CAPÍTULO 14 #3
—¡Al demonio la moral, Lennox! —exclamó Rockingham—.
¡En el amor y en la guerra todo vale! Al enemigo ni agua…
y menos si es un hombre tan rematadamente atractivo, que tiene una fortuna de órdago y encima sigue soltero.
Si estuviera casado, le hubiesen salido tres verrugas en la punta de la nariz y viviera bajo un puente…
entonces, sí… entregaría el maldito informe… pero no en un caso como este.
—Eso es lo que tú y yo haríamos sin dudar…
—reconoció Lennox, que tampoco tenía tantos escrúpulos y menos cuando se trataba de seducir a una dama—.
Incluso inventaríamos un informe falso en el que pusiera que estaba muerto y enterrado en las Bahamas, pero nosotros no somos el siempre perfecto Caven.
—¿Qué debo hacer? —preguntó el duque, todavía sin tener una respuesta a su conflicto interno.
—Olvidar el asunto —insistió Rockingham—. Nunca pediste ningún informe a Gibson, nunca encontraste a Forrester y nunca más hablar del tema…
—Matar a Forrester —propuso Lennox de pronto—. Y enterrarlo en una zanja para siempre. Muerto el perro se acabó la rabia
—¿Os estáis oyendo? ¡Sois de la peor calaña! ¿Realmente estoy hablando con un conde y un marqués? ¿O con dos rufianes de los bajos fondos? —exclamó Arthur ante las recomendaciones de sus amigos.
—¿Qué esperabas oír? —le recriminó el conde—. Algo así como… ve corriendo y dile a Lilian donde está su Luke Forrester, y verás lo que tarda en ir a Manchester para echarse a los brazos del gran amor de su vida al que jamás ha podido olvidar.
—¡Y un cuerno! —exclamó Arthur que de solo pensarlo le hervía la sangre.
—¿Qué crees que hará ella? —Rockingham quería abrirle los ojos para que no cometiera una imprudencia irreparable—.
Lleva ocho años enamorada de ese hombre…
en cambio a ti te ha visto escasas horas en su vida…
no puedes competir contra eso… ni con… su aspecto…
Porque perdona que te lo diga a las claras…
pero ese tipo es nueve años más joven que tú…
—¿Ahora me estás llamando viejo? —Arthur sonó irritado. ¡Y dale con lo de viejo! ¿Desde cuándo ese calificativo estaba en boca de todos?
—Piénsalo. Cuando tenías veinte años… ¿Cómo veías a los que estaban cerca de la cuarentena? —ejemplificó el conde.
—Lilian no me ve así… —se defendió Cavendish.
—Por supuesto —ironizó Rockingham—. Solo a ti se te concedió el don mágico de ver mayores a los que te sacaban más de una década.
—Once años me llevo con Lilian, once años… —puntualizó—. No soy tan mayor para ella.
—¿En comparación con el dios griego que nos acabas de describir? —siguió Rockingham con sarcasmo.
Lennox volvió a intervenir:
—Caven, ¿qué te preocupa exactamente? —le preguntó sin paños calientes, directo a la yugular.
—Mi mayor preocupación es que… —murmuró con temor— que… —el rostro del duque se ensombreció—… que lo elija a él —reconoció al fin.
Sus dos amigos se callaron unos instantes.
—Si Lilian no tiene donde elegir… —prosiguió Rockingham— no podrá elegir… Solo tú eres su opción. No le muestres ninguna más… ¡O te arrepentirás! —sentenció.
—Siento aconsejarte lo mismo que Rockingham —dijo Lennox—.
No es el momento más adecuado para sacar a relucir tus cualidades de respetabilidad y tu valía como caballero de honor que siempre porta una reluciente armadura.
Por una vez en tu vida sé egoísta y piensa en ti.
Coge a esa dama y despósala. Oblígala a hacerlo si hace falta.
Comprométela, llévatela a Gretna Green o inventa cualquier otra excusa para conseguirla.
Luego ya tendrás tiempo de sanar tu moral y tu alma de pecador cuando te confieses un domingo con el párroco...
o, mejor aún, en el lecho de muerte. Dos padres nuestros y tu falta se difuminará como el humo de un cigarrillo.
Arthur suspiró. Llevaba días dándole vueltas al asunto y no quería basar su matrimonio en mentiras.
¿Habría alguna posibilidad de que Lilian lo eligiera a él por encima del superhombre que era Luke Forrester?
¿Elegiría a un duque frente al amor de su vida?
¿Se decantaría por un duque cuando ella había jurado no casarse con ningún caballero que ostentase un título, solo por vengar la traición de su padre, una traición que todavía atormentaba su alma?
Tenía mucho en qué pensar.
Mientras tanto, no muy lejos de allí, Lilian se removía en su cama sin poder conciliar el sueño.
Llevaba cuatro días sin ver a Arthur y lo añoraba enormemente.
¿Por qué había propuesto él hacerla esperar toda una semana?
¡Le estaba resultando una eternidad! Lilian cada vez tenía más claro que no quería renunciar a él pues, ahora que había probado lo que era estar en sus brazos, requería más de sus caricias. Su cuerpo se lo pedía a gritos.
La preocupación también la tenía insomne. No sabía si él aceptaría la propuesta de ser su amante. Había estado dándole vueltas al asunto y era la única opción que veía como una alternativa viable a su situación. Nada de pensar en el pasado, nada de pensar en el futuro: solo vivir el presente.
Y su presente era Arthur Wesley: su duque sin límites.