La Moneda Del Destino 4 La Joven del cabello de bronce #3
20%

4 La Joven del cabello de bronce #3

Dijo mientras se quitó el delantal y su codo golpeó el frasco de dulces que se tambaleó sobre el mostrador Daniel reaccionó rápidamente y lo atrapó pero se le escurrió entre los dedos estrellándose contra el piso, haciendo que cientos de fragmentos de cristal se esparcieron por el suelo con dulces mezclados entre medias.

Daniel, Lyam y la pelirroja contemplaron el desastre creado por la torpeza del muchacho.

—Mira nada más lo que acabas de hacer —Reprochó hoscamente Lyam.

Daniel cerró los ojos lentamente avergonzado. “Por supuesto. Tenía que ser hoy.” se lamentó en sus adentros.

Ryan apareció desde la parte interna del recinto.

—¿Qué ocurrió?

Lyam señaló el suelo con una satisfacción increpante y dijo:

—Daniel rompió el frasco de dulces.

Ryan arqueó las cejas con claro asombro.

—Eso sí que es extraño. Tú rara vez cometes errores, deja de lado romper algo.

—Perdón, padre, ahora mismo voy por la escoba para limpiar mi torpeza.

Hizo una leve reverencia ante Ryan y desapareció ágilmente antes de que alguien pudiera detenerlo o decir algo al respecto.

Entró después en el pequeño pasillo que comunicaba con la bodega y apoyó la frente contra la pared, exasperado.

“Excelente. Dieciocho años sobreviviendo en Gehena para morir de vergüenza en una tienda de mensajería.” Respiró profundamente tres veces antes de tomar la escoba.

Cuando regresó, evitó mirarla directamente mientras recogía los cristales.

—Aquí tiene —escuchó decir a Lyam—. Por cierto... ¿tienes novio?

Daniel levantó inmediatamente la cabeza, alerta por lo que estaba pasando en frente suyo.

—¡Lyam! —le reprendió Ryan— Esas no son formas ni es el momento de cortejar a una chica y sabes que está prohibido cortejar una cliente encima de todo. Disculpe usted la osadía de mi hijo mayor.

La muchacha se limitó a recibir su paquete.

—Muchas gracias, no se preocupe. Daniel, no se me olvida que sigo en deuda con usted, hasta luego.

Respondió mientras se dirigía hacia la salida.

Daniel volvió a concentrarse en el suelo apenado mientras Lyam le miraba atónito y un poco celoso de que la chica le prestase atención a él y no a sí mismo.

—A-adiós, Ellie.

La pelirroja sonrió una vez más antes de salir.

—¿La conocías? -Inquirió Ryan

—Es una de las cosas fuera de lo común que iba a contarte —respondió Daniel—. Su hermanito estaba colgando de un balcón esta mañana y no pude contenerme así que lo ayudé.

Una sonrisa orgullosa apareció en el rostro de Ryan.

—Hiciste bien en ayudarles, chico.

Ante el halago de su padre a Daniel, Lyam resopló quejumbroso.

Daniel terminó de limpiar, se quitó el delantal y decidió marcharse antes de que la conversación pudiera tomar otro giro y tuviese que explicar más de sus sentimientos, los cuales ni él mismo podía comprender.

***

Ese mismo día en la mañana antes incluso de las primeras clases, en la humilde morada de la familia Williams, Ellie la mayor de tres hermanos ya estaba de pie y organizando el día en su cabeza, dirigiéndose a despertar a su pequeña hermana que no era tan diligente como ella misma.

—Lara… Lara… levántate, es hora de organizar todo para ir al instituto.

Su hermana se cubrió la cabeza con las cobijas mientras daba media vuelta y pedía más tiempo para dormir.

—Cincuo minnnutos… más… yaaawn. -Dijo la adolescente entre bostezos y balbuceos.

Ellie tiró de la manta de un jalón.

—¡Lara, he dicho que es hora, se nos hará tarde!

—¡Está bien! ¡Está bien!

Aunque apenas existían dos años de diferencia entre Ellie y Lara, algunas veces se podía notar a simple vista las diferencias entre ambas, mientras que Ellie era tranquila, diligente y hasta seria Lara solía ser más explosiva y ruidosa, mucho más animosa que su propia hermana, así mismo Ellie era un poco más perspicaz, sagaz y mejor comportada que Lara, lo que hacía que se desenvolviera mejor en escenarios sociales donde la etiqueta requería un tipo de comportamiento en concreto, siendo esta vista como mejor prospecto que su hermana por las personas exteriores aunque en realidad eran de talento similar.

Después de haber despertado satisfactoriamente a su hermana se vistieron y desayunaron en el comedor con su hermano menor y sus dos padres, Anna y Richard Williams, para luego dirigirse al instituto.

Aquella mañana las hermanas llegaron a su lugar de destino únicamente para descubrir que las clases habían sido suspendidas por unos cuantos días y siendo este el caso decidieron regresar a casa y de regreso, Richard, su padre, decidió inmediatamente qué harían con aquel tiempo libre.

—Ahora que están libres de tareas académicas, acompañen a su madre para hacer las compras. A lo que ambas asintieron en silencio.

