La mentira que cambió mi vida Capítulo 31
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Capítulo 31

—¿Quién será a estas horas? —preguntó Helen.

—Seguro que es alguno de los chicos que han visto mi camioneta y quieren decirme algo.

—O Liam —añadió Helen.

Wyatt y yo cruzamos una mirada con la que nos entendimos.

Los dos no pensábamos que ni era Liam ni ninguno de los chicos sino la arpía de Savannah que o había visto la camioneta de Travis o algún trabajador le había dicho si le habían visto llegar que ya estaba en casa.

Cerré los ojos y me separé de la puerta de la despensa.

Si era esa mujer, no era momento de sacar ningún dulce porque en cuanto Travis la viera estaba segura de que se le quitarían las ganas de comerlos o si se los comía lleno de rabia se le podían indigestar.

—Yo abro —dijo Wyatt sin dar opción a nadie a salir de la cocina antes.

A Travis le sonó un mensaje en el móvil y se sentó en uno de los taburetes y se centró en el teléfono con la vista fija en él.

Pero Helen, que al parecer había visto la mirada entre su hijo mayor y yo y que en esos momentos también debía de ver la preocupación mis ojos, se acercó a mí despacio y acercó su cara a la mía.

—¿Qué está pasando, cielo?

Se iba a enterar igual así que buena gana de demorarlo más. De la misma manera que ella había hecho susurrándome la pregunta le contesté con la verdad.

—Savannah está en el racho, ayer tuvimos un encontronazo con ella y prometió volver hoy, así que seguramente sea ella la que ha llamado.

Helen se retiró hacía atrás y cuando vi su cara se me retorció el estómago.

Se había quedado hasta pálida y sus ojos transmitían muchas emociones. Ira, eso era porque esa mujer tuviera el descaro de venir a su casa. Preocupación, eso era lo que más primaba, seguramente porque en cuanto se enterara Travis lo iba a pasar mal, pero también miedo.

—Tranquila —le pedí.

Me agarró la mano y yo se la apreté ofreciéndole mi apoyo.

Iba a decirme algo, pero las voces que llegaron desde el hall la impidieron hacerlo.

Las dos nos tensamos a la vez y cruzamos una mirado que venía diciendo, esto es imparable.

La voz alta de Wyatt se pudo distinguir perfectamente y también una más baja que era de mujer, así que, sí, era Savannah la que había venido a buscar problemas, a traerlos, a perturbar la paz o a las tres cosas a la vez.

Las dos miramos rápidamente a Travis que había levantado la vista del golpe del teléfono y miraba confuso hacía la puerta de la cocina.

—¿Qué coño está pasando? ¿Qué son esas voces?

Las dos dimos con rapidez los tres pasos que nos separaban de él y nos pusimos a su lado.

—Travis…

Giró la cara y me miró a los ojos.

—Dime qué pasa, macaron. ¿Con quién riñe mi hermano?

Mientras me decía eso se había levantado del taburete para ir a la puerta, pero su madre le paró tirándole de la manga de la camiseta.

—Travis, no…

Al ver la expresión de su madre y la preocupación en sus ojos su gesto se puso más serio de lo que yo le había visto nunca.

—Mamá, déjame. Necesito saber con quién discute Wyatt.

—Es con…

No me dio tiempo a decírselo porque ella misma lo hizo a gritos.

—¡Travis Hunter, sal aquí ahora mismo!

Las dos nos tensamos tanto que nuestros cuerpos se quedaron tiesos como dos palos. Y el de Travis no se quedó atrás porque hizo lo mismo.

Giró la cabeza y nos miró.

—¿Savannah? ¿Es Savannah?

Helen y yo solo pudimos asentir.

—¿Qué cojones hace aquí? Para firmar los papeles no hacía falta que viniera.

Estaba enfadadísimo al saber que su todavía mujer estaba en su casa. Algo totalmente entendible.

Cogí una bocanada de aire y me armé de valor para decirle algo que estaba segura de que no le iba a gustar.

—Vino ayer y nos dijo que no iba a firmar.

—¿Eso dijo? —me preguntó apretando los puños.

—Sí, y que quería hablar contigo. Supongo que por eso ha vuelto hoy.

Soltó una risa amarga.

—¿Hablar? ¿Quiere hablar? Bien, pues hablar no sé si la dejaré hacerlo, ahora que me va a escuchar, eso sí que va a pasar.

—Travis…—le rogó su madre.

—Tranquila mamá, no puede hacerme daño, ya no.

Sus palabras sonaron tan sinceras y certeras que no solo su madre respiró con tranquilidad, sino que yo también lo hice. Las dos teníamos miedo de que esa mujer volviera a entrar en la vida de Travis y volviera a hacerle daño de una manera u otra.

Abrió la puerta de la cocina que Wyatt se había encargado de cerrar cuando salió y la cruzó con pasos firmes y seguros.

Helen y yo le seguimos. Unos segundos después cuando llegamos al hall la escena que se abrió ante nuestros ojos era cuanto menos surrealista.

Wyatt estaba de espaldas a nosotros bloqueando la puerta y Savannah alzando la voz como una desquiciada le exigía que la dejara entrar en la casa de su marido.

Increíble pero cierto. Travis llegó en dos zancadas donde estaba Wyatt y le puso la mano en el hombro.

—Wyatt.

Giró la cabeza por encima del hombro y nos miró a los tres. Su mirada estaba totalmente llena de rabia y enfado, y al ver a Travis y a su madre también se llenó de preocupación.

—Déjame esto a mí.

—Ya era hora de que aparecieras, dile a tu hermano que se meta en sus asuntos —dijo Savannah mirando a Travis.

