Capítulo 10
Había pasado un maldito mes entero y seguía sin aparecer ni una pizca de magia.
¿El lado positivo? Seguía viva y, de alguna manera, me las estaba arreglando para sobrevivir en Darkhen.
Con el libro de Magia Defensiva apretado contra el pecho, me apresuré hacia el salón.
Como técnicamente no podía hacer magia, pasaba la mayor parte del tiempo memorizando hechizos y estudiando teoría que probablemente jamás usaría.
—Hola, Luna —el brazo de Ash se deslizó sobre mi hombro. Olía ligeramente a humo y bosque—. ¿Lista para la clase?
Era el único de Los Siete que se mostraba amistoso, aunque estaba bastante segura de que era porque Cinder, su prima, le obligaba.
—No.
—Intenta resistirte un poco hoy, ¿podrás?
Le miré con desdén y me zafé de su brazo cuando llegamos al aula, mientras él se reía entre dientes. En cierto modo, me daba pena haberle tocado yo como compañera. No sabía en qué estaba pensando la profesora Malindra.
No podría decir que Ash y yo fuéramos grandes amigos, pero sí que hablábamos.
Llevaba unos días con una pregunta en la punta de la lengua que quería hacerle.
La otra mañana me había levantado temprano, antes de clase, y los había visto a él y al resto de Los Siete, liderados por Ryder, escabullirse hacia el bosque.
Al día siguiente pasó lo mismo. Y al siguiente también.
Claro que mi curiosidad no tenía absolutamente nada que ver con cierto instructor moreno y totalmente prohibido. Para nada. Mentira .
—Oye, Ash, ¿adónde vas tú y los otros Sie… digo, tus amigos, con Ryder por las mañanas?
Los ojos verdes del dragón cambiaformas se dilataron antes de volver a la normalidad.
—Es un proyecto especial en el que estamos trabajando con Ryder. No te estás perdiendo nada, créeme.
Algo en su tono seco me indicó que no iba a obtener más información sobre el tema, así que me callé por el momento.
Cuando entramos al aula, el espacio estaba libre de pupitres y había una alfombra circular roja en el centro. Genial, era uno de esos días… La profesora ya nos había advertido que nos enfrentaríamos uno contra uno en una prueba de magia defensiva, pero no pensé que fuera a ser tan pronto.
Ella dio un aplauso y todos los estudiantes alrededor del círculo guardaron silencio.
—Hoy es el gran día, queridos alumnos. Por fin podréis demostrarnos todo lo que habéis aprendido en una épica exhibición de magia defensiva.
¿Épica? Más bien desastrosa.
Justo entonces, la puerta del aula se abrió de par en par y Cillian y Ryder entraron con aire despreocupado. Uf. Me eché el pelo hacia delante, con la esperanza de poder esconderme tras la cortina rubia.
De inmediato comenzaron los murmullos emocionados por todo el salón. Al parecer, la visita sorpresa del director era un gran acontecimiento. Yo, en cambio, estaba a dos segundos de sufrir un colapso nervioso.
La profesora Malindra se dirigió a Cillian y Ryder.
—Como veis, hoy tenemos invitados especiales.
Cillian saludó apenas con la cabeza. Ryder levantó una mano con una sonrisa relajada y varias chicas soltaron risitas instantáneamente.
Entonces sus ojos encontraron los míos. El ya familiar cosquilleo me recorrió la espalda.
Movió los labios en silencio: «Buena suerte».
Yo le respondí con mi mejor cara de «vas a verme hacer el ridículo».
Porque sabía perfectamente lo que iba a pasar.
Iba a fracasar. Horriblemente. Combate era la única materia en la que no estaba hundiéndome por completo.
Y eso solo porque no dependía de tener magia.
—Muy bien, ¿empezamos?
Un coro de «síes» emocionados resonó a mis espaldas. Lo único que quería era esconderme detrás de Ash, pero de alguna manera se las había arreglado para colocarnos en primera fila y en el centro.
Sentí un escalofrío por la espalda y me di la vuelta para encontrarme cara a cara con quien me estaba causando esa sensación. Drake estaba justo detrás de mí, y me vi obligada a dar un paso atrás hacia Ash para no terminar estampándome contra él. O peor. Besándolo.
—Lo siento —murmuró.
Eso era todo lo que hablábamos últimamente.
Nunca llegamos a hablar de cuando me salvó la vida en el momento en que mi unicornio, Zeus, se volvió loco e intentó embestirme.
Intenté darle las gracias una vez, pero él le quitó importancia como si realmente eso nunca hubiera pasado. Así que hice lo mismo.
La profesora Malindra carraspeó y desvió mi atención hacia el frente del salón. En aquel momento, tachó algo en su tableta.
—Hoy no os enfrentaréis a vuestros compañeros habituales. Ya es hora de sacaros un poco de la zona de confort.
Solté un bufido más fuerte de lo que pretendía. Varias personas se rieron. Genial. Con mi suerte, seguro me tocaba Raine y terminaba enviándome otra vez a la enfermería.
—Hoy vas a tener que darlo todo —susurró Ash, con sus ojos brillantes.
—Espero que te den una paliza —susurré.
Él se rio entre dientes, rodeándome con el brazo de nuevo.
