CAPÍTULO 18 #3
Al día siguiente Lilian seguía dolida y turbada por lo sucedido la tarde anterior.
Cuando ella y Luke entraron por las puertas del teatro intentó olvidarse de todo para no arruinar la cita.
Enseguida el acomodador los llevó hasta sus asientos y, uno junto al otro, esperaron al comienzo de la obra.
En cuanto se alzó el telón, los actores protagonizaron un sinfín de escenas divertidas que provocaron eufóricas reacciones entre el público.
Lilian miraba el escenario, pero en realidad no lo veía.
Tampoco escuchaba los diálogos. Debían ser graciosos, ya que el resto de espectadores reía a placer.
Definitivamente, ella no estaba bien. No era capaz de prestar atención.
Miró de reojo a Luke. ¿Por qué seguía sintiéndose extraña en compañía del exitoso abogado?
No podía negar que se sentía enormemente halagada por sus atenciones, que lo encontraba irresistiblemente atractivo y que su conversación con él era siempre amena e interesante.
Pero un peso en su corazón le impedía estar del todo cómoda cuando estaba a su lado, como si un halo de desconfianza la amenazara constantemente.
¡Ocho años!
Esos ocho años en los que no había sabido nada de él le generaban resquemor.
No comprendía por qué Luke no había hecho nada por reencontrarse con ella y tampoco entendía por qué le había ocultado que accedió a la universidad gracias a su padre.
A sus ojos, una parte de Forrester era oscura, secreta, inalcanzable.
Ya no era el joven inocente del que se enamoró.
Ahora era un hombre que se había hecho a sí mismo, duro, directo y aguerrido.
Y solo en contadas ocasiones reconocía en él al joven de antaño, al muchacho con quien se daba cita en el jardín de sus padres de manera clandestina.
Por otro lado, Arthur siempre invadía sus pensamientos como un ser omnipresente.
Incluso en ese instante, desde la platea, Lilian no pudo evitar recordar su primera cita junto al duque, cuando él también la llevó al teatro y se las ingenió para arrastrarla a aquel cuartucho para estar a solas con ella.
Rememoró lo que sintió cuando sus manos recorrieron su cuello para colocarle aquel collar, su delicado beso robado en la frente, sus cuerpos peligrosamente juntos en aquel reducido espacio en el que él la había acorralado.
Pensó en las caricias inocentes de sus manos cuando la despojó del guante haciéndola perder por completo el hilo del argumento…
y en aquella sensación de alerta constante que invadía sus sentidos cuando él estaba presente.
En cómo sus intensos ojos grises la inquietaban como nada más lo hacía en este mundo.
Y lo más inconfesable de lo que le sucedía desde que estaba en Manchester: cada noche, sin excepción, el duque se colaba en sus sueños.
Aparecía entre las sábanas de su cama, la despertaba para robarle besos prohibidos y el contacto de sus cuerpos convertía la habitación en una ardiente caldera.
Despertaba sobresaltada, húmeda y sedienta.
¡Arthur! Arthur… Arthur… Siempre él. Siempre presente. Siempre en su mente.
Cuando finalizó la obra, Lilian y Luke regresaron al hotel. Frente a la escalinata principal del Richmond comenzaron a despedirse.
—¿Nos veremos mañana? —preguntó Forrester acariciándole la mejilla.
—Sí… —respondió ella un poco cohibida. Cada vez se mostraba más cariñoso hacia ella—. ¿Has pensado algún plan?
La propuesta de Luke sobresaltó a Lilian.
—Ven a mi casa… a tomar el té… —propuso—. Es mi tarde libre.
¿Aquello era una invitación a tomar té… exclusivamente?
Lilian sintió el peso de la traición sobre sus hombros. Pero aún no sabía realmente a quién traicionaba… ¿A Arthur? ¿A Luke? ¿A ella misma?
Estuvo a punto de responder que no, pero finalmente accedió.
Había viajado hasta Manchester y debía permitirse experimentar.
¿No era eso a lo que había ido hasta allí?
¿Sentiría lo mismo que con Arthur? Ya ni se molestaba en evitar las comparaciones.
