La mentira que cambió mi vida Capítulo 30
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Capítulo 30

Daba igual que solo hubiera dormido un par de horas.

El reloj que tenía dentro de mi cuerpo funcionó como siempre y antes justo del amanecer ya estaba con los ojos abiertos como platos.

Giré la cabeza un poco a mi derecha y la sonrisa me salió sola cuando vi a Wyatt a mi lado dormido.

Su respiración era tranquila. Totalmente rítmica y constante.

Tenía el pelo alborotado y en su cara, aunque ya iban desapareciendo los rastros demacrados que tenía cuando llegó herido aun había restos de algunos de ellos.

Seguía teniendo ojeras. No eran profundas, pero sí seguían marcadas.

Le repasé el resto del rostro y vi que, sí que debía haber cogido algo de peso, porque sus pómulos ya no estaban tan hundidos.

Subí la vista y miré la cicatriz que se le había quedado encima de la ceja. Hacía ya días que el médico le había quitado los puntos. Se le quedaría marcada de esos estaba segura. Pero le quedaba hasta bien. Le daba un aspecto más de tío duro.

Suspiré. Todavía no me podía creer a lo que habíamos llegado con lo mal que empezamos.

Pero ahí estábamos. Juntos. Solo esperaba que durara y que, en algún momento, aunque tardara, Wyatt llegara a sentir algo por mí, como yo lo hacía por él.

Porque sí, ya no podía negarlo. Me había enamorado de él.

No estaba segura de cómo había pasado, pero echando la vista atrás creo que fue en el mismo momento en el que le vi en aquella foto que estaba en el pasillo.

Ahí nada más ver sus ojos ya sentí algo raro dentro de mí, como si esos ojos me dijeran que iba a caer rendida a sus pies. Pues esa sensación se hizo real porque así era como me tenía.

Total, y absolutamente perdida por él.

Me moví un poco para salir de la cama sin hacer ruido, pero hasta en sueños debió de notar mi movimiento porque la mano que tenía en mi cintura la apretó más para pegarme a él.

—¿Dónde vas? Es muy pronto.

Apenas se le entendía por la voz ronca y tomada que tenía por el sueño.

—Voy a preparar el desayuno, tú duerme un poco más, seguro que estás cansado.

Y es que en verdad tenía que estarlo. Porque después de todo el ejercicio que había hecho la tarde anterior y el resto de la noche y según tenía el cuerpo, tenía que estar agotado.

Y eso que le pregunté varías veces que si estaba bien, porque no creía yo que tanto esfuerzo fuera bueno para su pierna. Pero todas las veces me contestó que sí, que hacer el amor era la mejor manera de ejercitar su cuerpo y que era buenísimo para su recuperación.

—No estoy cansado.

Eso decía él, pero su voz no decía lo mismo.

—Wyatt… quédate. Voy a preparar el desayuno y te subo algo. ¿Vale?

Esperé su respuesta, pero esta no llegó. Se había vuelto a quedar dormido. El que no estaba cansado, anda que ya le valía. Me contuve una risita y con mucho cuidado salí de la cama.

Salí con el mismo cuidado de la habitación y me fui a la mía a darme una ducha y a ponerme ropa limpia.

Estábamos sentados comiendo y compartiendo una charla bastante amena cuando la puerta de la calle se abrió. Nos miramos y sonreímos a la vez. Travis y su madre ya estaban de vuelta.

Había una cosa que llevaba rondándome la cabeza desde el día anterior y que me tenía bastante nerviosa.

Y es que no sabía si Wyatt quería que su madre y su hermano supieran que había pasado algo entre nosotros.

Respiré profundo y antes de que los dos entraran en la cocina se lo pregunté, mejor saberlo para saber cómo actuar que hacer algo y meter la pata.

—¿Wyatt?

—Dime.

—Esto… —dije señalándole primero a él y luego a mí—. Que si quieres que quede entre nosotros o…

Me vio tan nerviosa, que se le escapó una pequeña risita.

—¿En serio crees que quiero esconder lo que tenemos?

Me encogí de hombros. Porque no sabía ni eso ni nada.

