La Mesa de los Culpables BIBLIOTECA #3
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BIBLIOTECA #3

El libro rojo volvió a abrirse.

Las páginas comenzaron a llenarse de letras.

Esta vez mucho más deprisa.

"El tiempo ha terminado."

Todos miraron el cronómetro.

00:00:00

Las luces se apagaron.

La oscuridad fue absoluta.

Se escucharon respiraciones.

Pasos.

Un grito.

El sonido de una silla arrastrándose.

Y algo pesado cayendo al suelo.

Después...

un disparo.

¡BANG!

El eco recorrió la biblioteca.

Cinco segundos más tarde, las luces regresaron.

Los nueve ya no eran nueve.

Uno yacía inmóvil junto a la mesa.

Pero nadie había visto quién había disparado.

Nadie había visto un arma.

Solo había un detalle nuevo.

En la pared, escrita con letras rojas que parecían recién pintadas, aparecía una frase enorme:

"EL JUEGO HA EMPEZADO DE VERDAD."

Y debajo, con una caligrafía distinta, mucho más antigua:

"El anfitrión también puede morir."

Durante varios segundos...

nadie respiró.

El cuerpo seguía tendido en el suelo.

La sangre avanzaba lentamente entre las juntas de las viejas baldosas.

Pero había algo que no encajaba.

No había ningún arma.

Uno de los invitados comenzó a retroceder.

—No... no... esto no puede estar pasando...

Otro se arrodilló junto al cadáver.

Acercó dos dedos al cuello.

Esperó.

Su rostro perdió el color.

—Está muerto.

Un silencio pesado cayó sobre la biblioteca.

La voz del anfitrión no dijo nada.

Por primera vez desde que habían llegado al hotel...

había desaparecido.

Uno de ellos levantó la vista.

—¿Dónde está?

Nadie contestó.

Los altavoces permanecían mudos.

Entonces...

la pantalla cambió sola.

Las letras aparecieron lentamente.

CONEXIÓN PERDIDA

Debajo apareció otra frase.

LOCALIZANDO AL ANFITRIÓN...

Todos intercambiaron miradas.

—¿Qué significa eso?

La pantalla siguió escribiendo.

ERROR

ERROR

ERROR

Y finalmente...

EL ANFITRIÓN NO RESPONDE.

Uno de los hombres comenzó a reír.

Una risa nerviosa.

—¿Lo entendéis?

Los demás lo miraron.

—Ha perdido el control.

Otro negó con la cabeza.

—O alguien se lo ha quitado.

De repente...

todos los relojes de la biblioteca comenzaron a sonar al mismo tiempo.

¡Dong!

¡Dong!

¡Dong!

Doce campanadas.

Las estanterías volvieron a moverse.

Pero esta vez no giraban.

Se separaban.

Lentamente.

Como si escondieran algo.

Un largo pasillo apareció ante ellos.

Al fondo...

una puerta de cristal.

Encima podía leerse un cartel de latón.

ARCHIVO

El mismo nombre que habían visto al entrar en el hotel.

Solo que esta vez...

la puerta estaba abierta.

Una corriente de aire salió desde el interior.

Olía a papel viejo.

Y a humedad.

—¿Entramos?

Nadie respondió.

Fue entonces cuando escucharon unos pasos.

No delante.

Detrás.

Tac...

Tac...

Tac...

Todos giraron al mismo tiempo.

El cadáver...

ya no estaba.

Solo quedaba el charco de sangre.

Las marcas de arrastre desaparecían entre las sombras de una estantería.

—¡¿Quién lo ha movido?!

Nadie había visto a nadie.

Uno de ellos comenzó a temblar.

—Hace un segundo estaba aquí...

—¡Lo he visto!

—¡Yo también!

La respiración se aceleró.

Aquello era imposible.

Entonces...

una voz sonó detrás de ellos.

No por los altavoces.

No con eco.

Muy cerca.

—No miréis atrás.

Los nueve...

o mejor dicho, los ocho supervivientes...

se quedaron completamente inmóviles.

La voz continuó.

—Si alguno de vosotros se gira...

...será el siguiente.

Nadie se atrevía a moverse.

Solo podían escuchar una respiración lenta detrás de ellos.

Como si alguien estuviera de pie...

a menos de un metro.

Un hombre cerró los ojos.

El sudor le caía por la frente.

—¿Quién eres? —susurró.

La respuesta llegó pegada a su oído.

—Llevo treinta años esperando que alguien abriera la puerta número diez.

El hombre dio un grito.

Se giró por instinto.

No había nadie.

Pero, en el mismo instante, algo cayó al suelo.

Era una máscara blanca.

Vieja.

Agrietada.

En su interior había una nota doblada.

Uno de los invitados la recogió con manos temblorosas.

La abrió.

Solo contenía una frase.

"El verdadero anfitrión nunca habló por los altavoces."

Antes de que nadie pudiera reaccionar...

todos los altavoces del hotel se encendieron a la vez.

Una voz desconocida, mucho más grave que la anterior, llenó cada rincón del edificio.

—Buenas noches.

La voz hizo una breve pausa.

—Acabáis de descubrir la primera mentira.

Otra pausa.

—El hombre al que habéis estado obedeciendo...

...nunca fue el dueño del Hotel Blackwood.

La voz desapareció.

Los ocho permanecieron inmóviles.

Nadie hablaba.

Nadie respiraba con normalidad.

La frase seguía resonando en sus cabezas.

"El hombre al que habéis estado obedeciendo... nunca fue el dueño del Hotel Blackwood."

Entonces...

los altavoces volvieron a encenderse.

Pero esta vez había dos voces.

La primera, la que los había guiado desde el principio.

La segunda, la nueva.

—No le escuchéis —dijo la primera.

—Ha llegado el momento de que sepan la verdad —respondió la segunda.

—¡Cállate!

—Treinta años de mentiras ya son suficientes.

Un fuerte pitido llenó toda la biblioteca.

Las dos voces parecían luchar por el control de los altavoces.

Una se cortaba.

La otra volvía.

—¡Ellos no están preparados!

—Nunca lo estarán.

—¡No entiendes lo que hay detrás de la puerta!

—Lo entiendo mejor que tú.

De repente...

silencio.

Las luces se apagaron.

Cuando volvieron...

la pantalla mostraba una sola palabra.