5 Un nuevo amigo #3
—Está bien, está bien, aunque no es algo malo que te guste alguien, estás en esa edad después de todo.
Daniel lo observó durante un segundo.
Christopher dio media vuelta y añadió, jocosamente:
—Seguro debe ser una belleza, jeje.
Esta vez Daniel se quedó callado y le echó una mirada que se sentía un poco amenazante.
—Ya, ya. Tema cerrado, está bien.Después de esa conversación Daniel organizó todo para que pasaran una noche apacible, él dormía ahora donde antes lo hizo Robb y su antigua habitación era ahora el cuarto que usaría Christopher.
***
El primer entrenamiento confirmó todas las sospechas de Daniel, Christopher tenía entusiasmo y determinación, tenía por montones de ambas cualidades pero en cuanto a estado físico y habilidad sus carencias eran igual de notorias, no tenía conocimientos básicos, así que desde su perspectiva, alguien fuerte y experimentado que nunca había enseñado, sería un largo camino.
—Flexiona las rodillas.
—Lo estoy haciendo.
—No, no lo suficiente, estás muy rígido, debes ser más natural.
—Siento que sí lo estoy haciendo, ¿sabes?.
—Pues tus rodillas no están de acuerdo contigo. No es lo que pienses, es lo que haces, los monstruos allá afuera no te dirán en qué fallas, solo te matarán y devorarán tu cadáver.
Christopher volvió a intentarlo, saltó desde una roca baja aterrizando mal y terminó rodando sobre la hierba. Daniel cerró los ojos y exhalo un poco exasperado.
—¿Eso cuenta?
—Como ejemplo de lo que no debes hacer. vamos, otra vez.
Entrenaron hasta que Christopher empezó a perder precisión por el cansancio y entonces Daniel detuvo la sesión.
—Creo que es suficiente por hoy.
—Puedo seguir.
—He dicho que es suficiente.
—¡Solo una vez más, por favor!.
—Si entrenas agotado, tu técnica no será limpia y eso generará hábitos que luego te serán más difícil de corregir. Soy un maestro estricto, si te digo que es suficiente es porque veo que genuinamente no puedes continuar. Además, el descanso también hace parte clave del entrenamiento.
Christopher protestó un poco más, pero terminó obedeciendo. Durante un rato permanecieron en silencio.
—Este lugar es increíble, podría vivir aquí muy feliz.
—Tú vives en Excelso, no sabes lo que dices, ciertamente.
El muchacho hizo una mueca.
—Es precisamente por eso que lo digo, tú tampoco conoces Excelso así que no puedes hacer una comparativa entre ambos lugares.
En casa, soy el hijo mayor, el único varón y mi padre lleva años recordándome incesantemente que tengo responsabilidades con la familia, esas responsabilidades seguro que no dejan que tome las decisiones que querría.
—¿Qué clase de responsabilidades?
—Casarme con alguien que brinde estatus a mi familia, tener hijos, ya sabes, hacer todas las cosas que se supone que un heredero debe hacer.
Daniel frunció ligeramente el ceño.
—¿Ya intentó comprometerte?
—Varias veces, y la mayoría de esas veces ni conocía a la que debía ser mi prometida, ya sabes, el amor es apenas secundario en estos casos.
—Christopher sonrió amargamente. —Siempre que aparece alguna muchacha perfectamente educada y de una familia perfectamente poderosa yo me niego y él se enfada.
Luego la historia se repite meses después, parece que no acabará hasta que realmente me case.
—¿Nunca te gustó ninguna?
Christopher tardó en contestar.
—Hace poco conocí a alguien que me cautivó.
Daniel levantó los ojos, pero no preguntó más.
—Es... diferente —continuó Christopher—. Le gusta explorar y no parecía impresionada por quién soy ni porque venía de Excelso. Sonrió al recordarlo. Pero es menor que yo. Bastante menor.
Daniel permaneció en silencio.
—Quizá algún día… Cuando sea mayor…
—Entiendo…
—Aunque cometí el error de mencionárselo a mi padre.
Daniel lo miró sin entender a qué se refería con un “error”.
—¿Por qué fue un error?
—Porque casi comenzó a organizar la boda en ese mismo instante, es algo abrumador para ser honesto.
—¿Acaso estás exagerando?
—Desearía que fuera así, pero si conocieras a mi padre te darías cuenta que hablo muy enserio.
—Bueno, suficiente de mí, ¿Y a ti?, ¿Nunca te ha gustado alguien?
Daniel sintió que algo incómodo se movía en su pecho, aquella chica con ojos azules, ese rostro lleno de pecas con cabello rojo apareció inmediatamente en su memoria.
