La mentira que cambió mi vida Capítulo 21
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Capítulo 21

Cerré los ojos y volví a apoyar la cabeza en el tronco del árbol más grande de todo el rancho.

Ese árbol había sido mi lugar de silencio en solitario desde que llegué y en esos momentos lo necesitaba más que nunca. Aunque no estaba sola del todo.

Corso y Castan al verme salir corriendo de la casa, por instinto supuse, corrieron a mi lado.

Era como si supieran que necesitaba protección, como si quisieran estar ahí para mí.

Los dos estaban tumbados en el suelo a mi lado con sus cabezas cada uno en una pierna con los ojos cerrados disfrutando de mis caricias cuando un ruido de pasos acercándose me hicieron abrir los ojos. Travis.

Al verle pensé otra vez en lo que había pasado unos minutos antes.

El matrimonio. Wyatt. La mentira. Las miradas entre todos, que hicieron más daños que muchas de las palabras que se dijeron en la habitación del mayor de los Hunter.

Centré mi mirada en Travis viéndole como se acercaba a mí con pasos cautelosos, con miedo en su mirada, pero sobre todo con arrepentimiento en sus ojos.

En los minutos que llevaba allí sentada ya me había dado cuenta de que todo lo que había hecho había sido por ayudarme y no por hacerme daño o porque se le hubiera ido la cabeza teniendo una idea tan descabellada.

Me enfadé, sí. Quise odiarle por haberme metido en ese lío, también. ¿Puede hacerlo? Rotundamente no.

Porque conocía lo noble que era, porque sabía lo mucho que me quería, porque conocía demasiado bien el gran corazón que tenía. Porque sabía que jamás me habría hecho daño a propósito.

Cuando se sentó a mi lado y nuestras miradas se encontraron, pude ver que estaba roto por dentro.

— Macaron …lo siento.

Mi garganta ardió. Seguía enfadada, un poco, pero sobre todo confusa, necesitaba una explicación. Una sincera que saliera de sus labios.

—¿Cómo has podido hacerme esto?

Travis agachó la cabeza y se pasó una mano por la nuca.

—Fue la única forma rápida que encontré para traerte conmigo. Estabas tan rota… tan perdida, que cada vez que hablábamos yo también me rompía un poco más al escucharte.

Hizo una pausa antes de seguir.

—Sí hubiera elegido las otras opciones, habríamos tardado meses en conseguir el permiso. Y mi madre y yo sabíamos que no podías seguir allí más tiempo sola.

Se me encogió el corazón al verle tan afectado, no por lo que había hecho, de eso estaba segura de que si diera marcha atrás lo volvería a hacer sin dudar con tal de ayudarme.

No, estaba afectado porque sabía que esa situación me había hecho daño, o más bien más que la situación, la mentira.

—Pero podrías haberme dicho la verdad.

—Lo sé. Como también sé que si hubieras sabido que era Wyatt y no yo con el que te casabas no hubieras firmado.

Negué con una sonrisa, pequeña, pero sonrisa. Porque me conocía casi mejor que yo misma, y tenía toda la razón, ni loca hubiera firmado.

—¿Y qué tenías pensado? ¿No decírmelo nunca?

Negó con rapidez.

—No. Mi madre y yo acordamos decírtelo cuando estuvieras mejor. Es más, antes de irnos ya teníamos decidido que lo haríamos a nuestra vuelta.

Pues él borde de tu hermano se os ha adelantado haciendo que todo saltara por los aires, quise decirle, pero me callé.

—Pues habéis llegado tarde.

Una sonrisa amarga cruzó sus labios.

—Sí, Wyatt ha decidido dejarse herir para volver a casa, y jodernos los planes.

Sabía que estaba bromeando para aligerar el ambiente. Aun así, resoplé antes de volver a acariciar el lomo de Corso.

El viento movía la hierba alta alrededor de nosotros y por primera vez desde que había llegado tuve miedo.

Miedo a tener que irme, miedo a perder mi lugar, porque el rancho ya lo era, y miedo a perderlos a ellos, a mi familia.

—Tu hermano me odia.

—Wyatt odia a todo el mundo desde hace años.

—Eso no es excusa para hablarme como lo ha hecho.

—No, no lo es.

Entrecerró los ojos.

—Hablaré con él, y le explicaré todo.

—No creo que eso sirva de mucho, ya le has oído.

—Pensé que tendría tiempo para arreglarlo antes de que él regresara. Dijo que la misión iba para largo, que sería de muchos meses, pero con lo que le ha pasado todo se ha ido a la mierda.

Y tanto que se había ido a la mierda, y más que se iba a ir, porque no le veía yo a Wyatt, muy abierto a querer escuchar a su hermano y entender por qué había hecho lo que había hecho.

Resopló antes de quedarse unos segundos pensando como si estuviera buscando en su memoria un recuerdo importante.

—Tengo la esperanza que el Wyatt de verdad vuelva, ese que siempre estaba dispuesto a ayudar a quien fuera, ese que sonreía todo el tiempo y no ladraba.

Mucho estaba pidiendo. Se le notaba el dolor en su voz al decir eso, como echaba de menos a su hermano, como le quería eso lo había visto en la habitación pese a la pelea que habíamos tenido.

