La misteriosa Lilian Rigby (Damas Insólitas nº 1) CAPÍTULO 12 #3
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CAPÍTULO 12 #3

Ninguno de los dos habló en lo que pareció una eternidad.

En un momento dado, Lilian se levantó con torpeza del suelo y con la manga del vestido se secó las lágrimas y la nariz. Miró con enfado a Arthur y le dijo, sin apenas resuello:

—Me voy a casa…

El duque fijó su mirada perdida en ella, como si le costara enfocarse en el presente, y le contestó abatido:

—No te vayas… Todavía estamos dentro de las dos horas de la cuarta cita…

—No tiene sentido que me quede…

—Nada tiene sentido…

Ambos quedaron mirándose. Por fin, después de la dura discusión, sus ojos se encontraron. Sus almas se reencontraron de alguna forma. Arthur intentó sonreír, sin conseguir expresión alguna en su rostro y añadió:

—Pero he de conseguir que lo tenga…

—No está en tus manos… Una vez me dijiste que no lo puedes curar todo.

—No voy a darme por vencido. No aún… No contigo…

Ninguno de los dos se movía. El escritorio que se interponía de por medio simulaba un muro inquebrantable entre ellos. Una muralla que se había colocado en el camino de forma imprevista para el duque. Necesitaba saber quién era su enemigo si quería derrotarlo.

—¿De qué trabajaba Luke Forrester para tu padre? —preguntó. Lilian tardó un siglo en responderle.

—Era el ayudante del administrador de mi padre.

—¿El ayudante? —preguntó incrédulo. «¿Un simple ayudante de administrador?»

—Sí… a veces acudía el administrador para tratar los asuntos con mi padre, pero cuando era algo más sencillo, Luke era quien se encargaba.

—¿Os conocisteis en casa de tus padres?

—Sí…

—¿Cuándo sucedió?

—Qué más da, Arthur… no deseo remover el pasado…

—¿Cuándo sucedió…? —insistió.

—Hace ocho años… yo tenía quince, a punto de cumplir dieciséis… él tenía dieciocho.

—¿Hace ocho años? —el duque no entendía cómo un acontecimiento de hacía tanto tiempo era vivido con tanta intensidad por parte de Lilian.

—Mi amor sigue intacto… —pareció leerle el pensamiento—. Como el suyo. Juramos amarnos para siempre.

—¿Qué sucedió?

—Arthur, por favor…

—¿Qué sucedió…? Háblame, por favor…

Lilian lo miró con odio. No deseaba contarle lo mucho que sufrió. Era demasiado doloroso recordar aquellos días. Volver a rememorar la pérdida. Pero sabía que Arthur la obligaría a contárselo. ¿Obligarla? Quizá eso no pudiera, pero sí insistiría hasta averiguarlo de un modo u otro.

—Nos mirábamos en cada pasillo. En cada rincón de la casa.

No hizo falta ni hablar, Arthur… Lo que sentíamos era tan real que una simple mirada emanaba amor.

Nos veíamos a escondidas. Acudíamos en secreto al jardín trasero de la casa y allí empezamos a confesarnos el amor que nos invadía.

Cuando él entraba por la puerta para ver a mi padre, mi corazón latía con fuerza…

Al duque le ardían las entrañas con cada detalle que Lilian ofrecía. Sentía puñales al rojo vivo clavándose en su piel. Cada una era una punzada más afilada y cruenta que la anterior. Aun así, apretó los puños y siguió escuchando el relato de la joven.

—Una tarde me pidió que nos casáramos y yo acepté sin dudarlo. Pero antes, él debía hablar con mi padre para pedir mi mano y obtener su bendición… —la voz de Lilian se diluyó como sal en el agua afectada por la congoja.

—¿Tu padre no aceptó el compromiso…? —intentó ayudarla para que no se detuviera.

—Nunca más volví a ver a Luke Forrester… Mi padre no solo no aceptó el compromiso, sino que se encargó de alejarlo para siempre de mi lado. Luke dejó el trabajo que hacía para el señor Thornell, el administrador, y desapareció de la faz de la tierra.

—¿Qué explicación te dio tu padre?

—Mi padre no me dijo nada. Simplemente dejamos de recibir las visitas de Luke.

La primera semana pensé que podía ser normal, que quizás no había tenido tiempo de hablar con mi padre o que simplemente no había trabajo que hacer.

La segunda semana empecé a impacientarme, pero no quería dar un paso en falso y avanzarme a la petición formal que debía hacer Luke de mi mano.

La tercera semana, apareció por casa un nuevo ayudante del administrador.

En ese momento supe que algo sucedía, que algo no era normal…

—Sigue… —le animó a continuar hablando.

—Reuní el coraje suficiente para hablar con mi padre… —Lilian miró hacia el suelo y detuvo su explicación. Le costaba narrar aquello—. Simplemente me dijo que había pedido mi mano y que no había aceptado.

—¿Así sin más? —preguntó el duque.

—No… recalcó que no era digno de mí. Ese fue el motivo de rechazarlo.

No tuvo en cuenta nada más. No vio el amor que nos profesábamos.

Solo vio a un joven sin título que quería casarse con la hija del gran Ivor Rigby…

—intentó desprestigiarlo usando ese adjetivo—.

Para mi padre, Luke Forrester era un don nadie…

alguien indigno… alguien a quien mantener alejado de mí…

—¿Por qué dejó de trabajar para el administrador?

—Eso me lo confesó meses después… Pues yo no dejaba de insistirle en que nos amábamos y que aceptara el compromiso, que me dijera dónde estaba él…

No le importaron mis lágrimas, mi pena, mi angustia…

Dejé de comer, de dormir… mi madre llegó a llamar a cinco médicos para que me atendieran, pero la única medicina que necesitaba era recuperar al amor de mi vida…

—¿Le obligó a dejar su trabajo?

—Sí… —reconoció—. Entiendo que lo amenazó de alguna forma y compró su silencio. Después me reconoció que le pagó una considerable suma de dinero para que no volviera por aquella casa… —tragó saliva— que no volviera por nuestra casa… nunca más…

—¿Cosa que Luke Forrester aceptó?