CAPÍTULO 12 #4
—¿Aceptó? —Lilian bufó—. ¿Aceptó? —exclamó con más indignación en su tono—. Lo obligó a aceptar… que es muy diferente.
—Podría haber rechazado el dinero y luchar por ti —le hizo ver Arthur.
—Cuando Igor Rigby se propone algo usa todos sus medios para conseguirlo. Movilizaría al mismísimo ejército si fuese necesario. Mi padre tiene muchas influencias, a pesar de ser solo un barón, siempre ha tenido buenos contactos. Lo hubiera destruido por completo… y él lo sabía.
—¿Nunca te indicó a dónde fue? ¿Tu padre sabía su paradero?
—Es evidente… él lo dispuso todo… no me cabe la menor duda de que supo dónde estaba en cada momento.
—Miró a Arthur a los ojos y continuó hablando—.
Estuve meses suplicando a mi padre saber la verdad.
Después de los ruegos y las lágrimas, llegaron las amenazas y la ira: lo amenacé con marcharme de casa, con privarlo de mi afecto, incluso con cometer una barbaridad…
Nada… Prefirió mi sufrimiento a mi felicidad…
—No dio su brazo a torcer…
—Igor Rigby no sabe qué es eso… Pero le juré que jamás me casaría con otro que no fuera Luke… Y mucho menos me casaría con un aristócrata… —explicó—. No le daré a mi padre la satisfacción de verme desposada con alguien que él aprobaría.
—Por supuesto que no… antes lo harías con un simple mozo de cuadras —dijo Arthur encajando las piezas del rompecabezas.
—Así es, excelencia… —dijo recordándole su posición y su título.
—Por eso te escondes de la sociedad… de cualquier duque, marqués o conde… tras el personaje que has creado de ti misma…
—Y he de reconocer que mi plan iba de maravilla… hasta…
—… que cierto duque descubrió tu secreto…
—Y lo que es peor… alberga absurdas esperanzas… de que yo sea su duquesa…
Los dos continuaron observándose en silencio durante unos instantes más.
Finalmente, Arthur avanzó lentamente hacia ella, colocándose frente a frente.
Sujetó las muñecas de Lilian con delicadeza y buscó marcas que él podría haberle producido al sujetarla durante el forcejeo.
No había nada. Las acarició con las yemas de sus pulgares.
—Temí haberte lastimado al cogerte de ese modo… Lo siento…
—No eran tus manos lo que me lastimaba, sino tu manera de presionarme. Pero no me gusta cuando te aprovechas de tu envergadura… me dejas en una posición inferior. Eres demasiado enérgico para mí. Intenté liberarme…
—Tus patadas eran como dulces gatitos lamiendo mis piernas.
—No lo eran. Te golpeaba tan fuerte como pude.
—Tienes razón en que es injusto. Escúchame, Lilian… debemos igualar fuerzas.
—Eso es imposible…
—Te doy permiso para noquearme, si es necesario, pero no dejes que nadie, ni yo mismo, te vuelva a sujetar de ese modo. Me avergüenzo de cómo te he tratado. —Arthur le besó la piel de ambas muñecas—. Me he comportado como un animal.
Ella no retiró sus manos.
—Sí… lo has hecho… —le reprochó con voz suave—. Si supiera cómo liberarme de ti no te lo hubiese permitido.
—Un golpe certero me hubiera dejado fuera de combate —confesó el duque—. Ya sabes… en cierta parte.
Lilian enrojeció al creer entender la zona en concreto.
—¿Te refieres a…?
—Mi hombría… sí… —La miró a los ojos—. Un buen rodillazo en esa parte me hubiera lastimado más que un disparo… te lo aseguro… Me hubieras doblegado y hubieras podido liberarte de mí en un santiamén.
—Tomo buena nota. La próxima vez, no pienso reprimirme.
—No habrá próxima vez.
—No… porque las citas se acaban.
—No. Porque no dejarás que ningún hombre vuelva a tratarte así nunca más.
—¿Te refieres a deshecha emocionalmente cómo has hecho tú, al obligarme a remover mi desolador pasado hasta confesarte mis secretos?
—Alguien debía hacerlo… obligarte a hablar de ello para que pudieras sacar el dolor que llevabas dentro anegando de oscuridad tu alma. Lamento haber tenido que ser yo.
Arthur soltó sus manos y ella dejó caer los brazos a ambos lados de su cuerpo. Volvieron a mirarse en silencio.
—Nuestra cuarta cita ha sido… sin duda… la peor de todas… —dijo ella intentando ironizar ante la situación.
—No siempre salen como las planeo… a estas alturas ya deberías saberlo.
—Aun así, debes sentirte muy orgulloso. Por fin has conseguido desvelar mis misterios, esos que tanto ansiabas descubrir… ¿No era eso lo que querías?
—Sí…
—Y ahora que sabes toda la verdad, ¿qué vas a hacer?
Artur desvió la vista sin saber qué responder. Sus ojos se detuvieron en el reloj de la pared y comprobó que el tiempo había volado. Marcaba casi las once. Pronto acabarían las dos horas estipuladas.
—Poner un punto y final… y llevarte a casa…
Salieron del despacho y la acompañó hasta el hogar de tía Josephine. No hubo conversación en el trayecto. Cuando él la ayudó a bajar del carruaje, ni tan siquiera hubo despedidas. Ella caminó sin volver la vista atrás y él se metió de nuevo en el vehículo cerrando la puerta tras de sí.
Lilian pensó en el significado de las últimas palabras del duque:
“Poner un punto y final… y llevarte a casa”.
¿Qué significaba? ¿Volvería a saber de él? ¿Habría una quinta cita… o era el fin?