Era inevitable que su subconsciente comparase a aquellos dos hombres hasta en la manera de caminar.
—¿A qué hora quedamos? —preguntó ella.
—A las cinco… —respondió él antes de coger la mano de Lilian para besarla en el dorso.
Ella le sonrió. Pero lo que pasó a continuación la desarmó por completo. Forrester la sujetó por la cintura, la atrajo hacia sí y, sin previo aviso, la besó. Sin tiempo a reaccionar, Lilian le devolvió el beso. Se sujetó a su cuello y se dejó llevar.
¡Santo Dios!
¡Estaba besando al amor de su juventud!
¡Por primera vez!
Siendo muchachos nunca se atrevió a tanto con ella.
Cuando consiguió separarse se sintió mareada.
¡Ay, madre mía! ¡¿Dónde se estaba metiendo?
! Luke la deseaba. Si mañana las cosas se descontrolaban…
«¡¿Podía acabar en la cama de Luke Forrester?
!», se cuestionó sofocada. Sintió un miedo atroz: miedo de que sucediera y miedo a estarse equivocando.
Confundida, se despidió precipitadamente y se adentró en el hotel.
Mientras subía las escaleras comenzó a sentirse…
sucia. Ella pensó que su inocencia era un privilegio que el duque de Cavendish había salvaguardado para él mismo y ella había soñado con que fuese él, y solo él, el primero en profanar su intimidad.
Cuando llegó al segundo piso las lágrimas ya se habían agolpado entre sus párpados.
Al entrar en su habitación, se lanzó sobre la cama y se desbordó por entero.
Lloró intentando descargar sus emociones, su interior era un laberinto tormentoso que no le permitía encontrar paz.
Lloró durante horas, abrumada, dolida, confundida… hasta que un pensamiento cruzó su mente como un haz de luz. Lo único que realmente le permitiría ser feliz.
¿Y si perdonaba a su padre?
Entonces…
Entonces, sí: podría casarse con Arthur.
Con solo pensar que aquello podía suceder, el corazón se le aceleró y sus ojos se desbordaron.
Lilian supo que esas nuevas lágrimas eran diferentes…
eran de alivio, no de sufrimiento... Se incorporó y secó sus ojos con la manga del vestido…
y sonrió. «¡Vaya loca!», pensó. Llorando y riendo a la vez.
Quizá estaba tan chiflada como el duque…
quizá por eso estaban hechos el uno para el otro.
¡¡¡Era él!!!
¡¡¡Solo él!!!
¡¡¡¿Por qué de repente lo veía tan claro?!!!
Aquella verdad absoluta estalló en su corazón: experimentó «AMOR» en mayúsculas en lo más profundo de su ser.
Por fin, tuvo la certeza de a quién pertenecía cada centímetro de su piel.
Por mucho que hubiese luchado porque no fuese así y, aunque le hubiese parecido imposible, solo sería Arthur. Su duque. El verdadero amor de su vida.
Se levantó de un salto y fue directa a escribir una carta:
“Estimado Luke,
Hoy no podré quedar contigo tal como habíamos acordado pues mi estancia en Manchester ha llegado a su fin.
Regreso a casa, pero quería decirte que ha sido agradable volver a verte.
Me ha alegrado saber de ti, saber que estás bien, comprobar que te has convertido en un hombre importante y que hiciste realidad tus sueños.
He de confesarte que me había preguntado miles de veces cómo habrían sido nuestras vidas si mi padre no se hubiera interpuesto entre nosotros.
Pero he descubierto que es inútil pensar en lo que pudo haber sido y no fue.
Dejar de luchar y aceptar el desenlace que el destino nos tenía previsto es una gran lección de vida que he aprendido estos días.
Ahora sé cuál es mi camino.
Te deseo lo mejor en el futuro y que seas feliz.
Lilian Rigby”
Cerró la carta y sonrió. La dejó sobre el escritorio y se preparó para meterse en la cama. Una vez con el camisón puesto y su pelo recogido en una trenza, se metió entre las sábanas y fue la primera noche en mucho tiempo en que durmió plácidamente con una sonrisa en los labios.