La Moneda Del Destino 4 La Joven del cabello de bronce #4
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4 La Joven del cabello de bronce #4

Ellie observó como el desconocido cogía los brazos de Jimmy alzandolo lentamente, y para cuando pudo estar a una altura relativa el niño se lanzó sobre él, abrazándolo con brazos y pies, y solo allí Ellie pudo respirar tranquilamente de nuevo, mientras veía como el hombre entraba en el edificio con su hermano en brazos.

Después de unos segundos los vio salir de la misma ventana por la que el rubio había entrado tan solo unos instantes previos.

Ella se abrió paso entre el tumulto que se había formado en tan solo unos instantes y cuando el joven puso a su hermano de regreso en el suelo, este se percató de su presencia y corrió hacia ella mientras caía de rodillas y lo recibía con un fuerte abrazo.

—¡Jimmy, qué alegría que te encuentres bien!

Habiendo pasado un breve instante desde que empezó a abrazar a su hermano recordó al joven y alzó su mirada encontrando al chico con una expresión un poco aturdida, quizá después de todo, parecía ser un chico un poco tímido.

Él no le quitaba la mirada de encima pero tampoco empezaba una conversación.

Tenía el cabello corto y desordenado, y sus ojos verdes eran extraordinariamente vivos y curiosamente cautivantes, de facciones delicadas y labios delgados con una sonrisa gentil, además poseía una apariencia atlética, se notaba desde el frente que su espalda era ancha, sus brazos y sus piernas se notaban trabajados y todo esto en conjunto con lo que había hecho solo momentos antes hizo que lograra atrapar su atención al menos por un breve instante.

Había algo curioso en su expresión, parecía tan desconcertado como ella.

—Muchas Gracias, ehhh… ¿Cómo debería llamarte? .-Preguntó Ellie.

El muchacho tardó un poco en responder y cuando el silencio estaba por dar paso a la incomodidad, dijo:

—Ehh... no fue nada, mi nombre es Daniel. —Mi nombre es Ellie Williams y este pequeño es Jimmy. -Respondió la chica esbozando una sonrisa e inclinando lentamente su cabeza a la derecha. El joven desvió su mirada al pequeño y dijo descaradamente:

—S-solo procura no perder de vista a tu hijo otra vez.

La muchacha parpadeó atónita ante lo ridículo del comentario.

—Agradezco mucho lo que acabas de hacer, pero te pediría que midieras tus insultos, prácticamente me estás llamando vieja.

-Respondió la muchacha jocosamente. Daniel, perplejo por lo que acababa de escuchar regresó inmediatamente la mirada hacia ella.

—Ah, p-pe-perdón, no era mi intención ofenderla ni mucho menos —Decía claramente nervioso y acelerado lo cual dificultaba su entendimiento — p-po-por supuesto que eres demasiado joven para tener un hijo tan grande y además…

Se detuvo y guardó silencio por un instante.

—Lo siento, fui bastante imprudente. -Dijo, reanudando la conversación.Ella soltó una risita burlona.

—Tranquilo, no pasa nada, pero ¿podría hacerte una pregunta, Daniel? —Por supuesto, ¿qué ocurre?.

—¿Cómo te moviste tan rápido desde mi lado hasta el balcón donde estaba Jimmy?

Esa no es la velocidad de alguien normal, ¿acaso tienes algún tipo de adiestramiento militar?

—No diría que un adiestramiento militar pero sí te puedo contar que soy quien reparte la mensajería en Gehena, por lo cual debo ser lo suficientemente fuerte y rápido si quiero sobrevivir allí.

Los ojos de ella se iluminaron con asombro.

—¡Debe ser increíble conocer más de una ciudad! . Daniel la observó.

—Depende de lo que entiendas por increíble.

Lamento que sea tan pronto pero he de irme, tengo deberes que me esperan.

—Claro, por supuesto, lamento tomar mucho de tu tiempo, de verdad gracias de nuevo por salvar a mi hermano.

La próxima vez que te vea déjame recompensarte apropiadamente por este tremendo gesto.

—Está bien, así será. Hasta una próxima ocasión.

-Se despidió el joven mientras se alejaba, de alguna manera, aquel caballero le pareció encantador.

Lara regresó poco después y Ellie tuvo que contener el enfado al descubrir que había dejado solo a Jimmy. Sin embargo, bastó ver el rostro de preocupación en su hermana para desistir en su regaño.

—Por favor, no se lo digas a papá —murmuró Lara.

Ellie guardó silencio pensativa, sabía perfectamente qué el castigo de su hermana sería bastante severo si Richard descubría que Jimmy había estado a punto de caer desde un tercer piso por un descuido de Lara.

—Está bien no se lo diré, pero esto es algo que no puede volver a suceder, tienes muchisima suerte que Daniel estaba ahí para salvar a Jimmy, ¿que habría pasado si Jimmy hubiese caído? No vuelvas a dejarlo solo, es un niño travieso y lo sabes.