—No lo sé. No sé qué es esto, no sé lo que tú quieres, no sé hasta cuando lo quieres, no sé nada esa es la verdad.

La puerta de la cocina se abrió, pero no me dio tiempo ni siquiera a mirar a Helen y a Travis. Wyatt me agarró con una mano de la cintura, me pegó a él y me dio tal beso que hasta el aire me faltaba cuando se separó de mi boca.

—¿Te ha quedado claro? Porque creo que a ellos sí —dijo señalando con la cabeza a su madre y a su hermano que estaban a mi espalda.

Dudé si girarme o no. Porque no sabía cómo se podían tomar Helen y Travis lo que acababa de pasar, tenía miedo, sí, eso era lo que tenía.

Cogí aire y me dije “venga valiente, date la vuelta".

Me giré lentamente y me quedé con la boca abierta cuando los vi a los dos mirarnos muy sonrientes, luego se miraron entre ellos y por último se chocaron los cinco.

A qué venía eso, me pregunté.

—¿Qué hacéis?

—Celebrando que nuestro plan salió perfecto —contestó Travis.

Miré a Wyatt que negaba con la cabeza.

—¿Wyatt, tú sabes de qué hablan?

—Me lo estoy imaginado.

Helen y Travis se acercaron hasta nosotros y ella me dio un abrazo a mí mientras Travis palmeaba a su hermano la espalda.

—Me alegro mucho de que estéis juntos hija, no sabes cuánto —me susurró Helen al oído.

—Gra… Gracias —le contesté un poco avergonzada.

Cuando se separó de mí fue Travis el que se acercó y me envolvió entre sus brazos y me beso en la cabeza.

Los abrazos de Wyatt eran para mí impresionantes, pero los de Travis no se quedaban atrás, eran, en una palabra, necesarios.

—Al final te saliste con la tuya ¿eh?

Le miré sin comprender alzando una ceja.

—Le endulzaste la vida —me aclaró.

Los dos nos miramos y nos echamos a reír.

—De momento le he endulzado el estómago y un poco el carácter, lo otro solo el tiempo lo dirá.

Wyatt nos miró confuso.

—¿De qué habláis?

Travis se me adelantó y contestó a su pregunta.

—De cumplir una promesa.

—¿Qué promesa?

—Una que le hice a mi padre.

—¿Y qué promesa es esa?

Fui a contestarle, pero no sabría decir porque, pero algo se me vino a la cabeza. Algo que se había quedado en el aire y que no se explicó porque Helen y Travis se habían acercado a darnos la enhorabuena por estar juntos.

Algo que no pensaba dejar pasar.

—Luego te lo cuento, antes quiero saber otra cosa.

—¿El qué? —me preguntó Wyatt.

Me giré separé dos pasos atrás soltando a Travis que todavía me tenía sujeta por los hombros y le miré directamente a los ojos.

Esos que sabía que, aunque él no me dijera la verdad o me dijera una a medias, ellos sí lo harían.

—¿Qué has querido decir con eso de que el plan ha salido perfecto?

Wyatt se rio bajito. Helen carraspeó. Y Travis se sonrojó.

Se sonrojo, señores, mala señal… Porque eso quería decir que ya había tramado una de las suyas. Ahora solo me quedaba saber qué era y si lo que fuera me iba a hacer enfadar.

Porque no había que ser muy lista para saber que yo estaba implicada en ese plan o era parte de él.

Su mirada bajó y se quedó fija en el suelo. Mal asunto.

Si hacía eso era porque lo que fuera que hubiera hecho sabía que me iba a cabrear.

—Travis, ¿qué has hecho?

—Eh…

—Habla —exigí mientras me cruzaba de brazos.

Wyatt soltó una risa bajita. Giré la cabeza hacía él con rapidez.

—Sí te ríes es que lo sabes.

—No porque me lo hayan dicho, pero la actitud de mi hermano al entrar me lo ha dicho todo. Y tengo que añadir que estoy muy agradecido por su ayuda.

Me estaba empezando a cabrear, pero bien, porque al parecer allí era la única tonta que no se estaba enterando de nada.

