IX. ¿Quién pudo ser? #8
»Su padre la contactó y le platicó todo.
Le habló de la existencia de las hermanas de lady Pickens y de sus sobrinos, en particular de la señorita Rebecca.
Así, usted se dio cuenta de que si quería acceder a la fortuna de su madre, debía actuar rápido y de manera precisa.
Destinó su objetivo en Becca y se apuró a inscribirse en la misma universidad.
Toparse con ella no le fue difícil y quitarles dinero a sus padres adoptivos tampoco.
Usted no estaba becada, pero eso siempre le dijo a Becca.
Luego, se enteró de la fiesta; así que habló con su padre y éste, a su vez, con el señor Doyle, a quien le dijo que la señora quería enviar dos boletos para cada uno.
Un sirviente de tantos años no miente, ¿verdad?
Además, sabemos que Frederick, su padre, le informó del último cambio en el testamento de lady Pickens.
»Todo estaba listo para viajar a su verdadero hogar, o al menos usted lo creía así.
Lady Pickens en efecto se encontraba algo delicada de salud, pero nada que unas noches de descanso no repararan.
Tenía muchos deseos de verlos a todos, aunque no pudo hacerlo, pues Frederick fue víctima de sus maquinaciones y chantajes; sí, Lucy, también hablamos con sus padres adoptivos y nos aclararon todo al hablarnos sobre su personalidad.
Siguiendo sus instrucciones, Frederick cambió la proporción del oxígeno que usaba la señora, de manera que se encontraba siempre extremadamente cansada y mareada, y casi siempre dormida.
Escurrirse en su habitación y suministrarle la ricina no era difícil.
¿Cómo lo hizo? Imagino que la disolvió con un gotero en un poco de agua.
En fin, una pequeña cantidad fue suficiente, ya que su madre se encontraba muy débil. ¿Qué le parece?
—Lo débil es la propuesta, inspector. ¿Qué gano yo con eso? Asumiendo que fuera cierto, claro.
—Ah, sí, el asunto del dinero. En efecto, lady Pickens tenía su testamento a favor de... Becca —el inspector hizo la pausa a propósito para poder ver las reacciones de cada uno y pensó divertido: Las de esperarse cuando creen que un testamento les solucionará los problemas .
»Pero eso usted ya lo sabía, pues Frederick se lo dijo.
Entonces tenía que relacionar a la señorita Rebecca con la muerte de su tía, pero para eso, tendría que incriminar a todos.
Usted misma lo dijo: «Todos son capaces de hacerlo si se dan las condiciones necesarias», ¿no es así?
Curiosamente excluyó a Nelly y a Becca, pero lo hizo de una manera tal que había que pensar seriamente en su culpabilidad.
Además, el mismo Frederick mencionó a Rebecca como la sombra que vio saliendo de la habitación de lady Pickens.
La segunda parte de su plan se había ejecutado de maravilla, ahora tenía que tomar posesión de todo.
¿Cómo? Eliminando a Becca y posteriormente revelándose como hija de lady Pickens; así quedando usted, y solo usted, como heredera de todo.
Sin embargo, no contaba con que el sargento y yo nos presentaríamos justo en el momento en que decidió asesinarla.
—Otra vez con eso, inspector. Ya le dije que estaba en la regadera a la hora en que según usted mataba a mi mejor amiga.
Usted cree que fui yo, usted cree que me vio a mí, pero si no tiene algo más firme de qué agarrarse, ninguna de sus acusaciones es admisible; así que, si me disculpan, ya escuché suficiente.
Tengo que prepararme para ejecutar un testamento —estaba levantándose cuando el inspector la detuvo.
—No tan rápido Lucy. Hay una serie de cosas que usted no sabe: lady Pickens de hecho cambió su testamento, así que Becca ya no es más la heredera universal. Todo para nada, ¿eh? —sentenció.
