4 La Joven del cabello de bronce #5
— Esas no son formas ni es el momento de cortejar a una chica y sabes que está prohibido cortejar una cliente encima de todo. Disculpe usted la osadía de mi hijo mayor. La muchacha se limitó a recibir su paquete.
—Muchas gracias, no se preocupe. Daniel, no se me olvida que sigo en deuda con usted, hasta luego.
Respondió mientras se dirigía hacia la salida.
Daniel volvió a concentrarse en el suelo apenado mientras Lyam le miraba atónito y un poco celoso de que la chica le prestase atención a él y no a sí mismo.
—Adiós, Ellie. La pelirroja sonrió una vez más antes de salir.
Desde allí hasta que llegó a su casa no pudo parar de sonreír sin embargo, la sonrisa desapareció por completo en cuanto atravesó la puerta.
—Hola, padre.
Richard levantó la mirada.
—Te tardaste tu buen tiempo.
Ellie apretó ligeramente el paquete contra el pecho, un poco nerviosa ante su padre.
—Perdón, vine lo más rápido que pude. -Respondió mientras le entregaba el encargo a su padre. Richard abrió primero la carta y procedió a leerla en silencio. Anna y Lara que se encontraban en la misma habitación se acercaron, curiosas del contenido de la carta.
—¿Qué dice? —preguntó Anna.
Richard comenzó a leer la carta que provenía de un hombre llamado Adrian Miller, un importante residente de Excelso en voz alta con un tono orgulloso.
En la carta se narraba que su hijo, Christopher, había visitado Imisy y había conocido allí a una joven pelirroja de apellido Williams que había despertado inmediatamente su interés.
Las hermanas intercambiaron miradas sin entender bien a lo que se refería la carta.
En el manuscrito se dejaba entender que Adrian había hecho averiguaciones y descubrió que solo una familia de esa zona, la Williams, coincidía con la descripción que su hijo le había brindado y allí, en la carta, había una propuesta directa.Adrian Miller solicitaba formalmente la mano de una de las hijas de Richard para su primogénito y, a cambio de aquella unión, ofrecía facilitar a toda la familia Williams el ingreso a Excelso.
Incluso había una oportunidad laboral para Richard.
Cuando terminó de leer, el silencio duró apenas unos segundos y Anna fue la primera en reaccionar.
—¡Richard...!
Ella parecía incapaz de contener la emoción. Ir a Excelso era una oportunidad que podía cambiar la vida entera de toda la familia. Richard dobló lenta y cuidadosamente la carta.
—Ellie…
Ella lo miró sin saber qué pasaba por su mente de manera dubitativa.
—¿Sí, padre?
—Parece que vas a casarte prontamente.
El estómago se le contrajo por la sorpresa de la repentina noticia.
—¿¡Yo!?
—Eres mi primogénita y como tal también la más adecuada para atender ante tan importante requerimiento.
Lara hizo un ademán como para contribuir a la conversación, pero descartó la idea con rapidez y apartó la mirada de su padre y hermana.
Richard abrió el pequeño paquete que acompañaba la carta. Dentro había un anillo.
—¡Es precioso!. -Exclamó Anna reparando el anillo de cerca.
Ellie lo observó detenidamente mientras su padre lo sostenía entre sus dedos.
Ella no sintió nada en ese momento, ella no conocía a Christopher Miller, nunca había hablado con él, nunca lo había visto.
Sin embargo, allí estaba su padre que parecía ya haber tomado la decisión que tomaría el rumbo de su vida.
—La mensajería estará cerrada durante el fin de semana —dijo Richard—. Escribiré una respuesta formal y la llevarás el lunes para que se consolide formalmente el compromiso, ¡esto cambiará nuestras vidas para siempre!.
—Sí, señor… -Respondió Ellie sin mucha emoción, ni positivas, ni negativas pero claramente con dudas en sus adentros.No dijo nada más. Aquella noche, las hermanas esperaron hasta que la casa quedó en silencio.
—Ellie...
—¿Sí?
—El chico ese, Christopher...
—No sé quién es Christopher.
Lara guardó silencio. Finalmente Ellie se giró, dándole la espalda.
Su padre había decidido su futuro en cuestión de minutos y ella había aceptado, como siempre.
Porque discutir con Richard nunca terminaba bien.
Cerró los ojos pero no consiguió dormir por todas las dudas que rondaban su cabeza, si bien no discutió, no quería decir que fuese la situación que más feliz le hacía.
“Voy a casarme con un hombre al que no conozco.” -Pensó para sí sin saber muy bien lo que ese pensamiento le transmitía.
Intentó pensar en Excelso y lo que eso representaba para ella, sus hermanos y padres, debía sentirse feliz.
Era lo correcto. Entonces otro pensamiento apareció.
“¿Y si es como papá?” Ellie abrió los ojos y el miedo le oprimió el pecho.
“¿Y si es cruel?” Se llevó las manos hacia el estómago y las rodillas al pecho de manera inconsciente, como si pudiera protegerse de recuerdos que prefería no mirar demasiado de cerca.
“¿Y si el miedo nunca me abandona?” Una lágrima recorrió silenciosamente su mejilla.
Y, por alguna razón que no comprendía, antes de quedarse dormida recordó unos ojos verdes, un frasco roto y una cabellera rubia...