La Moneda Del Destino 2 La ciudad desconocida #3
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2 La ciudad desconocida #3

No hubo ninguna respuesta, esto hizo que Daniel avanzara un poco más, algo frío se cerró alrededor de su tobillo y no tuvo tiempo de gritar. El tirón lo derribó y comenzó a arrastrarlo hacia el borde.

—¡Ayuda, alguien, porfavor! ¡¡Robb!!

Daniel clavó los dedos en la tierra. Al mirar atrás distinguió una extremidad oscura y alargada emergiendo de la grieta.

—¡Suéltame! ¡Robb perdón, no volveré a estar tan cerca de la grieta! ¡Por favor!

La criatura volvió a tirar, sus manos resbalaron.

Entonces algo golpeó con violencia aquella extremidad y el agarre desapareció.

Daniel se arrastró lejos del borde mientras una figura saltaba desde el otro lado de la grieta y aterrizaba cerca de él.

Era Bruce.

El hombre sostenía un pico con ambas manos, y esperó unos segundos, atento al abismo, antes de guardarlo.

—Daniel, ¿estás herido?.

El niño respiraba agitadamente y todavía estaba bastante asustado. Bruce se arrodilló frente a él.

Daniel negó con la cabeza, después de todo, no estaba herido, afortunadamente.

—Bruce, Robert no ha regresado, sabes… ¿Dónde está? Tengo miedo de pasar la noche solo.

La expresión de Bruce cambió y Daniel lo percibió.Bruce guardó silencio escogiendo sus palabras cuidadosamente.

—¿Lo viste? - insistió Daniel.

El hombre cerró los ojos durante un instante y suspiró profundamente.

Había cruzado la grieta precisamente para llegar hasta aquella cabaña, había pensado durante todo el trayecto qué palabras utilizar y aún parecía no encontrar la respuesta a este enigma.

Ahora, frente a un niño de cinco años, ninguna parecía correcta.

—Sí —respondió finalmente—. Lo vi.

Daniel esperó, sintió que algo no iba bien y decidió esperar que Bruce continuara.

—Estaba intentando llegar a Imisy y yo le estaba acompañando ya que parecía muy débil cuando fuimos atacados por un lacayo del abismo ardiente, allí luchamos pero fui descuidado y él recibió un golpe en mi haber, después de esto intentamos huir pero debido a que estaba muy débil no logró cruzar una grieta tras la cual estaríamos a salvo…

Cayó al abismo… Lo siento Daniel. -Sentenció Bruce con lágrimas en sus ojos y una voz claramente apenada, llena de culpa.

El niño parpadeó, estaba en shock ante lo que estaba escuchando, sin entender muy bien lo que las palabras de Bruce significaban completamente.

—¿Entonces está abajo?

Bruce tragó saliva, estaba visiblemente afectado.

—Daniel...

—¡Tenemos que ir a buscarlo! ¡Podría estar en problemas allá abajo! siempre me dice que no me acerque porque es peligroso!, ¿verdad?.

—Si, es peligroso.

—Tú sabes bajar, ¿verdad? por favor, ayúdalo, por favor.

—No puedo traerlo de vuelta Daniel, lo siento.

El pequeño frunció el ceño.

—¿Por qué? ¡Por favor! es la única familia que tengo. -Decía Daniel al borde de las lágrimas con su voz chillona.

Bruce sintió que algo se le cerraba en la garganta y que su corazón se envolvía en tristeza ante el recuerdo de su amigo.

—Porque Robert está muerto.

Daniel permaneció inmóvil, estupefacto ante las palabras que salieron de Bruce.

Parecía haber escuchado las palabras, aunque no lo comprendía del todo.

—Pero dijo que iba a volver, lo prometió… -Dijo ahora en voz baja y sollozante el niño mientras la luz de la esperanza se desvanecía de sus ojos y empezaba a brotar el brillo de las lágrimas saladas.

—Lo sé, lo siento.

—Siempre vuelve. —Bruce no respondió.—Me dijo que volvía pronto como de costumbre.

La voz de Daniel comenzó a quebrarse.

Bruce extendió una mano, pero el niño retrocedió.

—Tenemos que esperarlo, si, eso es, es una mentira, ¡mentiroso! ¡él siempre vuelve!.

—Daniel...

—¡Tenemos que esperarlo!

Las lágrimas aparecieron antes de que pudiera contenerlas como la cascada al frente de la cabaña.

Bruce lo dejó llorar, no intentó explicarle otra vez qué significaba morir.

Todavía no. Después de un tiempo, Daniel se limpió el rostro con ambas mangas, tenía los ojos rojos, mocos escurrían por toda su nariz y sollozaba continuamente.

Bruce bajó la cabeza, claramente se sentía culpable de toda la situación.

—A partir de ahora yo estaré cuidándote. -Dijo Bruce rompiendo con los quejidos de Daniel.

—Dijo que tú me enseñarías.

Aquello confirmó algo que Bruce llevaba tiempo sospechando, Robert sabía que no le quedaba mucho tiempo, se acercó parsimoniosamente y esta vez Daniel no retrocedió.

—Entonces eso haré, lo prometo.

—¿Y qué pasará con la casa?

—Seguirá siendo tuya, le prometí a Robert que sería tuya cuando él no estuviera entre nosotros, es tu hogar, yo voy a estar viniendo a verte

Daniel volvió la vista hacia el bosque.

—Quiero esperarlo.

Bruce no tuvo valor para decirle que no.

—Esta noche me quedaré contigo.

Daniel no respondió.

***

Al otro día habiéndose quedado dormido Daniel, Bruce lo tomó en brazos y emprendió el camino hacia la cabaña.

Durante mucho tiempo después de aquella noche, Daniel siguió mirando hacia el sendero cada vez que escuchaba ramas moverse entre los árboles, una parte de él continuó esperando, pero Robert nunca regresó.