5 Un nuevo amigo #4
Daniel sonrió antes de marcharse. Después de entregar la correspondencia en Gehena, Daniel regresó hacia el abismo, y encontró allí a Christopher, exactamente donde lo había conocido.
Curiosamente, estaba forcejeando otra vez con el gancho.
Daniel se quedó observando desde cierta distancia la ridícula escena.
Christopher repitió la escena del día anterior donde fallaba miserablemente todos sus intentos.
—No creí encontrarte aquí de vuelta tan pronto, pensé que estabas muy adolorido para tal hazaña.
Christopher se volvió, sorprendido al escuchar la voz.
—¡Daniel!... auch. —Christopher intentó caminar hacia él y su expresión se torció por el dolor en sus músculos.
— Bueno, resulta que hay ciertos métodos para llegar acá desde Excelso que son bastante rápidos, tener conocidos es útil en situaciones como el transporte, además me comprometí contigo. Toma, aquí están tus libros.
Eso cambió la actitud de Daniel al instante. Christopher abrió la mochila y extrajo cuatro grandes volúmenes.
—Historia territorial, cartografía antigua, registros sobre la reconstrucción del muro y uno sobre las primeras divisiones entre las tres zonas es lo que traje por ahora.
Daniel los recibió con un cuidado casi reverencial y sagrado.
—¿Son prestados?
—Puedes quedártelos por ahora.
—Está bien, muchas gracias, los guardaré cuidadosamente.
—Lo sé, no hace falta decirlo.
Christopher miró el abismo nerviosamente y después a Daniel.
Daniel exhaló ante la situación que no tenía más remedio por el momento.
—Súbete, vamos.
—Sabía que te agradaba. -Dijo Christopher entre risas.
—Tampoco exageres.
Aquella tarde, Christopher volvió a entrenar, aunque Daniel redujo la intensidad. Le enseñó equilibrio entre troncos, desplazamientos cortos y cómo usar correctamente el gancho sin depender únicamente de fuerza bruta.
—No lo lances así.
—¿Qué hago mal?
—Todo.
—¿Puedes ser más específico?
Daniel tomó el dispositivo.
—Estás intentando vencer al peso. Tienes que usarlo.
Realizó una demostración para que su nuevo pupilo pudiera replicarlo, a lo que Christopher observó con atención.
—Otra vez.
Daniel repitió.
—Ahora tú, vamos.
Christopher falló.
—Otra vez.
Volvió a fallar.
—Otra vez.
—Empiezo a comprender por qué eres amigo de los libros, Daniel.
—Por algo pedí que me entrenaras, sé que no soy perfecto.
Al anochecer, Daniel declaró terminado el entrenamiento y Christopher aprovechó para tomar medidas y continuar trabajando en el mapa. Daniel regresó a la cabaña con los libros.
—Deberías poner algunas luces por el camino —comentó Christopher desde detrás.
Daniel se volvió.
—¿Luces?
—Pueden ser pequeñas y no demasiadas, entre los árboles.
—¿Para qué?
—Quedaría bonito.
Daniel observó el sendero.
—Y si algún día traes a una chica, sería bastante romántico.
Christopher sonrió inocentemente mientras Daniel entraba en la cabaña. Comieron algo, se dieron un baño ligero en el lago y se dispusieron a dormir por ese día.
A la mañana siguiente desayunaron juntos nuevamente.
Christopher seguía tomando notas mientras comía, lo que Daniel consideró una demostración impresionante de incapacidad para quedarse quieto.
Cuando llegó el momento de marcharse, Daniel acompañaba a Chris hasta la salida de gehena—Recuerda los ejercicios —le dijo mientras caminaban hacia el abismo—.
Equilibrio primero, después saltos cortos y muy importante, no intentes cruzar solo.
—Entendido, entendido.
—Lo digo en serio.
—Yo también…Esta vez, al menos. -Bromeó el joven de Excelso.
—Nos vemos en unos días, cuídate en el camino de regreso.
—Cinco —precisó Christopher—. Volveré en Cinco.
—Bien, estaré esperando.
Daniel lo ayudó a cruzar nuevamente y Christopher emprendió su viaje de vuelta a Excelso despidiéndose mientras hacía un ademán con la mano.
—¡Gracias, Daniel, nos veremos pronto!
Daniel respondió con un gesto y emprendió el regreso a su hogar.
El bosque recuperó poco a poco su silencio y cuando llegó a la cabaña, no pudo evitar notar algo extraño.
Se sentía más vacía que la noche anterior, más silenciosa.
Durante la siguiente hora quedó completamente absorto en la lectura que tenía en sus manos, habían mapas antiguos, registros de terremotos y cambios en las fronteras.
Algunas páginas hablaban del gran sismo que había obligado a reconstruir parte de las divisiones territoriales y del modo en que ciertas zonas habían quedado aisladas.
Daniel repasó varias veces uno de los mapas, la posición del bosque no coincidía exactamente con la distribución moderna.
Había demasiadas cosas sobre aquel lugar que desconocía.
Pasó otra página y continuó leyendo hasta que el silencio de la cabaña volvió a envolverlo por completo, sin embargo, aquella noche se sentía diferente, Daniel levantó la mirada hacia la silla que Christopher había ocupado unas horas antes.
Durante años había disfrutado de aquella soledad sin cuestionarla, pero ahora, después de apenas un par de días compartiendo el bosque con alguien de su edad, la cabaña parecía demasiado silenciosa.