La misteriosa muerte de lady Pickens IX. ¿Quién pudo ser? #4
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IX. ¿Quién pudo ser? #4

Monótonamente, pero con mucho detalle, Nigel le relató al inspector los pormenores desde su arribo. Incluyó su desagrado hacia Sebastián y Marvin, así como su indiferencia hacia Thomas. Comentó su agrado hacia Becca y su sorpresa hacia Lucy.

—Perdone que le interrumpa, señor Nigel, pero ¿por qué le sorprende la señorita Lucy?

—En cuanto me fue presentada por Becca como su amiga y compañera de la universidad, me imaginé a una persona interesada solamente en las revistas que puede encontrar en el salón de belleza.

Usted sabe que eso es lo que estudiaron, ¿no es así?

¡Letras! Pues bien, resultó que no; tiene muy buena cabeza para el aspecto financiero.

Entiende muy bien, mejor de lo que acepta, si me permite suponerlo, todo relacionado a intereses, retorno de inversión, valores a futuro…

; en fin, me atrevo a asegurarle que tiene una mente financiera.

—Y esa es su área de especialidad, ¿verdad?

—Efectivamente, inspector. A eso me dedico en Bristol. Pero eso ya lo sabía usted, ¿no?

—Así es, su esposa ya me lo comentó. También me dijo lo inhibida que se encuentra la economía. ¿Está usted de acuerdo con ella?

—¿Economía inhibida? ¿Eso dijo ella? Perdone que lo dude, pero esa no es una expresión que mi linda, pero ignorante esposa, en cuanto a temas financieros se refiere, hubiera utilizado.

—Perdóneme, esa expresión es mía, simplemente quise traducir lo que entendí de mi conversación con su señora esposa.

—Ah. Sí inspector, eso es correcto.

—Me gustaría, si no tiene inconveniente, que usted me cuente sobre su trabajo. Si bien, aunque su esposa ya me dijo algo al respecto, siempre he preferido tener la información de primera mano.

—Lo comparto, inspector; lo mismo me sucede. No se pueden tomar decisiones con base en lo que alguien dijo o entendió, ¿no es así?

—¡Estamos hablando el mismo idioma! Aprecio su amabilidad.

—Pues bien, yo estaba trabajando en un bufete de asesores financieros con base en Londres.

El bufete abrió una sucursal en París, y fue ahí donde conocí a mi esposa.

Nos enamoramos y nos casamos, y al poco tiempo me trasladaron de nuevo a Londres.

Mi suegra ya había muerto; de hecho, no la conocí; así que mi Maggie no tuvo ninguna razón para no mudarnos.

Pasaron unos cuantos meses y decidí que estaba listo para emprender un negocio por mi cuenta, y desde hace un poco más de un año abrí mi propia empresa en Bristol, donde residimos actualmente.

—Su esposa me informó que asesora a pensionados. ¿Solamente jubilados o también tiene otro tipo de clientes?

—Estoy diversificándome. Mis principales ingresos los generan los pensionados que asesoro, pero estoy incursionando en pequeñas empresas.

—Ya estoy más o menos cerca de mi jubilación. ¿De qué porcentaje estamos hablando?

—Ay inspector, este no es el lugar adecuado. Pero haré una excepción. Primero depende de la cantidad que esté dispuesto a invertir.

—Pues tengo unos ahorros; verá, no soy casado y mis padres me dejaron unas propiedades y unas inversiones. Es algo de lo que generalmente no hablo, pero en verdad no necesito trabajar. Si junto todo el efectivo, yo creo que puedo reunir unas 100.

El inspector pudo ver el brillo en los ojos de Nigel. Sin embargo, esto no le resultó tan extraño porque a esto se dedica. Hay que tentarlo más , pensó.

—La cantidad es bastante respetable, inspector. Pues bien, en el banco usted podría obtener no más de un 2.8 o 3% de interés; sin embargo, sucede que en este momento yo puedo ofrecerle una inversión a largo plazo con un rendimiento mínimo aproximado de 9.75%.

—¿Cómo puede ofrecer eso? ¡Es una fortuna!

—Ese es mi secreto, inspector. Una pregunta, ¿cuándo cree poder tener ese efectivo?

—Usted dígame cuándo lo necesita. —Al decir esto, el inspector notó que los ojos de su interlocutor se iluminaron.

—Si pudiera tener el 50% en unos 10 o 15 días podríamos aprovechar esta oportunidad; el 50% restante lo necesitaría 20 o 30 días después. ¿Qué le parece?

—¿50 mil en 15 días? Me parece que sí es posible. Pero tiene usted razón, no es ni el momento ni el lugar. No creo que mis superiores estuvieran satisfechos si hablo de inversiones en lugar de aclarar la muerte de lady Pickens, ¿verdad?

—Por supuesto, inspector; por supuesto —dijo esto con un ánimo muy distinto al que tenía cuando entró.

El inspector se levantó y acompañó a Nigel a la puerta.

Ya ahí, en lugar de regresar al escritorio, le dijo al oficial que iría a tomar un poco de agua.

Caminó lentamente hacia la cocina para no perder detalle de la actitud de Nigel, quien casi a la carrera, se dirigió hacia su esposa.

No hacía falta escuchar su conversación, sus rostros de alegría y tranquilidad eran suficientemente expresivos.

