CAPÍTULO 17 #4
El corazón de Lilian dio un vuelco. ¿Estaba flirteando con ella? Se recompuso, no podía perder el hilo. Aún necesitaba respuestas, por lo que se obligó a mantenerse fría para poder seguir interrogando al abogado.
—Lloré mucho por ti… cuando… bueno, ya sabes a cuándo me refiero… —no hacía falta ser más explícita.
—Lo siento… creo que te debo una explicación.
«¡Por fin! ¡Ocho años esperándola!». Necesitaba oírla de sus propios labios, ver la expresión de su cara, saber si él también lloró amargamente por ella… Se mantuvo en silencio, invitándolo a que hablara.
—Anhelaba casarme contigo, Lilian… sabía que tu padre no lo aprobaría, pero confiaba en poder convencerlo…
—Luke parecía afectado al recordarlo—, pero me dijo que aquello no sería posible.
Dejó muy claro que jamás aprobaría nuestra unión.
Luego me obligó a alejarme de ti… estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para lograr que no fueras mi esposa.
—¿Llegó a amenazarte? —Sabía que su padre podía llegar demasiado lejos para evitar aquel matrimonio.
—No importa. Cuando acabé de hablar con él supe que debía irme de allí y no regresar nunca más.
—Lo siento, Luke… —dijo acongojada.
—Me avergüenza lo que voy a decirte… pero has de saberlo.
—¿De qué se trata?
—Me pagó para que me marchara —bajó su mirada—. No podía irme de casa sin dinero y sin trabajo. Tuve que aceptarlo.
—Lo entiendo…
En un arrebato inesperado, ella sujetó su mano para reconfortarlo y él la miró a los ojos.
—Fue duro… —reconoció él—, muy duro.
Un duende travieso dentro de Lilian bailó de alegría, comprobando que él también sufrió. ¿Era cruel por alegrarse de eso?
—Éramos muy jóvenes… —le dijo ella intentando paliar el sufrimiento que él también había vivido
—Lilian… ya no lo somos… —la mirada azul del joven se posó hambrienta sobre ella y apretó sutilmente su mano entre la suya.
¿Un nuevo flirteo?
Curiosamente, este nuevo acercamiento halagó a Lilian tanto como la incomodó, sintiendo desconcierto ante esos sentimientos tan contradictorios en su interior. Lo único que pudo hacer fue retirar su mano, sutil y lentamente, protegiéndose de no sabía qué.
—No… —respondió ella—. Ya no somos aquellos dos muchachos. Ahora somos dos personas adultas capaces de tomar nuestras propias decisiones —expresó con convicción.
—¿Cuántos días pasarás en la ciudad? —preguntó Luke.
—No lo sé… —Y era tan cierto como que el sol sale cada mañana por el Este.
—¿Cómo es que has venido a Manchester? ¿Y cómo te has enterado de que trabajaba en los juzgados?
«Demasiadas preguntas… ¡Improvisa algo!», pensó la joven.
—He venido a visitar a… una prima de mi madre —argumentó. Ningún familiar vivía en esa ciudad, pero él no lo sabía.
—¿Te alojas en su casa? ¿Dónde vive?
«Más preguntas. ¡Qué pesado!»
—Vive por el centro —salvó la cuestión para no tener que concretar una dirección—, pero yo me he instalado en un hotel, uno que curiosamente está bastante cerca de aquí. El Richmond. ¿Lo conoces?
—Sí, está a un par de manzanas. Es un hotel bastante aceptable.
—Lo es… es limpio, confortable y tiene una cama que es amplia y muy cómoda...
«¡Lilian!», se reprendió mentalmente. «¿Qué haces hablando de tu cama con Luke?», casi se atraganta con su propia saliva.
Luke sonrió al percibir su zozobra.
—Es bueno saber cómo es el lugar donde reposa una dama tan bella como tú —le dijo al tiempo que curvó una sonrisa traviesa antes de añadir—. ¿Y qué me dices de… ya sabes, de lo otro? —indagó él.
