5 Un nuevo amigo #2
Christopher cerró el cuaderno sobre el que había anotado un par de cosas antes.
—Hmmmm bueno…Parece ser que la colisión de dos placas tectónicas hace muchísimo tiempo provocaron un gran sismo que hizo que parte del terreno se separara y las antiguas estructuras que funcionaban como una división entre territorios tuvieran que ser reconstruidas.
Luego, parece que esta zona terminó siendo aislada del desarrollo de Imisy ya que el suelo de Gehena era demasiado inestable y por la existencia del gran Everan, claro está.
—Nunca había leído nada como lo que acabas de mencionar.
—En Excelso hay documentos históricos bastante antiguos que no se pueden encontrar en otro lugar del mundo. Eso despertó inmediatamente el interés de Daniel que para ese momento tenía un gran hambre de conocimiento de toda clase.
—¿Podrías prestarme ese libro?
Christopher sonrió.
—Ohhh… ¿sabes? no es el único libro que podría captar tu atención.
—¿Quieres decir que podrías prestarme más que este?
—Bueno, podría, pero tampoco te saldrá gratis.
—Hmmmmm ¿quieres que te los compre? Quizá no pueda comprarlo todo de golpe, pero si estás dispuesto podria comprarlos poco a poco…
—No, no es dinero lo que quiero, Daniel.
—¿Qué quieres entonces?
—Quiero entrenamiento. Que tú me entrenes para ser más preciso.
—¿Entrenamiento?
—Si, quisiera recorrer Gehena sin tener que depender de alguien cada diez pasos, después de hoy creo que es algo indispensable si quiero terminar el mapa. Y viendo tu hazaña reciente creo que podrías enseñarme bien.
—Eso llevará tiempo y esfuerzo, te caerás, te lastimarás y tendrás que dar mucho de ti, más allá de tus límites.
—Tengo tiempo y mi determinación no es vacía, no subestimes mis objetivos, por favor.Daniel soltó una risa breve, quizá esa terquedad la conocía de alguien, si, de él mismo, en ese sentido eran un poco parecidos. Christopher pareció satisfecho de la reacción que había conseguido en Daniel.
—Entonces… ¿tenemos un trato? Mis libros y conocimiento a cambio de tu entrenamiento. —Eres persistente, lo reconozco.
—Gracias, gracias, de mis mayores fortalezas.
—No era un cumplido.-Respondió Daniel hoscamente.
—Lo aceptaré como tal igualmente.
El sonido de la cascada llegó a sus oídos antes de poder ver la cabaña, cuando los árboles se abrieron, Christopher se quedó inmóvil ante la hermosa vista que se presentaba ante él,
el lago reflejaba parcialmente la luna y la construcción de madera se levantaba cerca de la orilla protegida por la vegetación a sus alrededores que se notaba bien cuidada, el riachuelo descendía desde la zona de la cascada y seguía su curso entre los árboles hasta que se perdía más lejano de lo que la vista podía ver.
—¿Esta es tu casa?
—Así es, hemos llegado, bienvenido.
Christopher dejó caer los brazos y la mandíbula estupefacto.
—Esto no es una casa, es un escondite perfecto, es increíble, es perfecto.
—Esa era la idea, me alegra que te guste.
—¿Puedo acercarme al lago?
Daniel apenas alcanzó a asentir cuando Christopher ya estaba allí, arrodillado junto al agua y hundió una mano.
—Tsssss, está heladisima.
—¿Qué esperabas? Es de madrugada después de todo.
—¿Te bañas aquí?
—Efectivamente, todos los días.
—Quiero entrar, ¿Puedo?
—Si quieres congelarte, no voy a detenerte.
Daniel entró en la cabaña y regresó con una toalla y ropa sencilla. Se la extendió. A pesar de que apenas lo había conocido un par de horas antes de llegar a su cabaña su presencia no le resultaba molesta, aunque fuera bastante despreocupado y extraño.
—Te devolveré todo, muchas gracias, no había pensado siquiera en la ropa.
—Eso pude notar, quizá deberías de preocuparte un poco más por esos detalles, ¿sabes? Gehena no es tan permisiva como las otras 2 ciudades. .
—Qué hospitalidad, vaya.
—Todavía estoy intentando comprender en qué momento terminaste en mi casa.
Christopher soltó una carcajada y se lanzó al agua mientras Daniel encendía una pequeña fogata cerca de la orilla.
—¡Este lugar es increíble, Daniel!
Cuando Christopher finalmente salió del agua, se cambió y se sentó cerca del fuego que mediaba entre él y Daniel.
—Ahora sí —dijo, extendiendo las manos hacia las llamas con una gran sonrisa—. Háblame del entrenamiento.
—Antes de hablar del entrenamiento quiero saber más sobre los libros que me prometiste.
Christopher sonrió pícaramente sabiendo que había logrado su objetivo.
—Me agradas.Puedo traerte varios de distintos tópicos: Historia, cartografía, geografía de las 3 ciudades entre otros... Mi familia tiene una biblioteca enorme con conocimiento de todo tipo.
Daniel no pudo disimular su interés y claramente esto no pasó desapercibido por Christopher.
—¡Ajá! encontré tu debilidad.
—¿hmm? ¿De qué hablas?.
—Libros, esa es tu debilidad. ¿O debería decir conocimiento? bueno, supongo que es lo mismo a fin de cuentas.
