La Moneda Del Destino 5 Un nuevo amigo
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5 Un nuevo amigo

Los fines de semana era cuando Daniel tenía libertad para hacer cualquier cosa que no fuese académica o su trabajo en la mensajería, sin embargo ya estaba habituado a una serie de rutinas como levantarse temprano y tomar un baño en el lago.

Este fin de semana en concreto después de hacer esta pequeña rutina en la mañana desayunó algo ligero y emprendió el camino hacia Imisy para ocuparse de varias cosas que tenía pendientes.

A pesar de no tener deberes académicos pasó el inicio de la tarde en la librería comprando algunos libros que habían captado su interés un tiempo antes y después de esto decidió pasearse por un parque que siempre tenía un ambiente tranquilo.

En aquel parque había un árbol que le gustaba especialmente, crecía apartado de las zonas más concurridas y proyectaba una sombra amplia sobre el césped que cubría el cuerpo de Daniel cuando se recostaba sobre su tronco, le encantaba sentarse allí a contemplar la vida cotidiana de la ciudad, leer algo o en momentos en los que estaba dubitativo simplemente meditaba profundamente.

Aprovechando su tiempo libre abrió uno de los libros que había acabado de comprar y empezó a leerlo.

Como había dormido poco la noche anterior fue presa del cansancio y cayó profundamente dormido en aquel plácido lugar.

Cuando despertó, un frío penetrante le recorría el cuerpo.

Daniel se incorporó desorientado y miró alrededor, estaba oscuro y el parque estaba vacío.

Consultó la hora en su reloj para darse cuenta que era ahora el inicio de la madrugada, lo cual no le sentó para nada bien, se supone que debería haber estado de vuelta en Gehena hacía ya unas cuantas horas.

Guardó el libro en la mochila y comenzó el viaje de regreso.

Imisy tenía un aspecto completamente distinto durante la madrugada, las calles que de día crujían con muchedumbres llenas de ruido y movimientos agitados estaban ahora prácticamente desiertas, solo algunas luces permanecían encendidas en los edificios y el silencio era tal que solo se podía escuchar el viento arrastrando las hojas recién caídas de los árboles y papeles por el pavimento.

Daniel utilizó su acceso habitual para regresar clandestinamente a Gehena.

Allí el silencio era diferente, nunca fue absoluto, siempre existía el rumor profundo de la tierra, el silbido del viento entre las construcciones deterioradas que formaban ecos desde largas distancias y algún resplandor rojizo escapando desde las grietas junto con murmullos esporádicos de algún posible monstruo.

Daniel atravesó la ciudad sin dificultad hasta aproximarse al abismo que separaba Gehena del bosque.

Allí avistó una figura encapuchada que forcejeaba con un gancho de agarre.

Lo disparaba, fallaba, recogía la cuerda y volvía a intentarlo incansablemente.

Daniel observó durante unos minutos y después de ver la falta de pericia del individuo que le llevaría a su segura muerte si continuaba por ese camino se acercó sin hacer ruido.

—¿A dónde intentas ir?

El hombre dio un salto del susto y su pie resbaló. Daniel lo sujetó del brazo antes de que terminara en el fondo del abismo.

—¡Demonios! —exclamó el desconocido—. Podrías avisar antes de aparecer detrás de alguien.

—Perdón, no quería asustarte, pensé que la pregunta era suficiente, sin embargo, si estás en esta zona tan peligrosa deberías estar alerta de cualquier amenaza cercana.—Eh… supongo que tienes razón…

El joven misterioso subió al borde y tras asegurarse de estar en un lugar seguro se quitó la capucha.

Tenía el cabello castaño despeinado y la ropa cubierta de polvo, varios rasguños en todo el cuerpo que indicaban que aquella no había sido su única dificultad durante el recorrido.

El joven parecía bastante jovial y aunque claramente un poco demacrado por el viaje se veía como alguien con determinación en cumplir sus ambiciones, enérgico y despreocupado.

—¿Por qué intentas cruzar el abismo? ¿Por qué arriesgar la vida cuando claramente no estás entrenado para ello?

El muchacho soltó una risa nerviosa.

—Estoy trazando un gran mapa. Un mapa bastante completo, por eso es que he recorrido buena parte de Imisy y unas cuantas zonas de Gehena, pero no puedo terminar el mapa si no sé qué hay al otro lado del abismo.

—Bueno, más allá se encuentra un gran bosque, un río que divide el territorio en dos y mi casa, para resumir todo.

El desconocido dejó de sonreír, claramente asombrado por lo que acababa de decir Daniel.

—¿Qué? ¿Dices que vives pasando este gran abismo?.

—Así es, aunque nadie suele intentar siquiera acercarse.

—No sabía que alguien podía llegar a vivir en tal lugar, no quiero invadir tu propiedad, solo quería tomar algunas medidas, observar el terreno y completar esa parte del mapa, así que te ofrezco disculpas si te importuné.

Daniel lo estudió de arriba abajo y claramente para él no representaba amenaza alguna, aparte de que se veía un poco cansado y se notaba que no había sido un viaje fácil para él, tampoco era alguien muy fornido, en todo caso sería alguien más bien delgado.