—Te lo prometo con todo mi corazón Ellie, sentí que el mundo se pausó cuando lo vi colgando de aquel lugar, doy gracias a todos los guardianes que todo ha salido bien. Pero hermana, ¿Daniel? -Sonrió Lara picaramente.

—Entonces, ¿Dónde estabas? -Ellie ignoró su pregunta deliberadamente mientras posaba sus manos en su cintura.

—Un muchacho estaba siendo atacado por un par de perros así que no pude evitar correr para buscar ayuda y salvarlo de esa situación por lo que le dije a Jimmy que no se moviera, cosa que claramente, no hizo..

—Bueno, supongo que no se podía evitar la situación entonces.

Y tú, señorito no estás exento de culpa, si tu hermana mayor te dice que no te muevas, no te mueves, no es difícil acatar esa simple directriz.

-increpó a su hermanito mientras le jalaba la oreja, Ellie no solía lastimar a su hermanito o reprenderlo físicamente, sin embargo sintió que la situación lo ameritaba.

—¡Auch, auch, perdón hermanita! ¡No lo volveré a hacer, lo prometo! solo estaba persiguiendo un gato. ¡Perdón!.

Ellie no preguntó mucho más sobre el muchacho al que su hermana había ayudado y Lara tampoco insistió demasiado en el joven que había rescatado a Jimmy, aunque no desaprovechó la oportunidad de hacerla sonrojar preguntándole si aquel chico, Daniel era atractivo y así esperaron a su madre y regresaron a casa, con cada una guardando un secreto a la otra.

En la residencia Williams no se volvió a mencionar nada al respecto durante el resto de ese día, ni a la mañana siguiente.

***

Pasado el mediodía, las pelirrojas estaban en la habitación cuando Anna entró un poco apresurada.

—Ellie, necesito que me hagas un favor.

—Claro madre, ¿Qué necesitas?

—Tu padre ha recibido un paquete y una carta de Excelso y debemos recogerlo en una empresa de mensajería del sur lo más rápido posible, ya que viene de alguien importante.

Ellie asintió ante el requerimiento de su madre y emprendió su camino de inmediato, estando en la zona del sur no tardó demasiado en encontrar el establecimiento, al entrar, una campanilla de sonido brillante anunció su llegada y un muchacho de cabello oscuro que estaba detrás del mostrador le habló cordialmente.

—Buenas tardes, bienvenida a Ryan’s letters inc.

—dijo el muchacho—. ¿En qué puedo ayudarla?

—Hola, buenas tardes. Vengo en busca de un paquete dirigido a Richard Williams. —Si claro, ahora mismo lo busco para usted.

-Respondió el joven.Mientras que el chico de cabello oscuro que parecía ser el encargado de la tienda se dirigió a buscar en las estanterías del recinto por su paquete pudo reconocer a un joven rubio de espaldas, este sería Daniel quien giró lenta y paulatinamente asombrado a más no poder, se quedó boquiabierto ante la escena que veían sus ojos, para ella fue claro que la reconoció así que cuando sus miradas se encontraron ella se sonrojó levemente mientras que sus labios esbozaron una sonrisa.

—Hola de nuevo, Daniel.—Hola… Ellie… -Dijo el chico claramente avergonzado que permanecía inexplicablemente inmóvil.

La muchacha abrió su bolso para buscar el dinero del pago.

—Yo ya terminé. Tengo que... Dijo Daniel mientras se quitó el delantal y su codo golpeó el frasco de dulces que se tambaleó sobre el mostrador, el muchacho reaccionó rápidamente y lo atrapó pero se le escurrió entre los dedos estrellándose contra el piso, haciendo que cientos de fragmentos de cristal se esparcieran por el suelo con dulces mezclados entre medias.

Daniel, el encargado y ella contemplaron el desastre creado por la torpeza del rubio—Mira nada más lo que acabas de hacer —Reprochó hoscamente el encargado.

Ellie notó que Daniel se puso rojo de repente por la vergüenza del momento y cerró los ojos lentamente.

Un señor de gafas de cabellera café oscura como la del encargado apareció desde la parte interna del recinto.

—¿Qué ocurrió? Preguntó inmediatamente.—Daniel rompió el frasco de dulces.

-increpó el encargado. El señor arqueó las cejas con claro asombro.

—Eso sí que es extraño. Tú rara vez cometes errores, deja de lado romper algo.

—Perdón, padre, ahora mismo voy por la escoba para limpiar mi torpeza.

-Dijo Daniel mientras se disculpaba haciendo una leve reverencia ante aquel señor y desapareció ágilmente antes de que alguien pudiera detenerlo o decir algo al respecto, Ellie lo siguió con la mirada hasta que lo vio recostar la frente en una estantería, lo que le robó una sonrisa.

Cuando el chico hubo regresado, evitó mirarla directamente mientras recogía los cristales.

—Aquí tiene —escuchó decir al encargado—. Por cierto... ¿tienes novio?

Daniel levantó inmediatamente la cabeza, alerta por lo que estaba pasando en frente suyo.

—¡Lyam! —le reprendió el señor que se había unido momentos antes