—Eso no es una debilidad. En fin ¿Qué quieres aprender?
—Como te mencione antes, quiero aprender a moverme por todo Gehena por mi cuenta, en reducidas cuentas se podría decir que fuerza. — Daniel observó sus manos. Tenía algunos cortes y las palmas enrojecidas por el uso incorrecto del gancho.
Equilibrio, caídas, cómo impulsarte, cómo identificar dónde puedes apoyar el peso y dónde no, todo eso sería bastante útil.
—A partir de ahora, según nuestro trato, seré tu maestro, te repito que será difícil y tomará tiempo, empezaremos por lo básico y sobra decir que vas a tener que obedecerme.
—No hay problema con el esfuerzo y el tiempo, eso lo veía venir, pero obedecerte puede ser más difícil.
—Si no planeas obedecerme, entonces no te entrenaré y se cancela el trato. No cargaré con tu eventual muerte si no sigues mis instrucciones, te lo dije, Gehena no es tan permisiva como las otras dos ciudades.
—Obediencia absoluta. Entendido.
Daniel sonrió ligeramente, parece que Christopher realmente estaba empeñado en que el trato saliera adelante.
—Bien, tenemos un trato entonces.
Habiendo culminado la negociación, entraron en la cabaña.
Christopher se detuvo apenas cruzó la puerta, el interior era sencillo pero acogedor, había una chimenea crepitando que Daniel había encendido cuando entró por las ropas que prestaría a Christopher, y una pared entera estaba cubierta por una biblioteca que había crecido considerablemente con los años.
—¿Todos esos libros son tuyos?
—Sí, son los que he ido leyendo desde que soy niño, poco a poco voy agregando más, quizá llegue un momento donde necesite un lugar más amplio para almacenarlos o tenga que donar algunos a la biblioteca de imisy.
Christopher avanzó hacia las estanterías, cuando pudo enganchar a Daniel con los libros pensó que no tenía acceso a muchos o que no había leído demasiados, no esperaba nunca que fuera un ávido lector.
—Definitivamente tenemos un buen trato, según parece. ¿Si encuentro algo que me interese puedo leerlo?
—Bueno, puede ser, ya veremos más adelante.
—Curioso, la cabaña tiene electricidad, pensé que usabas velas o algo parecido, estamos en medio de la nada después de todo —observó Christopher.
—Robb instaló un pequeño sistema que funciona aprovechando la corriente de agua del riachuelo. Lo he mantenido funcionando desde entonces.
—¿Robb?
Daniel se quedó quieto un instante.
—Es el hombre que me crió, no puedo decir que es el único que me enseñó todo lo que sé, pero fue mi primer maestro y fue como un padre mientras estuvo a mi lado.
—¿Y dónde está Robb ahora?
—Murió cuando yo tenía cinco años al salir a hacer unos deberes que tenía pendientes.
El entusiasmo del muchacho se apagó al ver que había tocado un tema delicado para su anfitrión, claramente podía ver la nostalgia y tristeza en las palabras de Daniel cuando narraba los hechos...
—Lo siento, no era mi intención abrir una vieja herida.
Daniel se encogió ligeramente de hombros.
—No te preocupes, fue hace mucho tiempo, además no sabias nada de la historia.
Christopher pareció comprender que Daniel no quería seguir hablando del asunto así que no preguntó nada más. El dueño de la cabaña continuó mostrando el lugar al invitado. En una pared había varias fotografías que captaron la atención de Christopher acercándose este para observarlas mejor.
—¿Eres tú?
Daniel asintió. Había una por cada cumpleaños, algunas mostraban a un niño rubio cubierto de crema, otras junto al lago, con peces, con libros o con pequeños regalos.
—Robb empezó a hacerlo cuando era pequeño, era una especie de tradición que teniamos año tras año —explicó Daniel—. Después de su muerte simplemente continué con la costumbre.
—Me gusta, es un buen recuerdo. Y una buena tradición que mantener, te recuerda el paso del tiempo.
Christopher observó una de las fotografías más antiguas.
—Robert solía decir algo parecido.
—Cuando tenga hijos voy a copiarles la idea, ha de sentirse distinto cuando ves el pasar del tiempo plasmado de esa forma cuando son tus hijos.
Daniel no respondió eso último. Christopher siguió recorriendo la habitación hasta detenerse frente a una pequeña pila de libros sobre la mesa y uno de los títulos llamó su atención “Cómo iniciar una conversación con una chica sin parecer un completo idiota.”
Cuando leyó el nombre miró a Daniel fija y picaramente. Daniel intentó ocultar el libro rápidamente pero era demasiado tarde para ocultarlo. Christopher sonrió.
—¿Es linda?
Daniel, que acababa de llevarse un poco de agua a la boca, se atragantó, tosió varias veces y lo miró con el ceño fruncido.
—¿Qué?
—La chica.
—¿Qué chica?
—vamos, no te hagas el tonto, la que consiguió que compraras un libro para aprender a hablarle.
—No hay ninguna chica.
Christopher señaló la pila.
—Entonces supongo que esto es investigación académica.
—Así es, me gusta aprender cosas nuevas. Asintió Daniel un poco nervioso.
—Claro, seguuuro. -Se burló Christopher.
—No te acostumbres a hacer preguntas sobre mi vida personal.
El tono seguía siendo tranquilo, pero esta vez no había humor detrás. Christopher captó la advertencia de inmediato.