ESCUCHA AL ZODIACO #3
Aileen comenzó a llorar.
—No lo sé.
—Apártate. Voy a entrar.
—¡NO!
Su grito resonó al otro lado.
Kemper miró al Observador.
—¿Qué le está haciendo?
—Todavía nada.
—¿Todavía?
—La habitación no mata a quien entra. Le muestra algo.
—¿Qué?
—Aquello que más teme encontrar.
Bundy se acercó a la puerta.
—Aileen, ¿qué estás viendo?
No hubo respuesta.
Bundy golpeó con los nudillos.
—¿Quién está delante de ti?
La respiración de Aileen se escuchaba al otro lado.
Rápida.
Descontrolada.
Finalmente respondió:
—Uno de nosotros.
Kemper miró a Bundy.
Después al Zodiaco.
—¿Quién?
—No puedo verle la cara.
El Zodiaco introdujo la llave en la cerradura.
No giró.
Lo intentó de nuevo.
Nada.
El Observador habló detrás de él.
—La llave no es suficiente.
El Zodiaco se volvió.
—Has dicho que abría esta puerta.
—La abre. Pero necesita saber quién la está utilizando.
Bundy frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
El Observador señaló un pequeño círculo situado sobre la cerradura.
Parecía un micrófono.
—Cuando recibiste la invitación, te pidieron que trajeras algo.
El Zodiaco permaneció en silencio.
Entonces recordó las palabras.
TRAE TU VERDADERO NOMbrE.
Kemper se acercó.
—¿Qué tienes que decir?
—Nada.
—Aileen está ahí dentro.
—Mi nombre no abrirá esta puerta.
—Pruébalo.
El Zodiaco negó con la cabeza.
—No.
Bundy sonrió.
—Toda tu vida has querido que el mundo supiera que existías. Enviaste cartas. Códigos. Amenazas. Y ahora que alguien te pide un nombre, tienes miedo de pronunciarlo.
El Zodiaco lo miró.
—No tengo miedo.
—Entonces dilo.
Desde el interior de la habitación llegó un golpe.
Después otro.
Aileen gritó.
—¡ED!
Kemper agarró al Zodiaco y lo empujó contra la puerta.
—Di tu nombre.
—Suéltame.
—¡DILO!
La luz roja situada sobre la puerta comenzó a parpadear.
Una cuenta atrás apareció en la pared.
00:01:00
00:00:59
00:00:58
Bundy miró el contador.
—Parece que no tenemos mucho tiempo.
Kemper soltó al Zodiaco.
—Elige. Tu secreto o su vida.
El Zodiaco observó el micrófono.
Después miró al Observador.
—Si digo mi nombre, ¿se abrirá?
—Sí.
—¿Y ellos lo escucharán?
—Todos los que están en el hotel lo escucharán.
La cuenta continuó.
00:00:42
Aileen volvió a gritar.
El Zodiaco se acercó al micrófono.
Permaneció unos segundos en silencio.
Después se inclinó.
Pronunció dos palabras.
Un nombre.
Pero en el mismo instante, un fuerte pitido recorrió el pasadizo.
Bundy y Kemper no consiguieron escucharlo.
El micrófono sí.
La luz cambió de rojo a verde.
La cerradura giró.
El Zodiaco retiró la llave.
Bundy lo observó.
—¿Qué nombre has dicho?
—El mío.
La puerta de la habitación 309 comenzó a abrirse.
Kemper entró primero.
—¡Aileen!
La habitación estaba casi a oscuras.
Aileen permanecía sentada junto a la cama.
Tenía las manos atadas.
Kemper corrió hacia ella y rompió las cuerdas.
—¿Estás bien?
Aileen no respondió.
Miraba hacia la puerta.
Hacia el Zodiaco.
Su rostro perdió el color.
—No…
Kemper la sujetó por los hombros.
—¿Qué ocurre?
Aileen levantó una mano temblorosa.
Señaló al hombre de la capucha.
—Era él.
Todos miraron al Zodiaco.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó Kemper.
—El hombre que me arrastró hasta aquí.
Aileen retrocedió hasta tocar la pared.
—Era el Zodiaco.
Bundy negó con la cabeza.
—Eso es imposible. Ha estado con nosotros.
—He visto el símbolo —insistió Aileen—. Llevaba la misma ropa. La misma capucha.
El Zodiaco entró en la habitación.
—No era yo.
Aileen comenzó a respirar más deprisa.
—También tenía tu voz.
Las luces se encendieron de golpe.
Sobre la cama había un cuerpo.
Nadie lo había visto al entrar.
Llevaba décadas muerto.
La piel se había secado sobre los huesos.
Vestía un traje negro.
En su muñeca aparecía una correa de cuero marcada con el número diez.
Y sobre su rostro descansaba una máscara blanca.
Kemper se giró hacia la puerta.
El Observador había desaparecido.
Bundy se acercó al cadáver.
—Si el décimo está aquí…
Miró hacia el pasadizo vacío.
—¿Quién demonios nos ha guiado hasta esta habitación?
La televisión situada frente a la cama se encendió.
Apareció el símbolo del Zodiaco.
El círculo.
La cruz.
Debajo comenzó a escribirse una frase:
EL PRIMERO HA REGRESADO.
El Zodiaco retrocedió.
La imagen cambió.
Mostró la biblioteca.
Ramirez y Dahmer seguían junto a la mesa.
Manson ya no estaba con ellos.
En su lugar había otro hombre.
Vestía completamente de negro.
Llevaba una capucha.
Y sobre el pecho tenía dibujado el símbolo del Zodiaco.
La figura levantó lentamente la cabeza.
Miró directamente hacia la cámara.
Después habló.
Su voz salió de la televisión y de todos los altavoces del hotel al mismo tiempo.
—Buenas noches.
El Zodiaco quedó completamente inmóvil.
La figura continuó:
—Creo que ya es hora de que conozcáis al verdadero anfitrión.
La pantalla quedó negra.
En la pared de la habitación 309 aparecieron cuatro palabras escritas con letras rojas:
TÚ NO FUISTE EL PRIMERO.