Sí, había visto en todo momento lo preocupado que estaba al verlo herido.

—¿Os ha contado que le ha pasado?

—No, ha dicho que ya tendremos tiempo, lo que sí que le ha dicho a mi madre es que no va a volver.

Eso me alegró mucho, por Travis, por Helen y por él mismo. Porque sí sería un capullo, por cómo me había tratado, pero no le deseaba ningún mal y si se quedaba en el rancho, allí estaría seguro, al menos más que en combate, porque nadie estamos libre de que nos pase algo en cualquier momento.

—Wyatt es un capullo arrogante.

Travis se echó a reír.

—Lo sé, es eso y muchas más cosas.

—Ha dicho cosas horribles.

—Lo sé.

—Y parecía decirlas de verdad.

—Eso no lo creo, como lleva haciendo años es la rabia y la amargura que tiene dentro las que hablan por él.

Travis suspiró antes de seguir.

—Lleva muchos años viviendo entre guerra, disparos y muerte. Por eso creo que ya no sabe hablar como una persona normal.

Tragué saliva.

—No quiero ser un problema para él, ha dicho que tiene planes.

—No eres un problema.

—Sí lo soy.

Travis me miró muy serio.

—No vuelvas a decir eso, macaron .

La firmeza en su voz me hizo encoger un poco. Aunque antes de hablar volvió a suavizar el gesto.

—Escúchame bien, Alma. Tú eres familia para nosotros. Mi madre te adora y yo… yo no pienso perder a mi mejor amiga por culpa de este desastre.

Noté cómo los ojos empezaban a escocerme otra vez porque las lágrimas querían hacer otra vez acto de presencia. No pude aguantarlo más y me lancé a sus brazos.

Poque joder lo había hecho mal, sí. Pero lo había hecho a la desesperada por ayudarme, porque me quería.

—Perdóname macaron … solo quería salvarte —dijo con la voz rota.

Escondí la cara en su cuello.

—Lo sé, cuñado.

Me retiró un poco hacía atrás y se echó a reír entre lágrimas al oírme llamarle así.

—Me gusta ese título, quién sabe, lo mismo mi hermano se da cuenta que eres la mujer de su vida.

Lo miré con horror y al ver mi cara soltó una carcajada que se oyó en todos los campos.

—Es un borde insufrible pero no puedes negar que es guapo.

Joder eso no lo podía negar ni yo ni nadie, porque no solo era guapo, era guapísimo, un bombón de hombre vaya.

Me ruboricé un poco al pensar en ello. Travis al verme levantó una ceja.

—Vaya…

—No digas ni una palabra —dije amenazándole con el dedo.

—Te gusta, el capullo te gusta —dijo afirmando.

—Travis…

—Vale, ya me calló.

Pero conociéndole sabía que no lo iba a dejar pasar.

Se levantó del suelo y me dio la mano para ayudarme a hacerlo a mí. Ya estaba empezando a meterse el sol y era hora de ir a preparar la cena. Empezamos a caminar hacía la casa con los perros a nuestro lado y nosotros agarrados del brazo.

—Alma.

—Dime.

Vi esa sonrisa pilla que no solía augurar nada bueno. Y sabía de sobra que los cinco minutos que llevábamos en silencio mientras andábamos habían sido una tortura para él. Y que tenía que decir algo sino reventaría.

—A vuestro primer hijo podéis llamarlo azúcar. Dijiste que endulzarías su vida, pues qué mejor manera de luego celebrarlo.

Negué con la cabeza y me contuve para no darle una patada en el culo.

—No vas a dejarlo estar ¿no?

—Noooo.

—Idiota —dije fingiendo enfado.

—Pues este idiota, va a hacer todo lo posible porque acabéis juntos.

—¿Pero tú estás loco o qué te pasa? Qué parte de tu hermano me odia es la que no has entendido.

—No te odia, macaron , solo finge hacerlo porque se ha llevado el susto de su vida al verse casado.

Los dos nos miramos y nos echamos a reír.

—Le ha faltado poco para cagarse encima o para desmayarse, seguro que en ninguna de sus misiones ha estado más acojonado.

Negué con la cabeza sonriendo, porque era verdad que Wyatt se había enfadado mucho pero también al descubrir la verdad había estado a punto hasta de vomitar.

—Alma… Wyatt está enfadado y sus ojos echaban chispas, pero debajo de esas chispas también había algo debajo que he visto muchas veces en sus ojos, al menos cuando éramos más jóvenes.

Le miré confundida.

—¿El qué?

—Deseo.

Un jadeó se me escapó de la boca sin querer. ¿Qué mierda estaba diciendo? ¿Cómo me iba a desear a mi ese hombre? Eso era totalmente imposible.

—¿Has bebido?

Travis soltó otra carcajada bien alta.

—No he bebido y ya verás cómo el tiempo me da la razón y lo comprobarás por ti misma.

Hizo una pausa y me miró con media sonrisa.

—Mi hermano será un borde, y puede que su alma esté un poco perdida, pero su cuerpo funciona bien, o lo hará cuando se recupere. Así que ve preparándote.

Dios mío… Me estaba poniendo de lo más nerviosa, no quería seguir oyendo nada más, bastantes cosas habían pasado ese día ya como para añadir otra locura más.