«¿Lo otro? ¿Lo otro en la cama?», un rubor aún más intenso subió a sus mejillas. Al notar que Lilian no respondía, Luke volvió a preguntarle:
—¿Cómo averiguaste que trabajaba aquí, en los juzgados Portman?
«¡Ah, eso!», Lilian respiró aliviada. «¿Cómo había pensado que le preguntaba sobre cosas tan íntimas?». Quizá porque un duque había pervertido su inocencia hasta límites insospechados ¡De nuevo Arthur en su mente! «¡Maldita sea!»
—Me enteré de casualidad. —No podía dejar de admirar lo buen abogado que era, no dejaba ningún cabo suelto—.
Una tarde en casa de la prima de mi madre, acudieron unos amigos que buscaban un abogado y alguien mencionó tu nombre.
Pensé que debía tratarse de una coincidencia, que hablarían de otra persona, pero cuando ofrecieron algún dato más, intuí que podía tratarse de ti…
Debía comprobarlo en persona y por eso vine a verte.
—Al final voy a tener que creer en el destino… —comentó. Una parte de Luke desconfiaba, ya que veía demasiadas casualidades en su relato. Era un hombre inteligente al que no se le escapaban los pequeños detalles.
Lilian lo miró a los ojos.
—Sea como sea… aquí estamos los dos… Juntos otra vez…
«¿Juntos otra vez? ¡Ay, por favor! ¡¿Eso había sonado casi a una petición matrimonial?!», pensó Lilian horrorizada. Debía aclarar que no era así.
—Antes de volvernos a separar… por supuesto… y que cada uno siga con su vida…
Luke chasqueó la lengua divertido.
—¿Ya piensas en alejarte de mí? —le recriminó burlón—. Lilian, mientras estés en mi ciudad, voy a ser tu anfitrión, tu guía turístico y tu acompañante allá a donde quieras ir. Si me lo permites, por supuesto —la mirada del joven abogado adquirió un brillo especial.
—Será un auténtico placer… —¿Cómo podía negarse a semejante despliegue de atención?
—El placer será mío, Lilian. Otra pregunta… Me he fijado que no llevas dama de compañía. ¿Cómo permite tu familia que vayas sola por la ciudad, siendo soltera? Con lo estricto que es tu padre…
—Ya no soy una niña. Hace tiempo que no necesito una escolta controlando mis pasos las veinticuatro horas del día —dijo con seguridad.
—Entiendo… —dijo el señor Forrester imaginando que de esa forma tendría más margen de maniobra para sus citas con Lilian.
Siguieron charlando amistosamente y, tras la comida, Luke acompañó a Lilian al hotel. Después, el joven abogado regresó a su trabajo, no sin antes haber acordado un par de planes para los siguientes días.
Arthur se había mantenido en las sombras.
Como de costumbre, había seguido a Lilian y se había sentado unas mesas más allá en el restaurante para espiarla.
Para su desgracia, oyó la conversación al completo.
Verla tan entregada al flirteo de otro hombre hizo que se lo llevaran los demonios al mismísimo infierno.
Y no le importaría que hubiera sido así, porque era una auténtica tortura ser testigo de ello sin poder levantarse del asiento, tomarla de la mano y llevársela de allí en el acto para hacerle el amor.
Porque Lilian estaba preciosa. Por primera vez la veía al natural y sin artificios: su melena rubia, su preciosa piel y aquel vestido tan ceñido a su silueta, lo tenían loco de deseo.
Su corazón latía con fuerza y hasta su alma quería salirse de su cuerpo.
Sin embargo, se maldijo a sí mismo por haberla seguido hasta Manchester.
Cuando Arthur regresó al hotel se encerró en su habitación y tomó una firme decisión. Debía marcharse y olvidarse de ella. Seguir con su vida y buscar otra mujer con la que casarse y engendrar sus herederos. No sería lo mismo, pero sí más sencillo… y, sobre todo, menos doloroso.