—Recuerda lo que hemos practicado. Te sabes todos los hechizos, solo tienes que sentirlos.
¿Sentir? Qué va. Nunca sentía nada más que un vacío abismal dentro de mí. No tenía magia, y dudaba que alguna vez la tuviera. Tal vez al final del semestre simplemente aceptarían que era una mestiza inútil y me mandarían de vuelta a casa. Al menos podría volver a ver a Jay.
La profesora Malindra llamó a las primeras: Raine y Aeria. Sería un enfrentamiento interesante; ver a las mejores amigas superpoderosas enfrentarse tenía pinta de ser bastante entretenido.
Y por la maliciosa mueca de Drake al otro lado de Ash, supuse que él pensaba lo mismo.
—Aeria, tú atacas primero y, Raine, debes defenderte utilizando solo tus poderes. No busco demostraciones físicas de fuerza, señoritas. Y recordad: si salís de la alfombra, automáticamente se suspende el ejercicio.
La profesora salió del círculo rojo de la muerte.
—Comiencen.
Antes de que Malindra hubiera cerrado del todo la boca, una melodía etérea llenó el aire.
Las fosas nasales de Aeria se dilataron, sus labios se apretaron en una línea tensa mientras su pecho subía y bajaba al compás de la melodía.
Mi cabeza empezó a dar vueltas; una densa niebla me embotó los sentidos y me agarré al brazo de Ash antes de que las rodillas me fallaran.
—¡ Copertum !
La profesora Malindra levantó las manos y una burbuja dorada rodeó a las dos chicas. La melodía sobrenatural se interrumpió y la neblina que cubría mi mente comenzó a disiparse.
—¿Estás bien, pequeña?
Ryder apareció de repente a mi lado y apartó a Ash para sostenerme.
Me incorporé enseguida y crucé los brazos sobre el pecho.
—Sí, estoy bien. Debería haberlo visto venir.
—¿Has estado trabajando en tu bloqueo mental?
Como yo seguía sin despertar ningún poder de verdad, Ryder llevaba semanas haciéndome practicar cómo bloquear los poderes de los demás. Sonaba bien en teoría, pero los sobrenaturales eran demasiado fuertes.
—Lo intento —murmuré—, pero hasta los poderes de Cinder consiguen atravesarlo.
—Quizá tengamos que organizar algunas clases particulares.
Me lanzó una sonrisa pícara y se me hizo un nudo en el estómago.
Demonios, ¿por qué seguía teniendo ese efecto en mí?
Pensé que después de pasar un mes con el Ryder real, no con el Ryder del que me había enamorado en la serie de televisión, superaría esos sentimientos lujuriosos.
Pero no tuve tanta suerte. Cada vez que lo veía con la señorita «súcubo sexi» me daban ganas de vomitar.
Un destello de luz brillante me devolvió la atención al combate. Alcé la vista justo a tiempo para ver a Aeria salir despedida por los aires y estamparse contra la pared del fondo antes de caer al suelo. ¡Ay!
La burbuja dorada que rodeaba a Raine desapareció, y ella salió del círculo con una sonrisa triunfante.
—Bien hecho —dijo la profesora Malindra, dándole una palmada en el hombro.
—Esa chica es una fiera —susurró Ryder—. ¿Estabas mirando? ¿Has visto cómo ha roto la canción de Aeria?
Asentí rápidamente. No pensaba admitir que había estado demasiado ocupada mirándolo a él como para prestar atención. Aunque, siendo sincera, tampoco habría sabido repetir lo que Raine acababa de hacer.
Algunos miembros de Los Siete rodearon a Aeria y la ayudaron a levantarse. Raf le rodeó la cintura con el brazo y la condujo hasta una silla. Sus manos empezaron a brillar y aquella energía cálida y tranquilizadora se extendió por toda la sala.
—Me encantaría tener poderes curativos como los de los ángeles y los nefilines —murmuré sin pensar.
Ryder hizo una mueca.
—Sí, sí. Supongo que son habilidades bastante útiles si quieres gastar toda tu energía curando a los demás.
Después de haber probado yo misma la magia curativa de Raf, sentí una punzada de irritación.
—Claro. Mucho peor que ir por ahí absorbiendo almas humanas, supongo.
Un destello amarillo atravesó los ojos oscuros de Ryder y sus cejas se fruncieron al instante.
—Por favor, no te contengas, Luna. Dime lo que realmente sientes.
—Ryder, no es eso lo que quería decir...
Se dio la vuelta antes de que pudiera terminar la frase y cruzó la sala entre los estudiantes tan rápido que apenas fui capaz de seguirlo con la mirada.
Cuando conseguí enfocarlo de nuevo, ya estaba junto a Cillian, al otro lado del aula.
Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y los tatuajes negros que asomaban bajo la manga de su camiseta parecían todavía más oscuros de lo normal.
Uf, ¿por qué no pensé antes de hablar? ¿Y quién iba a imaginar que se tomaría tan a pecho todo eso de los demonios?
—Muy bien, los siguientes: Luna y Drake —anunció la profesora Malindra.
—¿Qué? —Miré de Ash a Drake y luego otra vez a Ash— Tiene que ser un error.
—Acercaos, por favor.