—No sé. Quizás.
Christopher sonrió juguetonamente.
—Eso significa que sí.
—No significa nada.
—Está bien, está bien. Retiro la pregunta, señor misterios.
Para sorpresa de Daniel, realmente no volvió a insistir. A la mañana siguiente, Christopher apenas consiguió levantarse cuando Daniel ya estaba preparando algo de desayunar.—Buenos días, Christopher.
Christopher lo miró con un poco de recelo.
—Me duelen las piernas por el entrenamiento de ayer.
Daniel dejó el pan sobre la mesa mientras Christopher se quejaba.
—¿Tú no estás adolorido?
—No, ya estoy acostumbrado a rutinas exigentes, entreno a diario desde que soy un niño, verás.
Compartieron el resto del desayuno en silencio antes de regresar al abismo para que Christopher pudiese regresar a Excelso, en el camino hacia allí el chico iba recopilando datos para su mapa diligentemente, cuando llegaron ahí, Christopher miró hacia Gehena desde el lado seguro.
Daniel lo ayudó a cruzar y Christopher antes de marcharse, señaló su mochila.
—Volveré con los libros más tarde.
—Tranquilo, no hace falta que sea hoy.
—Me comprometí, debo mantener mi palabra cuanto antes.
—Descuida, apenas puedes caminar.
—Detalles, una tontería, no te preocupes por esas nimiedades.
Daniel lo vio alejarse y durante varios segundos permaneció allí observando desde la distancia.
Era una situación extraña, él no estaba acostumbrado a pasar tantas horas con alguien de su edad y mucho menos a encontrarlo divertido.
Más tarde, después de la despedida con Christopher, llegó a la empresa de mensajería para cumplir con sus deberes.
Ryan Brown estaba revisando la correspondencia cuando Daniel entró.
—Buenos días, buenos días.
—Buenos días, hijo ¿Qué tal el descanso? Pareces de buen humor. -Dijo Ryan mientras sonreía alegremente al ver a Daniel.
Daniel dejó su mochila en una silla.
—¿Normalmente estoy de mal humor?
—Normalmente pareces estar perturbado por un montón de cosas a la vez.
Daniel consideró la descripción y realmente era algo que no estaba muy lejos de la realidad, pues últimamente pensaba en muchas cosas que resolver y es verdad que esos especialmente habían sido unos días bastante movidos para él.
—Hmmmm, puede ser que tengas razón.
Ryan siguió organizando sobres.
—¿Ocurrió algo?
—Conocí a alguien.
Las manos de Ryan se detuvieron.
—¿Otra muchacha quizás, galán? Dijo Ryan mientras se burlaba un poco de Daniel por la escena del otro dia
—Conocí a un muchacho bastante inusual. -Respondió Daniel ignorando la broma de su padre adoptivo.
—Ya era hora que hicieras algunos amigos.
—¿De qué hablas? Ya tengo amigos.
—No, hijo, tienes conocidos, personas que te aprecian y se preocupan por tu bienestar, incluso Bruce y yo somos como tu familia, pero eso es diferente a tener un amigo.
Daniel no replicó lo que Ryan estaba comentando casualmente, ya que estaba hablando con la verdad.
—¿Cómo se llama?
—Christopher.
—¿Lo conociste en Imisy?
—No, realmente no.
Daniel comenzó a revisar un paquete, iniciándose así en las labores de la empresa. Ryan esperó unos segundos dando oportunidad a que Daniel elaborará un poco más su respuesta, sin embargo, no hubieron más palabras después de eso. El hombre soltó una carcajada ante la actitud seria de su hijo.
—Definitivamente sigues siendo tú.
Pasaron parte del día trabajando juntos, Ryan tenía que organizar varios envíos destinados a diferentes zonas y Daniel se ocupó de clasificar aquellos que estaban destinados a Gehena.
Entre ellos existía desde hacía años una sinergia que no necesitaba demasiadas explicaciones.
Robert fue el primer padre que Daniel conoció.
Ryan nunca intentó ocupar ese lugar, pero con el paso del tiempo, casi sin decidirlo, ambos habían terminado adoptando palabras que describían algo que ya existía.
—Llévate estos también —dijo Ryan, entregando varios sobres a Daniel.
Daniel los guardó.
—De acuerdo.
—Y no vuelvas demasiado tarde, cuídate.
—Sí, padre.
Ryan levantó una ceja.
—¿Vas a obedecerme?
—Probablemente no.
—Al menos eres sincero. -Exhalo Ryan que estaba acostumbrado a la temeraria actitud del joven adolescente.