—Te he dicho ya varias veces que las cosas de mi hermano también son asunto mío —ladró Wyatt.

Travis me miró y sin decirme nada nos entendimos. Supe lo que me estaba pidiendo y me di prisa en hacerlo. Solté la mano de Helen que aún estaba unida a la mía y me acerqué hasta Wyatt. Lo agarré del brazo y tiré de él un poco hacía atrás.

Supo que era yo en cuanto la piel de mi mano tocó la de su brazo. Y no solo él reaccionó, sino que también su cuerpo lo hizo destensándose un poco.

—Ven —le pedí.

—Pero…

—Ven, por favor.

Sin girarse para seguir mirando a Savannah dio tres pasos atrás a la vez a que lo hacía yo separándose de la puerta.

—Déjale, quiere encargarse él solo de esto —le rogué susurrando.

Me agarró de la cintura mientras asentía y los dos con Helen a nuestro lado fijamos la mirada en la pareja que no se estaban diciendo nada, solo se median con la mirada.

Unos segundos después fue Travis el que rompió el silencio.

—¿Has traído los papeles firmados?

—No, necesito hablar contigo, a solas, por favor.

Casi se me desencaja la mandíbula al oír el cambio en el tono de voz de Savannah.

Era totalmente meloso, suave y coqueto. Y sin con eso no fuera bastante el cambio en su expresión ya era para desmayarse.

Estaba mirando a Travis batiendo las pestañas y sonriéndole como si él fuera la séptima maravilla del mundo.

—No quiero saber nada de lo que me tengas que decir. Solo me interesa que me des los putos papeles firmados.

—Travis… por favor yo… —dijo rogándole y mientras parecía que sus ojos se llenaban de lágrimas.

La cortó radical.

—¿Has estudiado interpretación mientras enseñabas todas tus vergüenzas en Las Vegas y te tirabas a cuanto cliente estaba dispuesto a pagar tu precio?

—Dios mío… —susurró Helen a mi lado antes de llevarse una mano al pecho.

—¿Eso también lo sabías? ¿Es cierto? —le susurré a Wyatt.

—No, no tenía ni idea, pero Travis parece muy seguro al decirlo, así que tiene que ser verdad —me contestó sin dejar de mirarlos.

—¿Qué dices? ¿Quién te ha contado esas mentiras sobre mí? —dijo Savannah muy indignada.

—No me lo ha contado nadie. Lo vi yo con mis propios ojos. Fue vergonzoso y totalmente asqueroso ver a la mujer de la que una vez estuviste enamorado, ofrecerse a los hombres sin importarle ni siquiera su edad como una auténtica zorra profesional. Solo te importaba quién era el que más pagaba.

Savannah soltó un jadeo. Helen cerró los ojos y negó. Y Wyatt y yo nos miramos alucinados al ver como Travis le había dicho todo eso sin inmutarse siquiera.

Ya no había dolor en sus ojos al mirarla, solo había la más pura indiferencia y eso era un claro síntoma de que hacía tiempo que la había superado.

—¿Fuiste a buscarme?

—Sí, quería que me firmaras los putos papeles, pero cuando te vi preferí no acercarme a ti. Por eso te los hice llegar por correo.

—Travis… yo he tenido que hacer eso por necesidad —dijo llorando—. Me equivoqué, yo siempre te he querido.

La carcajada de Travis nos dejó a todos clavados en el sitio.

—Mira Savannah, si tu plan al venir aquí ha sido para liarme y que volvamos a estar juntos, desde ya te digo que dejes de perder el tiempo y de hacer el ridículo.

—Yo no…

—Contraté un detective para que te investigara y estar preparado para todo. Sé que tienes problemas de dinero, sé que debes pasta, sé que esa pasta la pediste para llevar el ritmo alto de vida que te gusta y para pagarte cierto vicio que se mete por la nariz que es muy caro de mantener.

Travis hizo una pausa para coger aire y también se cruzó de brazos.

—También sé que tienes la mano muy larga y después de follarte a tus clientes les desplumas. Así que te voy a dar un consejo.

—Cuál… —susurró con miedo.

—¡Firma los putos papeles de una jodida vez y desaparece de mi vida para siempre!

—¿Y si no?

—Si no lo haces solo tengo que hacer una llamada y todas las pruebas que el investigador tiene en su poder estarán esta misma noche en la comisaría más cercana y tú mañana dormirás en un calabozo.

—No serás capaz —le dijo amenazante.

—Ponme a prueba. Ve a por los papeles ahora mismo. Si en diez minutos no los tengo firmados en mi mano, haré esa llamada.

No la dejó ni contestar, agarró la puerta y se la cerró de un portazo en las narices.

—Joder… —dije.

—La hostia —dijo Wyatt

—Madre del amor hermoso —añadió Helen.

Travis se dio la vuelta y nos miró uno por uno. Todos estábamos preocupados y alucinados al mismo nivel.

—¿Hijo, estás bien?

—Estoy bien, mamá.

—¿Cómo no me dijiste nada? —le dijo Wyatt.

Se encogió de hombros. Todos nos dimos cuenta de que no quería seguir hablando del tema. Que estaba bien o eso aparentaba era verdad pero que lo tenía que haber pasado muy mal cuando se enteró de la vida que llevaba Savannah en las Vegas pues también.

— Macaron , ¿un dulce?

—Hoy hasta voy a levantar la mano y te voy a dejar comer los que quieras antes de la cena —Todos, incluido él mismo, se echaron a reír al oírme y a la vez retomamos el camino a la cocina.