CAPÍTULO 10 #4
—Pero, si a usted no le importa… —dijo apartándose hacia un lado dejando libre la parte izquierda de su asiento.
Aquello era una invitación para que se sentara a su lado.
Otra pequeña gran batalla ganada. Si Lilian estaba receptiva, debía aprovechar la ocasión, y el duque decidió subir el nivel de sus intenciones, avisándola con antelación.
—En cuanto me siente junto a usted, creo que no podré evitar pasar mi brazo por encima de sus hombros… anhelo cobijarla y sentir su cercanía.
Lilian lo miró perpleja. Aquello sonaba demasiado íntimo. ¡Ni loca! Debía volver a subir murallas inmediatamente.
—Excelencia, creo que ya hemos tenido suficiente cercanía por hoy… ¿no le parece? —dijo aludiendo a lo que acababa de pasar en el lago.
—No lo tenía previsto. Ya le intenté explicar antes que no debí proponer semejante plan.
—Olvidemos el asunto, pero, por hoy, no deseo más su contacto directo —«¿Estaba siendo sincera?»
—La comprendo y lo respeto. Nunca la obligaré a nada en ese sentido.
—¿Quiere igualmente sentarse a mi lado? —dijo todavía receptiva.
—No —respondió él.
¡¿Qué?! ¿De verdad la había rechazado? ¡Maleducado! ¿No quería estar cerca suyo? Arthur notó su reacción y enseguida le explicó el motivo de su negativa.
—No me malinterprete, por favor. Si no puedo abrazarla, ni tocarla, ni respirar su mismo aire… prefiero estar frente a usted. Desde aquí puedo verla mejor.
Lilian se sintió aliviada. ¿Acaso le molestaba que el duque no hubiese accedido a sentarse a su lado? ¡Sí! Una parte de ella lo vivió como una afrenta al creerse rechazada. ¡Maldito duque! Empezaba a despertar sentimientos en ella. «¡Murallas arriba!», se dijo de nuevo.
La muchacha desplazó la mirada hacia la ventanilla y se dedicó a admirar el paisaje mientras se daba cuenta de que no conseguía dejar de rememorar el tacto de la piel de Arthur.
En cuanto él fue en su ayuda y se abrazaron, solo notó músculos y fuerza.
Un cuerpo que no hubiese dejado de acariciar, de recorrer, de descubrir.
¿Cómo podía ser el cuerpo de un hombre tan diferente al de una mujer?
Cuando se sujetó a él por la espalda, sus brazos pasaron por encima de sus anchos hombros y sus manos reposaron sobre el pecho masculino.
Notaba su gran porte y también rozó un vello que la tenía fascinada.
Todo fue tan rápido que apenas pudo verle de frente cuando vino a socorrerla.
¿Se había quedado con ganas de más? ¡Y ahora él quería ponerse a su lado y abrazarla de nuevo!
¡Ni hablar! ¡No podía permitirse otra reacción de ese tipo!
«¡Distancia, distancia, distancia!», se obligó a repetirse como un mantra.
—¿Dónde me llevará pasado mañana? —dijo ella intentando rebajar un poco la tensión por ese pequeño desacuerdo que acababan de tener.
—Me quedan seis horas, sin contar este breve trayecto hasta su casa. Tengo varios planes pensados, pero, como el tiempo juega en mi contra, debo pensar bien el siguiente paso.
—¿No va a decírmelo? —se extrañó ella.
—No. Le enviaré una nota. Así mantendré un poco más su interés en nuestras citas.
—¿Sigue creyendo que tengo algún interés? —dijo Lilian. En este caso no había retintín, sino diversión en sus palabras.
Arthur no le respondió, solo le sonrió. Él sabía que estaba despertando interés en ella. Muy lentamente, muy despacio, pero no lo dudaba. No iba a entrar al trapo de sus provocaciones. Al contrario, se acercó a ella y le cogió la mano.
—Lilian, casi estamos llegando a su casa…
Debo decírselo o me moriré si no lo hago.
No haber mirado su cuerpo mientras se desnudaba ha sido la prueba de fuego más grande que he pasado en mi vida.
Solo superado por lo que he vivido después, pues tenerla sujeta a mi cuerpo, sentir su piel desnuda rozando la mía y no poder tocarla del modo que mis instintos me pedían a gritos ha sido lo más difícil que he hecho jamás.
El roce de sus —se aclaró la garganta en un carraspeó incómodo— atributos femeninos contra mi espalda…
¿cómo explicárselo? Si supiera lo que eso significa para un hombre…
entendería mi sufrimiento por no poderla mirar, por no poderla acariciar…
Ha despertado mis instintos más primarios…
No era mi intención cuando ideé este picnic.
Pensé en ser todo un caballero y hacer algo totalmente romántico.
Le he de confesar que se me ha ido de las manos…
Me temo que ha sido la cita más excitante —iba a decir erótica, pero no sabía si ella entendería el significado real de esa palabra— que he tenido en toda mi vida.
—Arthur… —¿Qué debía responder a eso? Ella misma también había sentido curiosidad por ver y descubrir su cuerpo y también había estado tentada en mirarle mientras se desnudaba. También disfrutó al tocarlo y se había sentido “excitada”, como él había dicho.
—No diga nada… Lilian… ni tan siquiera debería hacer referencia a partes sensibles de su cuerpo ni hablar de esta forma con usted… aún es demasiado pura para entender lo que me ha hecho sentir.
—No se preocupe… ya está dicho… —dijo ella restándole importancia. Arthur soltó su mano y se reclinó de nuevo en su asiento.
No tardaron mucho en llegar a casa de la joven. Quedaban tres citas para la decisión final.