Algo hay ahí. No me parece que su actitud se deba a una inversión más. Además tiene mucha prisa por recibir mi dinero, ¿no? ¿50,000 libras en 15 días? ¿Fraude? , se preguntó el oficial.

Regresó de inmediato y anotó sus impresiones en su libretita. La recorrió rápidamente y pidió que llamaran a Thomas.

Se oyó un toque en la puerta y una voz nerviosa del interior indicó a Thomas que podía entrar. Al hacerlo encontró a un inspector un poco desordenado, buscando entre un montón de papeles algo que evidentemente era importante. No pudo evitar sonreír.

—Si gusta, regreso más tarde, inspector— dijo socarronamente.

—¿Eh? ¿Perdón? ¡Ah!, no; no es necesario. Disculpe. Por favor, tome asiento. Quisiera que me dijera cómo conoció al señor Marvin —dijo el inspector como si fuera algo que se le acabara de ocurrir.

—Estudié en Estados Unidos la carrera de Letras; al terminar, hice una especialización en Grafología y Fonética, lo que me llevó a tomar un curso en Oxford.

Cuando lo concluí, me fui a Cambridge donde me ofrecí como catedrático.

Como era lógico, fui aceptado ya que nadie podía dar la asignatura de grafología y menos relacionada con fonética.

En fin, yo ya había empezado a dar mi cátedra y a participar en el área de investigación cuando apareció Marvin.

Nos entendimos de maravilla desde un inicio y hemos trabajado juntos en su investigación desde entonces.

Me extendió su invitación a este evento, ajustamos agendas, y aquí estoy.

—Muy claro, Thomas; además, muy conciso. Como catedrático e investigador, imagino que usted es bastante observador, ¿no es cierto? ¿Podría por favor darme sus comentarios sobre los presentes?

—Con gusto, inspector, pero considere usted que los acabo de conocer, así que seguro son impresiones que bien pueden resultar equivocadas.

—Lo entiendo claramente, señor. ¿Qué le parece empezar por la señora Maggie y su esposo, el señor Nigel?

—No se necesita mucho tiempo para darse cuenta de que Nigel es un patán.

Muy seguro de sí mismo, eso sí. Pero le garantizo que vive decepcionado de no estar en un ambiente de personas con dinero.

Seguramente entre sus planes estaba hablar con su difunta tía para ofrecerle «interesantes rendimientos, por la mínima cantidad de 1,000,000 de libras» —dijo esto último, imitando la voz de Nigel—.

Qué chasco se ha llevado, ¿no? Me gustaría saber sus secretos; esos sí deben valer una pequeña fortuna —dijo algo distraído; no obstante, enseguida retomó su atención en la conversación con el inspector y continuó—: Además, no ha dejado pasar ni una oportunidad para molestar al pobrecito de Marvin.

Por otra parte, su esposa me parece una buena mujer, pero demasiado tonta o muy enamorada. La verdad no sé qué le ve.

—¿Y qué opina de la señora Nelly y el señor Sebastián? —preguntó de inmediato.

—Ah, otro par. Él me resulta agradable, pero es obvio que tiene problemas con el alcohol.

Justo terminando de desayunar ya tenía una copa en la mano; usted mismo lo vio ayer.

Afortunadamente, cuando bebe le da por estar callado, así que casi no habla —se dio un momento para disfrutar de su broma, y continuó—.

Ella, en cambio, me parece una mujer inteligente.

¿Sabe que estudió arte? Tiene una amena conversación y espero que pronto se dé cuenta de que está mejor sola que con ese tipo.

—¿Lucy?

Se tomó un instante, solo eso, pero uno suficientemente largo como para que el inspector lo notara.

—Es una chica normal, pero atractiva. Como estudiante destacada que fue, posee una plática interesante y estructurada, como su mente.

Tiene objetivos muy claros y es suficientemente fuerte como para lograrlos a cualquier costo.

No sabía nada de ella; esto es lo que he aprendido desde ayer —dijo esto último en tono de disculpa, lo que divirtió al inspector.

—¿Qué me puede decir de Rebecca?

—Es la más normal de la familia. La clásica muchacha crédula e inocente que trata siempre de ayudar al vecino.

Todos se han acercado a ella en un determinado momento, y me atrevo a asegurar que buscando ayuda.

No sé si es la más fuerte o la menos afectada por todo lo que está sucediendo, ¿no le parece?

—Y finalmente, Thomas, ¿cree que alguno de ellos sea capaz de matar?

—Ah, qué pregunta, inspector. Pues, sin saber si alguno tenía motivos, diría que cualquiera.

Mire, me parece que Sebastián podría hacerlo en algún momento de borrachera; Nigel lo haría si alguien se interpusiera en su camino para obtener más dinero; Maggie, si su marido se viera amenazado; Nelly…

, no; a ella no la creo capaz de algo así.

Becca..., es tan... buena, diría yo. Como que es la persona perfecta que no levanta sospechas, ¿no cree?

—Pero qué interesantes comentarios, Thomas; muy interesantes. Y dígame, ¿piensa que Marvin sería capaz?

—Bueno, él también; aunque le aseguro que no le hizo nada a su tía, pero si alguien lo orillara, lo acorralara y le quitara lo que para él es importante, como su investigación o su credibilidad, entonces sí; no sé de qué sería capaz.

—Y, finalmente, ¿usted podría cometer asesinato?