante la inminente carreta y la otra apoyándose contra el muro por sobre el hombro de la chica y levantó una pierna para contener el impacto con la palma y la rodilla.
El impacto fue brutal. Si bien Daniel pudo aguantar el impacto, una de las barras de contención de la carreta se reventó y quedó incrustada en medio de la palma del joven.
Apretó los dientes de dolor.
-¡Maldición! Ellie permanecía con el rostro contra su pecho y los ojos cerrados.
Tardó unos segundos en comprender que el peligro había pasado, cuando finalmente los abrió, levantó lentamente la cabeza.
El joven rubio sostenía con firmeza la carreta que tres hombres apenas habían conseguido controlar momentos antes, si alguien le hubiese hablado de semejante escena, claramente creería que es una mentira, pero allí estaba ella presenciandola.
Ellie intentó separarse por puro reflejo de Daniel pero este apretó el brazo que tenía antes contra la pared alrededor de su cintura.
—Espera. No te muevas. — Ella se quedó inmóvil. —Mira.
Ellie levantó la cabeza y palideció al descubrir los objetos metálicos que sobresalían de la carga y luego vio la sangre proveniente de la mano del chico.
—¡Por los 9 guardianes! -Exclamó Ellie mientras se llevaba una mano a la boca.
—¿Estás bien? —preguntó él.
Ellie lo miró, desconcertada, era él quien estaba herido.
—Sí...
Los tres hombres recuperaron el control de la carreta y la apartaron, ayudando a Daniel y a la chica a salir de la apretada situación. Solo entonces Daniel soltó a Ellie.
—Gracias —dijo uno de ellos, todavía agitado—. Lamento lo sucedido.
—No pasa nada, un accidente puede ocurrir en cualquier momento, afortunadamente, esta vez no pasó nada grave.
Daniel regresó junto a la chica, dándole la espalda a los hombres y la carreta.
—¿De verdad estás bien?
—Sí, muchas gracias. Pero tu...
Él bajó la mirada, de su mano la sangre continuaba brotando.
—Estaré bien, no te preocupes.
—Esa herida no es cualquier cosa. Deberíamos ir al hospital más cercano de inmediato para que te atiendan. Podrías tener algún daño severo.
—No es necesario. Estaré bien, de verdad.
“No puedo. Aún no tengo documentos, ni siquiera sé qué sucedería si intentara ingresar.”
Ellie parecía dispuesta a insistir cuando Daniel reparó en algo atrapado entre sus cabellos.
Se inclinó ligeramente y levantó la mano que aún podía mover con libertad para limpiarla de algunos restos en su cabeza.
Los dedos de Daniel rozaron apenas uno de sus mechones y Ellie contuvo la respiración mientras se tocaba el cabello, súbitamente nerviosa.
Daniel recogió su mochila y se dispuso a continuar su camino.
—Por favor, cuídate.—¡Daniel, espera!, es la segunda vez que me haces un gran favor, antes salvaste a mi hermano y ahora me salvaste la vida… Estoy nuevamente en deuda contigo.
—No es nada, de verdad. Aunque sí me parece curioso encontrarte en este tipo de situaciones peligrosas.
Ellie permaneció en su lugar observando cómo se alejaba el chico mientras dejaba pequeñas gotas de sangre por donde caminaba.
—No lo entiendo...