En el norte de Imisy se encontraban las residencias personales de la mayoría de sus habitantes, si bien no estaba completamente desierto en lo que se refiere a comercios, no era el lugar indicado para encontrar mucha variedad y calidad en sus productos, en cambio en el lado sur se encontraba el corazón del comercio, lugar al que Anna, su madre solía trasladarse para conseguir lo que necesitaba.

Para Ellie era prácticamente territorio desconocido ya que ni ella ni sus dos hermanos solían acompañar a su madre en su rutina de compras, cuando entraron en esta zona de la ciudad ella y sus hermanos observaban edificios, tiendas y calles realmente sin mucha sorpresa, la arquitectura era diferente a la de su zona, era más industrial, más concurrida, más ruidosa y, de algún modo, menos uniforme, lo que hacía que los pasillos parecieran un poco estrechos generando la sensación habitual de cansancio en el centro de cualquier gran ciudad.

Al llegar a un pequeño parque, Anna repartió tareas a ambas hijas.

—Ellie, tú comprarás estas cosas. Le entregó una lista con detalle de varios víveres.

—Lara, tú quédate con Jimmy y vigila que se comporte y no haga ninguna travesura.

—Sí, mamá, sin problema. -Dijo Lara alegremente mientras le sonreía a su madre.

—Nos veremos de nuevo aquí en una hora.

Ellie y Anna se marcharon a hacer sus deberes.

Ninguna de las tres imaginó lo que ocurriría después de que Lara y Jimmy se quedaran solos en el parque.

Cuando había pasado poco más de una hora, Jimmy se encontraba jugando cerca de una banca con Lara, cuando unos gritos llamaron la atención de la señorita.

—¡Ayuda! ¡Quítenme estos perros de encima! -Gritó un joven.

Quien se encontraba entre gritos de auxilio era un muchacho que estaba subiendo un árbol para refugiarse del ataque de un par de perros. Viendo esto, Lara miró a Jimmy y le dijo:

—Quédate aquí, ya vuelto, por favor, no te muevas.

—Pero, Lara...

—Solo serán unos segundos, ya te dije, quédate quieto y no te muevas.

Cuando terminó de decir sus instrucciones al pequeño corrió hacia el muchacho en apuros.

Jimmy permaneció sentado en la banca durante aproximadamente medio minuto cuando vio un gato negro con su pelaje brillante y de caminar muy digno.

El pequeño animal atravesó el parque y desapareció por la entrada abierta de uno de los edificios cercanos.

Jimmy lo persiguió corriendo lo más rápido que su pequeño cuerpecito le permitía entrando así al establecimiento.Jimmy solo podía observar la cola del gato que subió las escaleras deprisa y decidido a atraparlo para pedirle a su madre que lo adoptaran, el niño mantuvo su persecución, cuando finalmente consiguió alcanzarlo en el tercer piso, el animal atravesó una puerta abierta que comunicaba con un balcón al final del pasillo.

El gato saltó hacia una cornisa y cuando Jimmy intentó acercarse para atraparlo su pie resbaló, haciendo que el impulso que llevaba fuese imposible de detener, su cuerpo salió despedido fuera de la baranda del balcón aunque afortunadamente logró sostenerse con sus brazos pero con su cuerpo colgando amenazando de caer en cualquier instante.

Cuando Ellie regresó al parque, encontró solo una banca vacía y transeúntes desconocidos.

—¿Jimmy? — Miró alrededor. —¿Lara?

Nadie respondió, y claramente ninguno de los dos se encontraba por ningún lado. Mientras intentaba encontrarlos con la mirada escuchó el llanto de un niño que parecía ser familiar. Levantó la cabeza y el mundo se detuvo por completo ante lo que pasaba frente suyo.

—¡AYUDA! ¡POR FAVOR! ¡ALGUIEN QUE LO AYUDE!

Su hermano colgaba de un balcón.

Ellie que no estaba muy lejos del edificio permaneció inmovil mientras pedía ayuda a gritos con manos temblorosas.

No sabía cómo su pequeño hermano había llegado allí.

No sabía dónde estaba Lara y solo podía ver los dedos del pequeño perdiendo fuerza, toda la escena parecía tan irreal que todo parecía suceder en cámara lenta.

—¡Sujétate, Jimmy! ¡No mires abajo!

Algunas personas comenzaron a acercarse ante la escena, pero nadie llegaría a tiempo para salvar a su hermanito pero justo cuando este pensamiento atravesaba su mente un joven rubio, alto y esbelto de ojos color esmeralda apareció junto a ella mientras decía:

—Tranquila, yo me encargo.

Ellie lo miró, sorprendida e incrédula ante tal aseveración, pero sus ojos verdes estaban fijos en el edificio y antes de que pudiera preguntarle cómo planeaba hacerlo, el joven echó a correr hacia una ventana que se hallaba abierta en el edificio donde Ellie perdió su rastro visual.

Después de apenas un par de segundos sus ojos lo encontraron de nuevo pero esta vez justo enfrente de su pequeño hermano.

—¡Ayuda! por favor, me voy a caer… -Gritaba el niño entre sollozos.