Capítulo 7 #2
—Soy nueva aquí y los dragones me dieron la bienvenida enseguida. Simplemente pasó. Hablo con otros estudiantes en clase y todo eso, pero… no sé. En Azar las cosas funcionan así.
Las ocho casas de Azar no eran solo divisiones políticas, también eran territorios.
Cada casa tenía su propia zona geográfica y, al parecer, no solían cruzarse para visitarse unas a otras.
Había oído que cientos de miles de humanos se habían trasladado a Celestia, el territorio de los ángeles, cuando nuestros mundos se unieron.
Me preguntaba si viajaban por otras provincias.
Sonó una campana que me sacó de mis cavilaciones.
—Se acabó la hora del desayuno —dijo Cinder, terminándose su batido—. ¿Estás lista para tu primera clase?
Uf.
—No, la verdad es que no.
—¿Me dejas ver tu horario otra vez?
Pensé en lo que había pasado hacía unas horas.
Cuando me desperté aquella mañana, había un portátil nuevo en mi escritorio junto a la tableta oficial de la escuela.
Y una tarjeta de crédito prepago. Casi me caigo de la silla.
También había una nota de Cillian diciendo que me darían los libros en cada clase y que le avisara si necesitaba algo más.
No tenía ni idea de cuánto dinero había en la tarjeta, pero pensaba ir con cuidado.
Mejor no volverme loca gastando desde el primer día.
Aunque… ¿hacía Amazon envíos hasta Azar?
Rebusqué en mi mochila, saqué la tableta y abrí mi horario de clases. Cinder, Maxi y Alissa se agolparon a mi alrededor para ver mejor.
Cinder hizo un pequeño puchero.
—Parece que solo estamos en dos clases juntas: Vuelo y Transformación 101 y Hechicería.
—Yo estoy en tu clase de Pociones y Venenos —dijo Alissa.
—Sí, yo también —Maxi esbozó una sonrisa.
Cinder se enderezó y agarró su bandeja.
—Eso significa que solo tienes Magia Defensiva y Combate tú sola. No está mal.
—Sí, supongo.
Lástima que Combate fuera la primera clase del día.
Agarré mi bandeja y seguí a las chicas para tirar las sobras a la basura.
A medida que nos acercábamos a Los Siete, más me concentraba en mi sándwich medio comido.
Sentí como si un millón de pequeños pinchazos me atravesaran la piel al pasar.
Sentía todas sus miradas clavadas en mí, con la misma intensidad que un día de verano abrasador. ¿Pero qué demonios les pasaba?
Aceleré el paso y casi me llevé por delante a Cinder intentando evitar mirar hacia su mesa. Ella levantó la vista por encima de mi hombro y sonrió con aire burlón.
—Drake parece especialmente interesado en ti.
—¿Qué?
—Drake Wintersbee, el príncipe feérico. Es el rubio de la mesa.
—¿Un príncipe? —susurré— Espera, creía que Elrian era el príncipe feérico…
Mis palabras se truncaron al recordar que su padre, el rey de la Corte de Invierno, había sido asesinado durante el rodaje de Hitched .
Eso convertía a Elrian en rey y a Drake en su hermano menor.
Debería haber reconocido aquellos ojos lila tan fríos desde el principio.
Eran réplicas exactas de los de su hermano, el que estaba totalmente enamorado de mi media hermana.
Caramba, ¿alguna vez podría escapar de los pretendientes de Kimmie-Jayne?
Parecía que los recuerdos de ellos acechaban en cada rincón de esta escuela.
—¿Entiendo que eras fan de Hitched ?
Los labios de Cinder esbozaron una sonrisa mientras me guiaba hacia la salida del salón de banquetes.
—¿Tú no lo eras?
—¡Por supuesto que sí! Mis hermanos gemelos participaban en el reality, así que lo viví muchísimo. Aunque aquí en Azar apenas se emitió.
—No me lo puedo creer. ¡En el mundo humano fue un fenómeno! Todo el mundo quiere saber cuándo se va a estrenar la próxima temporada.
—A la Asamblea le gusta controlar qué contenido humano llega a Azar.
Desde la unificación las cosas han mejorado un poco, pero todavía hay muchas restricciones —se detuvo frente a una puerta y entonces me di cuenta de que ya habíamos llegado al segundo piso—.
Mi clase es aquí. ¿Seguro que no quieres que te acompañe al gimnasio?
—No. Lo encontraré.
Saqué mi tableta y abrí el mapa de la escuela.
—Bien, entonces nos vemos esta tarde en clase.
Miré la hora en mi tableta y me encaminé hacia las escaleras.
Me quedaban quince minutos para que empezara la primera clase, aunque a saber cuánto tardaría en encontrar el gimnasio.
Me ajusté la mochila sobre los hombros y subí una planta.
Según Cinder, en la tercera planta había una pasarela que conectaba este edificio con el gimnasio sin tener que salir al exterior.
Solo de pensar en el frío de afuera me estremecí.
Mi uniforme oficial aún no había llegado.
Según la nota de Cillian, debería recibirlo esta tarde.
Así que, por ahora, tendría que sobrevivir con mi viejo abrigo cutre mientras intentaba no congelarme en aquel clima feérico infernal.
Algunos estudiantes todavía andaban por los pasillos, pero cuanto más me acercaba a la pasarela, más silencioso se volvía todo.
Sin voces ni ruido alrededor, el edificio daba muchísimo más miedo.
La madera oscura, las paredes de piedra y la luz temblorosa de las velas hacían que todo pareciera sacado de una película de suspense.
Y eso sin contar a los vampiros, hombres lobo y brujas. ¡Ay, qué miedo!
Sacudí la cabeza para ahuyentar esos pensamientos oscuros.
—Tú no eres de aquí.
Una voz ronca susurró desde las sombras.
Me di la vuelta y miré el pasillo vacío, estremecida.
—¿Qué? ¿Quién está ahí?
Di un paso adelante y me agarré al barandal de la pasarela.
—No deberías estar aquí. Sal de aquí mientras puedas.
La misma voz volvió a susurrar en medio del silencio absoluto. ¡ No, por favor !
Abrí la puerta de un tirón y corrí a toda velocidad. El sonido de mis Converse resonaba contra las paredes de piedra mientras atravesaba el pasillo. Al fondo había otra puerta que supuse que llevaba al gimnasio.
Entonces escuché pasos detrás de mí. Lentos. Tranquilos. Cada vez más cerca. No me atreví a mirar atrás. Llegué a la segunda puerta, agarré el pomo y la abrí de golpe. Y choqué directamente contra un torso firme como una roca.