Lucy comenzó a reír, cada vez más fuerte y dijo:
—Si como usted dice, yo hubiera hecho todo eso, sería muy desafortunado que me quedara con las manos vacías, pero como le digo, son puras teorías y elucubraciones, usted no tiene ninguna prueba que me acuse de haber querido matar a mi madre ni a Becca.
—A lady Pickens solamente el testimonio de su padre. Y, por cierto, no ha preguntado usted cómo murió.
—¿Cómo? —dijo con un tono de fastidio, como siguiendo un juego.
—Perdió la razón y le dio un ataque al corazón.
—Todos los hombres de mi madre murieron igual, interesante, ¿no?
—No precisamente, pero eso es otro asunto. Ahora bien, en cuanto a Rebecca, sí tenemos un testigo —se hizo a un lado y dejó a Thomas justo frente a ella.
—Yo te vi, Lucy. Andaba buscándote y estando en la terraza del segundo piso te vi golpear a Becca en la parte frontal de la cabeza y colocarla de tal manera que pareciera que había resbalado y se había golpeado.
Entonces escuché el alboroto y al inspector; imagino que tú también, pues saliste corriendo y trepaste por la enredadera hasta la ventana del baño.
¿Cómo pudiste? — y al terminar de decirlo, se alejó de ella y se sentó en un sillón.
—¡Todo es mío! ¡Soy la heredera, su única hija!
¡Qué le costaba a la bruja haberme reconocido!
—explotó—. ¡No me dio lo que me correspondía!
, ¡lo que era mío por derecho! ¡Sí, inspector, yo la maté!
¡Él jamás se hubiera atrevido! Yo le dije a mi estúpido padre que me debía, así que lo instruí para manipular el oxígeno que usaba, y yo traje desde Estados Unidos la ricina: molí unas pocas semillas y se la tomó con su té.
¿Sabe, inspector? En verdad el plan era brillante.
Mi padre no le subió el té como dijo; subió la tetera y yo entré y mezclé con el té unas cuantas semillas de ricina molidas.
Luego, tiré las hojas en la taza de baño, y llevé la porcelana con residuos a mi habitación.
Dejé en la habitación de mi madre una taza con té limpio, por si alguien aparecía y buscaba algo.
La otra la lavé, le puse más té y ahí se quedó, en mi buró, hasta que una de las mucamas la bajó a lavar. Como le digo, brillante, ¿no es así?
Todos la miraron sorprendidos; nadie daba crédito a sus oídos. Lucy continuó:
—Si Becca no hubiera dicho que trataría de ayudar a sus primos, pues odiaba la idea de que terminaran en la cárcel o algo peor, la hubiera dejado vivir más. En verdad sí la quería. Pero ahora ya no hay marcha atrás. También está muerta y no me arrepiento.
En el momento que terminó, el inspector le hizo una seña al sargento para que apresara a Lucy, y mientras salía esposada, le dijo:
—Ah, por cierto, Lucy. No la acusaremos de homicidio en contra de la señorita Becca, solo de intento. En este momento ella se encuentra en el hospital siendo atendida y esperamos que pueda ser dada de alta mañana en la mañana. Llévesela, sargento.
—Le informaré al señor Doyle que la lectura del testamento puede llevarse a cabo sin problemas.
Me cercioraré de que la señorita Becca reciba la atención que requiere y la traeré personalmente cuando la den de alta.
Por otro lado, el día de mañana les será entregado el cuerpo de lady Pickens para que puedan llevar a cabo los funerales. Buenas tardes.
En cuanto el inspector salió, todos comenzaron a hablar. Nigel no soltó para nada a Maggie a quien le dijo:
—Te prometo que una vez que salgamos de este problema en que nos he metido, no descansaré hasta que te sientas plenamente feliz y tranquila. Nada es más importante que tú. Lo prometo.
La escena no era igual en otras partes de la espaciosa sala.
—Thomas, ¿te gustaba Lucy? Por favor, dime la verdad —preguntó Marvin, con un triste tono.