—¿Puedo pasar a conocer el bosque y tu dominio? —preguntó el joven—. Prometo no ser impertinente, ¡por favor, seria de gran ayuda para completar el mapa!

Daniel guardó silencio y luego suspiró profundamente.

—Hah…. está bien, pero claramente no puedes pasar por tu cuenta, así que súbete.

El muchacho parpadeó.

—¿Qué?

Daniel le dio la espalda y se agachó ligeramente.

—vamos, súbete.

—¿A tu espalda?

—Si, no conozco muchas otras maneras de llevarte hasta el otro lado.

—Pero...

Daniel se enderezó.

—Entonces quédate aquí.

—¡No, espera!

El desconocido se apresuró a sujetarse.

—Ya estoy.

—No te sueltes por nada del mundo, si cayeras, sería tu fin. -Advirtió Daniel.

—¿Por qué iba a...?

Daniel comenzó a correr antes de esperar la respuesta del extraño.

Tomó impulso en el punto que conocía de memoria, saltó y utilizó el gancho en mitad del movimiento, la cuerda se tensó y ambos se balancearon sobre la oscuridad del abismo mientras el joven se aferraba a él como si acabara de replantearse todas sus decisiones que lo llevaron hasta ese momento, era apenas normal sentir un poco de miedo en aquel tipo de trayecto.

Daniel utilizó el impulso para alcanzar el otro extremo y aterrizó con estabilidad.

El desconocido tardó varios segundos en bajarse de la espalda de Daniel.

—¿Estás bien?

—Sí… Creo.

Daniel guardó el gancho en sus ropas.

—Ese fue un viaje turbulento, no hay duda de por qué no puede atravesarlo después de intentarlo un par de horas. -El muchacho contempló la distancia que acababan de atravesar y después observó su propio instrumento. Ante la aseveración Daniel arqueó una ceja con sorpresa.

—¿Un par de horas?

—Bueno, soy bastante persistente cuando tengo una meta clara.

—Eso no siempre es una virtud, mi maestro alguna vez me dijo que si intentas siempre lo mismo normalmente tendrás el mismo resultado. En esta ocasión de seguirlo intentando podrías haber muerto…El joven rió despreocupadamente sin prestar mucha atención a lo que le decía Daniel.

—Dejame agradecerte y presentarme, soy Christopher, pero puedes decirme Chris, muchas gracias por ayudarme y permitirme explorar el lugar.

—Hah —suspiró profundamente el rubio. — Un gusto, Daniel.

Se dieron la mano,sin saber que empezarían una amistad que duraría décadas. inmediatamente después Christopher volvió la mirada hacia el bosque. La diferencia con Gehena era claramente absoluta.

—Esto es increíble…

—Avísame cuando quieras regresar. No podrás cruzar solo. -Dijo Daniel mientras empezaba a caminar.

Christopher miró nuevamente el abismo.

—¡Espera! ¿Te importaría acompañarme un rato?

—¿Para qué?

—No conozco el lugar, y sería bastante desagradable descubrir que aquí también existen criaturas que intentan comerse a la gente.

—Honestamente… ¿Qué esperabas encontrar en un lugar como este? es increíble que llegaras tan lejos con tan poca preparación.

Christopher perdió ligeramente la sonrisa.

—Sígueme.

—¿Eso significa que aceptas?

—Significa que no quiero encontrar tu cadáver mañana.

Christopher sonrió.

—Está bien, me sirve, gracias de nuevo, con alguien como tu alrededor no hay que temer. Bueno, eso creo después de ver la fuerza que posees, no cualquiera podría pasar ese camino cargando a alguien.

Al principio, Christopher no paraba de preguntar cosas, preguntaba qué árboles eran nativos de aquella zona, qué dirección seguía el riachuelo, cuánto se extendía el bosque, dónde terminaba el abismo y si determinadas elevaciones tenían nombres, parecia un niño recien llegado a un parque de diversiones en el cual nunca había estado, donde todo le parecía resultar fascinante.

Daniel no tenía todas las respuestas pero respondía todo aquello que su conocimiento podía explicar.

Christophe, además de curioso era un parlanchín por excelencia, pues no paró de hablar en todo el recorrido y cuando Daniel se quedaba en silencio el solo encontraba más cosas que preguntar.

—Es extraño —comentó Christopher mientras anotaba algo en su cuaderno—. Según un libro que leí, este bosque estuvo relacionado con Imisy hace muchos, muchos años atrás, aunque ahora realmente parece que nunca podría haber sido de esta manera.

—¿Qué? ¿Cómo podría ser algo así posible? las ciudades no se parecen y todo es completamente diferente, incluso lo que se necesita para sobrevivir aquí y allá. ¿De qué libro hablas?

Christopher ladeó la cabeza, realmente no esperaba que la persona tranquila que había sido Daniel hasta ahora estuviese tan intrigado en una vieja historia.

—Uno que habla de historia y evolución demográfica.

—¿Uno de Imisy?

—No, de Excelso.

Daniel lo observó con mayor atención y sorprendido también de que alguien de aquella ciudad estuviese ahora en el bosque.

—¿Eres de Excelso?

—Sí, así es.

Lo dijo con una naturalidad despreocupada que desconcertó al rubio.

—¿Qué más decía aquel libro?