Helen debió de notar mi estado. Notó cómo me estaba alterando más y más a cada segundo que pasaba.

—Nos fuimos para dejaros solos.

La miré con los ojos abiertos como platos. ¿Qué narices acababa de decir?

Pues que al parecer se habían marchado de la casa los dos para que Wyatt y yo nos quedáramos solos. Vamos que me habían tendido una encerrona. Porque estando solos sabían que tarde o temprano tendría que dejar de esquivar a Wyatt y hablar con él.

—¡¿Qué?!

—Que nos fuimos…

Travis iba a repetir las mismas palabras que había dicho su madre, pero le conté con un movimiento enérgico de mano.

—Eso ya lo ha dicho tu madre. Quiero que me expliques por qué y cuándo se te ha ocurrido el plan.

El porqué más o menos lo tenía claro. Lo otro pues también me lo podía imaginar, pero quería oírselo decir.

—Joder, macaron … es que mi hermano cada día estaba peor porque no le dejabas hablarte y tú…

—¿Yo qué?

—Tú estabas deseando hacerlo, aunque te lo negaras hasta a ti misma.

—¿Así que ideaste un plan?

—Uno muy bueno, por cierto —dijo Wyatt sonriendo.

—Gracias hermano. Necesitabais ese tiempo a solas y un empujoncito.

—No gracias a ti.

—Callaros los dos. Travis céntrate y cuéntamelo todo.

Miró a su madre de reojo y esta, sonriendo, asintió, así que cogió aire y me soltó todo de carrerilla.

Días antes y al ver que no daba mi brazo a torcer y que su hermano estaba cada minuto más desesperado al ver cómo le rehuía, se le ocurrió la genial idea de dejarnos a solas.

Arriesgándose a que pasaran dos cosas o que su hermano y yo acabáramos como habíamos acabado o que pasara todo lo contrario y hubiéramos acabado por sacarnos los ojos uno al otro.

Por suerte había pasado lo primero. Cosa que dijo que él tenía muy claro que iba a pasar y Helen le dio la razón porque ella no es que tuviera la esperanza de que así fuera, sino que lo sabía por cómo nos mirábamos su hijo y yo desde el primer día.

Así con esa idea o plan como él lo había llamado, habían arreglado todo para marcharse tres días fuera del rancho para quedarnos solos.

—¿Entonces no has estado trabajando?

Se echó a reír y negó con la cabeza.

—No, macaron , mi madre y yo hemos estado en Dillon en un hotel y en la playa disfrutando de tres días de vacaciones.

¿Sería posible? Negué con la cabeza sonriendo.

—Eres un liante y el rey de los planes descabellados.

Wyatt se echó a reír y Helen se unió a sus risas.

—Sí, pero la suerte siempre está de mi parte, porque salen bien —dijo todo orgulloso.

—No sé si comerte a besos o darte una patada en el culo por ser un metiche.

—Venga, ni una cosa ni la otra, me das un dulce de esos que seguro que me has preparado y estamos en paz.

La carcajada de Wyatt rebotó en toda la cocina.

—Tienes un morro que te lo pisas.

—Puede, pero, ¿a que me quieres igual?

—Qué remedio me queda a estas alturas, ya no te puedo descambiar.

—¿Entonces me das un dulce? —dijo poniendo ojos de cachorrito.

Wyatt se acercó a mí y me agarró por la cintura. Acercó su boca a mi oído para hablarme bajito y que solo yo le oyera.

—Cariño, dale un dulce. Se lo ha ganado. No se lo diremos mucho para que no se lo crea y se suba más, pero gracias a él estamos juntos.

Asentí sonriendo y él me dejó un suave beso en los labios antes de soltarme.

—Te lo voy a dar, pero ni un plan más —dije advirtiéndole con el dedo.

Travis se puso a aplaudir y jalear mientras los demás nos reíamos a carcajadas. Me acerqué a la despensa donde tenía guardado todo lo que había preparado, pero no llegué ni a abrir la puerta, el sonido del timbre me lo impidió, dejándome clavada en el sitio, porque supe sin verla quién era.